
Durante años, Firefox ha sido el último gran salvavidas para quienes seguían anclados en Windows 7, Windows 8 y Windows 8.1. No tanto por nostalgia, sino porque muchos equipos todavía cumplían con lo justo y sus dueños preferían no tocar nada mientras todo siguiera arrancando. Pero la red evoluciona y, cuando el navegador deja de acompañar, mantener estos sistemas vivos empieza a ser más una temeridad que una solución cómoda.
Mozilla ha confirmado de forma oficial que Firefox 115 es la última versión compatible con Windows 7, Windows 8 y Windows 8.1. Los usuarios que aún navegan con estos sistemas han sido trasladados al canal ESR (Extended Support Release), pensado para alargar un poco más la vida útil con parches de seguridad, pero sin recibir novedades ni grandes cambios en el navegador.
Qué cambia exactamente con Firefox 115 en Windows 7 y 8.1

La decisión de Mozilla implica que Firefox 115 será la última gran parada para estos sistemas heredados de Microsoft. Esta versión, que se distribuye a través del canal ESR, seguirá recibiendo correcciones de seguridad durante un tiempo limitado, pero no incorporará nuevas funciones ni cambios profundos en la interfaz o el motor del navegador.
En la práctica, si alguien intenta descargar Firefox desde un equipo con Windows 7, 8 u 8.1, la propia web de Mozilla detecta el sistema operativo y ofrece directamente la variante Firefox 115 ESR, tanto en 32 como en 64 bits. Es una forma de concentrar en un único «ramal» el soporte a plataformas que ya están en retirada.
Lo relevante es el calendario: Mozilla solo garantiza actualizaciones de seguridad para Firefox 115 ESR hasta finales de febrero de 2026. La propia documentación de soporte de la fundación y diversos comunicados apuntan a fechas como el 28 de febrero o principios de marzo de 2026 como el momento en que se cortará el grifo de nuevas revisiones.
Inicialmente, el fin del soporte se había barajado para septiembre de 2024. Posteriormente se amplió a febrero de 2025 y, finalmente, se volvió a prorrogar hasta febrero de 2026. Ese encadenado de prórrogas refleja que aún quedaban muchos equipos, especialmente con Windows 7, en uso activo, también en Europa y España. Pero, esta vez, Mozilla deja claro que no habrá más extensiones.
Cuando llegue esa fecha límite, los usuarios podrán seguir abriendo Firefox en Windows 7, 8 y 8.1, pero sin parches de seguridad. Es decir, el navegador no dejará de funcionar de un día para otro, pero cualquier vulnerabilidad descubierta a partir de entonces quedará sin solución oficial, con el riesgo que eso supone a medio y largo plazo.
Por qué Mozilla deja tirados a Windows 7 y 8.1 (aunque no lo diga así)

La explicación formal de Mozilla es bastante clara: mantener un navegador moderno sobre sistemas operativos sin soporte oficial de Microsoft es caro y, sobre todo, arriesgado para el usuario. Windows 7 dejó de recibir actualizaciones de seguridad en 2020 y Windows 8/8.1 se quedaron sin soporte en enero de 2023. A partir de ahí, cualquier agujero descubierto en el sistema queda expuesto.
En palabras recogidas en su página de ayuda, “los sistemas operativos sin soporte no reciben actualizaciones de seguridad y presentan vulnerabilidades conocidas”. Sin ese colchón de seguridad por parte de Microsoft, la fundación considera que seguir adaptando Firefox a plataformas obsoletas supone un coste extra que no compensa y que, además, no puede garantizar una base mínimamente segura sobre la que construir.
Más allá del discurso oficial, hay un componente práctico evidente: la web actual depende de protocolos y tecnologías que los núcleos de Windows 7 y 8.1 ya no gestionan bien. A medida que se introducen nuevos estándares de seguridad, cifrado y compatibilidad, obligar al navegador a seguir funcionando al día en un entorno antiguo acaba chocando con limitaciones técnicas del propio sistema.
De hecho, Mozilla admite que el objetivo es concentrar recursos en plataformas activas como Windows 10, Windows 11, macOS y Linux. Mantener ramas especiales para sistemas descatalogados complica el desarrollo, retrasa la llegada de mejoras al resto de usuarios y obliga a destinar tiempo y dinero a un porcentaje de mercado que cada vez es más pequeño.
En países europeos, incluido España, el peso de Windows 7 y 8.1 se ha ido reduciendo año tras año, aunque todavía se estima que alrededor de un 3-4 % de los internautas sigue usando estas versiones veteranas, muchas veces en equipos antiguos, administraciones pequeñas o entornos donde nadie se ha atrevido a tocar lo que “ya funciona”. Precisamente para ellos, la decisión de Mozilla tiene más impacto.
Ya no queda ningún gran navegador actualizando en Windows 7 y 8.1

