70 artistas retiran su música de Spotify en un boicot sin precedentes

  • Unos 70 artistas y bandas vinculados a la plataforma Boicot a Spotify han retirado su catálogo de la plataforma.
  • El movimiento critica la inversión de Daniel Ek en Helsing, empresa de tecnología militar con IA, y la emisión de anuncios del ICE en Estados Unidos.
  • Denuncian los bajos pagos por reproducción y el impulso a contenido generado con IA que, según afirman, no remunera a músicos reales.
  • Spotify responde que no invierte en tecnología militar, niega crear música con IA y asegura que sus pagos a titulares de derechos han crecido, especialmente en España.

Boicot de artistas a Spotify

Un movimiento de boicot a Spotify promovido desde Cataluña ha desembocado en la retirada coordinada de la música de unos 70 artistas y grupos de la plataforma de audio en streaming. Entre los nombres más conocidos figuran el portugués Salvador Sobral, ganador de Eurovisión en 2017, y las creadoras catalanas Clara Peya y Magalí Sare, junto a bandas de culto como Els Surfing Sirles.

La decisión, que se hace efectiva a partir del 30 de enero, se presenta como un gesto de protesta tanto ética como laboral. El colectivo Boicot a Spotify sostiene que la compañía mantiene prácticas económicas y publicitarias que, en su opinión, chocan frontalmente con los valores que defienden estos artistas y con una remuneración justa para la música independiente.

Quiénes están detrás del boicot y qué implica

Según detalla la plataforma Boicot a Spotify en su web, se han sumado a la iniciativa alrededor de 70 artistas y bandas vinculados sobre todo a la escena catalana, española y europea. En el listado figuran, además de Sobral, Peya y Sare, nombres como Vic Moliner, The Sey Sisters, Los Sara Fontán, Joana Gomila, Maio o Mar Pujol, entre otros proyectos que se mueven en el ámbito del jazz, el folk, la experimentación y el pop alternativo.

En la práctica, el boicot se traduce en la retirada de álbumes y sencillos completos de la plataforma, dejando únicamente aquellas colaboraciones puntuales en las que los artistas no tienen capacidad contractual para eliminar el contenido. Es el caso de Salvador Sobral, cuyo perfil en Spotify aparece ya sin su obra principal, manteniendo solo temas compartidos con otros músicos y mostrando como imagen de perfil el logotipo de Boicot a Spotify.

La campaña, impulsada desde Cataluña pero con eco en todo el ámbito hispanohablante, anima también a los usuarios a dejar de usar la plataforma. El objetivo declarado es presionar a Spotify para que revise tanto sus políticas de negocio como la manera en la que reparte los ingresos generados por las reproducciones.

Boicot a Spotify subraya que esta acción no pretende ser meramente simbólica, sino un posicionamiento político y profesional frente a un modelo de streaming que consideran desequilibrado. A su juicio, la decisión de retirar la música es un paso coherente con años de malestar acumulado por parte de muchos músicos independientes.

Artistas retiran su música de Spotify

La inversión de Daniel Ek en Helsing, el detonante

El detonante inmediato del boicot ha sido la información, ampliamente difundida en las últimas semanas, de que Daniel Ek, consejero delegado y cofundador de Spotify, ha realizado una inversión cercana a los 700 millones de euros en Helsing. Se trata de una empresa alemana de carácter armamentístico que desarrolla tecnología de defensa con inteligencia artificial, con especial foco en el ámbito militar europeo.

Para el movimiento Boicot a Spotify, el hecho de que el máximo responsable de la plataforma de audio impulse una compañía dedicada a la tecnología militar con IA es incompatible con los valores de buena parte de la comunidad artística. Consideran que no es aceptable que los ingresos generados por la música, en última instancia, terminen vinculados a la financiación de armamento y sistemas de guerra automatizados.

Los impulsores del boicot insisten en que la relación entre el negocio del streaming y este tipo de proyectos bélicos va más allá de una cuestión puramente financiera. A su entender, existe un conflicto ético profundo entre la promoción cultural y el beneficio económico derivado de inversiones en empresas centradas en la industria de defensa.

Boicot a Spotify recalca que el problema no es solo el volumen de la inversión, sino el hecho de que se dirija a un sector especialmente sensible como el armamentístico. Por ello, hacen un llamamiento a otros músicos y sellos europeos a replantearse su presencia en la plataforma y a considerar alternativas que, aseguran, mantienen un perfil más alineado con principios de paz y derechos humanos.