Hasta ahora, Firefox presumía de ser el único navegador de gran consumo que seguía lanzando parches de seguridad para Windows 7, 8 y 8.1. Chrome y Edge dieron el paso hace tiempo: el navegador de Google, por ejemplo, dejó de actualizarse para estas versiones antiguas de Windows con el salto a Chrome 110, y Microsoft centró sus esfuerzos en Windows 10 y 11.
Con el fin del soporte de Firefox ESR 115, estos sistemas se quedan prácticamente sin navegadores principales que se actualicen. Técnicamente se pueden seguir usando las últimas versiones compatibles de Firefox, Chrome o Edge, pero congeladas en el tiempo, sin nuevas funciones ni correcciones de seguridad.
Existen proyectos alternativos, como Supermium, un derivado de Chromium pensado para Windows XP y posteriores, o navegadores como Pale Moon, o navegadores como Opera Reborn 3 o variantes experimentales tipo Eclipse r3dfox, que aplican algunos parches a motores antiguos. Sin embargo, estos desarrollos no ofrecen la misma frecuencia de actualizaciones ni el mismo nivel de auditoría que los navegadores comerciales grandes, por lo que su uso debe valorarse con cautela.
El mensaje de Mozilla es bastante rotundo en este aspecto: cambiar a otro navegador “convencional” no es un verdadero plan B, porque la mayoría de ellos han seguido el mismo camino y se han desvinculado de Windows 7, 8 y 8.1. El problema no es que Firefox se marche en solitario, sino que la industria en bloque da por cerrada esa etapa.
Al apagarse la última luz del soporte oficial, la navegación en estos sistemas pasa de ser simplemente incómoda a potencialmente peligrosa. No solo por los exploits que puedan surgir en el propio navegador, sino también por certificados caducados, webs que dejan de cargar correctamente o servicios que, poco a poco, dejan de funcionar, desde banca online hasta plataformas de vídeo en streaming.
Qué recomienda Mozilla a los usuarios: de Windows 10 a Linux
La postura de la fundación es clara: la recomendación principal es actualizar el sistema operativo a Windows 10 o superior. Solo así se garantiza que Firefox seguirá recibiendo tanto novedades como parches de seguridad regulares, alineados con el ciclo de vida actual del navegador.
En Europa y España, donde Windows 10 y Windows 11 ya concentran la mayor parte de los equipos domésticos y de oficina, este salto es más asumible para muchos usuarios. Aun así, hay un grupo nada despreciable de ordenadores que no cumplen los requisitos de hardware de las versiones más modernas de Windows, ya sea por procesador, memoria o ausencia de componentes como el módulo TPM 2.0.
Para esos casos, Mozilla sugiere claramente valorar la opción de pasarse a Linux. Distribuciones como Linux Mint, Ubuntu o Zorin OS se mencionan con frecuencia como alternativas realistas para equipos veteranos: ofrecen escritorios más ligeros, consumen menos recursos que las últimas ediciones de Windows y, sobre todo, mantienen soporte de seguridad durante años.
En muchas de estas distribuciones, Firefox viene instalado por defecto y se actualiza a través del propio sistema, lo que simplifica al máximo seguir recibiendo parches de seguridad sin tener que preocuparse por descargas manuales. Para usos habituales —navegar, ver vídeos, hacer gestiones online o trabajar con documentos—, la experiencia es más que suficiente, incluso en ordenadores ya entrados en años.
Mozilla insiste en que seguir usando Windows 7 u 8.1 después del fin del soporte de Firefox es una decisión que incrementa, y mucho, la exposición a riesgos. Aunque el navegador pueda seguir abriéndose y cargar muchas páginas, la ausencia de actualizaciones del sistema operativo y del propio Firefox convierte cualquier sesión en una lotería en términos de ciberseguridad.
En este contexto, la retirada de Firefox no “apaga” literalmente Windows 7 y 8.1, pero sí marca el punto en el que estos sistemas dejan de ser una opción razonable para navegar con ciertas garantías. El fin de las actualizaciones no genera un fallo inmediato en pantalla; los problemas llegan poco a poco, por acumulación de fallos, sitios incompatibles y vulnerabilidades sin parche.
Con la fecha límite de febrero de 2026 en el horizonte cercano, la ventana para planificar la migración se está cerrando. Para quienes aún siguen aferrados a estos viejos Windows, la noticia de Mozilla es un aviso claro: toca decidir si se da el salto a un sistema moderno, se prueba suerte con Linux o se asume conscientemente el riesgo de seguir en un entorno cada vez más desprotegido.