Publicidad controvertida y críticas al modelo de negocio

Además del foco puesto en Helsing, el colectivo señala como motivo de peso la política publicitaria de la compañía en determinados mercados. En Estados Unidos, Spotify ha emitido anuncios del ICE (Immigration and Customs Enforcement), la agencia gubernamental responsable del control migratorio y aduanero, muy cuestionada por sus prácticas en redadas y detenciones de personas migrantes.

Para Boicot a Spotify, la presencia de campañas del ICE en la plataforma supone una normalización de políticas migratorias consideradas agresivas, algo que creen que choca con el papel de la cultura como espacio de acogida, diversidad y crítica social. Esta vinculación publicitaria es otra de las razones que han llevado a muchos de los artistas firmantes a cancelar su presencia en el servicio.

En paralelo, las organizaciones y músicos implicados llevan tiempo denunciando el modelo de ingresos por reproducción que aplica Spotify. Según sus cifras, la plataforma paga solo entre 0,001 y 0,003 euros por escucha, lo que deja a la mayoría de artistas independientes con ingresos muy alejados de un mínimo sostenible, mientras que las grandes estrellas concentran buena parte de la facturación.

Los promotores del boicot consideran que este sistema favorece de manera clara a los catálogos con volúmenes masivos de reproducciones y margina a las escenas locales, experimentales o de nicho. En su relato, el problema no es únicamente la cantidad por stream, sino un reparto desigual que refuerza la concentración de poder en grandes sellos y proyectos globales.

A estas críticas económicas se suma el discurso en torno a la inteligencia artificial aplicada a la música. Boicot a Spotify acusa a la compañía de “desarrollar y promover contenido generado con IA”, de vulnerar derechos de autor y de acumular millones de reproducciones de piezas que, aseguran, no retribuyen a creadores humanos. Aunque la plataforma sostiene lo contrario, el movimiento ve en esta tendencia una amenaza directa al trabajo creativo y a la sostenibilidad de la profesión musical.

Alternativas con “perfil ético” y llamada a los usuarios

Como parte de la campaña, Boicot a Spotify no se limita a pedir la retirada de catálogos, sino que lanza una llamada explícita a los oyentes. El movimiento insta a quienes consumen música por streaming a cerrar sus cuentas en Spotify o, al menos, a dejar de usarla de manera habitual a partir del 30 de enero, proponiendo un cambio de hábitos hacia servicios que consideran más responsables.

Entre las opciones recomendadas se señalan plataformas como Qobuz, Mirlo, Faircamp y Navidrome, presentadas como alternativas con un “perfil ético” más sólido. El argumento principal es que estos servicios apuestan por una remuneración más justa al creador, un mayor respeto por los derechos de autor y una independencia mayor respecto a grandes fondos de inversión y a la industria armamentística.

Boicot a Spotify anima a los usuarios a informarse sobre cómo se reparte el dinero en cada servicio de streaming, revisando tanto las cuotas de suscripción como el trato que reciben los artistas menos conocidos. De este modo, intentan convertir un gesto individual —cambiar de plataforma— en una herramienta de presión colectiva hacia el modelo dominante.

El movimiento subraya que la decisión de migrar a otros servicios no es sencilla, ya que implica perder listas de reproducción, recomendaciones personalizadas y parte de la comodidad que ofrece un catálogo tan amplio como el de Spotify. Sin embargo, insisten en que es precisamente esa dependencia la que otorga a la compañía su poder de negociación frente a artistas y sellos, y por eso reivindican una reacción desde la base de usuarios.

En este contexto, la imagen del perfil de Salvador Sobral “vacío” y con el emblema del boicot quiere funcionar como símbolo visual de ruptura con el modelo actual. Otros artistas implicados han comenzado también a comunicar en redes sociales sus razones para abandonar la plataforma y las alternativas que recomiendan a su público.

La versión de Spotify: defensa, IA y pagos a la industria

Ante la creciente repercusión mediática del boicot, Spotify ha salido al paso con varios mensajes aclaratorios. En primer lugar, la compañía sostiene que no invierte en tecnología militar como empresa. Explica que la participación en Helsing corresponde a Daniel Ek a título personal, como cofundador, y que se trata de una firma “independiente y sin relación corporativa” con la plataforma de streaming.

Según la respuesta difundida por la compañía, la inversión en Helsing se destinaría a tecnología de defensa en Europa, con especial atención a su aplicación en el contexto de la guerra en Ucrania. Desde la plataforma remarcan que esta actividad no está vinculada a las operaciones de Spotify ni condiciona la forma en que se gestiona el servicio de música.

En el capítulo de la inteligencia artificial, Spotify insiste en que no crea música, ni generada con IA ni de ningún otro tipo, y que no utiliza canciones sin permiso para entrenar sus sistemas. Asegura que la totalidad de su catálogo se encuentra licenciada directamente por los titulares de derechos —sellos, editoriales, distribuidoras o artistas autoeditados— y que cualquier uso tecnológico se hace dentro del marco de esos acuerdos.

En cuanto a los datos económicos, la plataforma subraya que sus pagos en España han aumentado alrededor de un 11 % entre 2023 y 2024, un ritmo que, señala, estaría por encima de la media del sector. Añade que más del 60 % de sus ingresos se destina a artistas y sellos independientes y que el número de artistas españoles que superan umbrales de ingresos como 10.000, 50.000 o 100.000 euros anuales se ha duplicado entre 2019 y 2024, lo que, según su visión, demostraría una mejora de las oportunidades económicas dentro de la plataforma.

Spotify también ha querido matizar su enfoque sobre la IA en herramientas de recomendación y descubrimiento. Afirma que su objetivo es mejorar la experiencia del usuario sin poner en riesgo los derechos de los creadores, y sostiene que sus sistemas se desarrollan priorizando la transparencia y el respeto a los acuerdos de licencia vigentes.

Frente a las críticas del movimiento catalán, la empresa intenta así proyectar una imagen de actor comprometido con la industria musical, que ha contribuido a aumentar los ingresos globales en la era digital y que mantiene una relación de colaboración con artistas y sellos, pese a reconocer que siguen existiendo debates abiertos sobre el reparto del valor generado.

Un debate abierto en la música europea

La retirada de la música de estos 70 artistas no supone, en términos de volumen, un golpe decisivo al catálogo de Spotify, pero sí abre un debate incómodo en el seno de la escena europea, como otras retiradas previas como la de King Gizzard.

En el ámbito estatal, las cifras de crecimiento que esgrime Spotify —con más creadores alcanzando tramos de ingresos relevantes— chocan con el testimonio de muchos artistas que, pese a acumular decenas o cientos de miles de reproducciones, apenas ven reflejado ese impacto en sus cuentas. Esta brecha entre los datos agregados y la realidad cotidiana genera una sensación de desajuste que alimenta iniciativas como Boicot a Spotify.

La polémica sobre la inversión en Helsing y la publicidad del ICE se suma, además, a un clima internacional marcado por la preocupación sobre dónde se dirige el dinero que generan las grandes plataformas tecnológicas. Para los artistas implicados, no se trata solo de cuánto se paga, sino de a qué proyectos y sectores se termina financiando a través de las decisiones de sus máximos responsables.

Mientras tanto, el movimiento de boicot promete mantener viva la campaña, al menos durante los próximos meses, con la vista puesta en si otros músicos, sellos o colectivos culturales europeos se suman a la retirada de contenido. La reacción de la comunidad musical, de los oyentes y de la propia Spotify en este periodo será clave para saber si el gesto de estos 70 artistas queda como una protesta puntual o se convierte en el inicio de una presión más amplia para revisar el modelo de negocio del streaming.

Con todo este cruce de comunicados, datos y posicionamientos, la situación deja sobre la mesa un escenario complejo: por un lado, una plataforma que defiende su papel en el impulso de la música grabada y niega vínculos directos con la industria militar; por otro, un grupo creciente de artistas europeos que, molestos con la dimensión ética y económica del servicio, ha decidido marcharse de Spotify y apostar por alternativas que consideran más justas, trasladando al público la responsabilidad de informarse y elegir cómo, dónde y a quién quiere seguir escuchando.

crisis en Spotify-0
Artículo relacionado:
Crece la polémica en Spotify por la inversión de Daniel Ek en tecnología militar de IA

Síguenos en Google News