OpenAI rompe la exclusividad con Microsoft y abre su IA a otras nubes

  • OpenAI y Microsoft ponen fin a la exclusividad en la nube, aunque Azure seguirá siendo el socio principal
  • OpenAI podrá desplegar sus modelos en otros proveedores como AWS o Google Cloud y avanzar en acuerdos con Amazon
  • Microsoft mantiene licencia de los modelos de OpenAI hasta 2032 y seguirá recibiendo un porcentaje de los ingresos hasta 2030
  • El cambio reduce el riesgo de dependencia tecnológica y reordena el mapa competitivo de la IA en Europa y el resto del mundo

Acuerdo OpenAI Microsoft en la nube

La relación entre OpenAI y Microsoft entra en una fase completamente nueva tras el fin formal de su acuerdo de exclusividad en la nube. Después de casi siete años de una colaboración muy cerrada, el gigante del software deja de ser el único proveedor cloud de la empresa responsable de ChatGPT, lo que abre la puerta a que la tecnológica fundada por Sam Altman trabaje con otras plataformas como AWS o Google Cloud.

Aunque el titular pueda sonar a ruptura, la realidad es más matizada: Microsoft sigue siendo el socio prioritario y mantiene una posición muy relevante en la infraestructura y en la comercialización de los modelos de OpenAI, pero se elimina el “candado” que impedía a esta última cerrar acuerdos profundos con otros proveedores. El movimiento reordena el tablero de la IA y tiene implicaciones directas para empresas y startups en España y Europa que basan sus productos en estas tecnologías.

Adiós a la exclusividad: qué cambia realmente en el acuerdo

Fin de la exclusividad OpenAI Microsoft

Según han reconocido ambas compañías, el acuerdo original de exclusividad se da por terminado y OpenAI podrá alojar y ofrecer sus servicios de IA en cualquier proveedor cloud. Esto significa que sus modelos, incluidas las versiones que comercializa a clientes empresariales, ya no estarán obligatoriamente ligados a Azure en cuanto a infraestructura.

Al mismo tiempo, se ha firmado un nuevo marco de colaboración en el que Microsoft continúa como socio principal en la nube. La idea es que los nuevos productos de OpenAI sigan lanzándose primero en Azure, siempre que la propia Microsoft lo considere viable y le interese ofrecer esas capacidades. Es una prioridad clara, pero ya no es un monopolio técnico.

En paralelo, desaparecen cláusulas especialmente sensibles, como la relacionada con la llamada Inteligencia Artificial General (AGI). La disposición que regulaba qué ocurriría si alguna de las dos empresas lograba antes la AGI deja de estar en el contrato, algo que refleja hasta qué punto el contexto tecnológico ha cambiado y resultado difícil de encajar en un papel.

El nuevo acuerdo también elimina el derecho de primera negativa de Microsoft sobre el cómputo futuro de OpenAI, lo que otorga a esta última mucha más autonomía para negociar grandes despliegues con otros proveedores cuando se trate de nuevos productos o infraestructuras no ligadas a la API tradicional.

Impacto en la nube: OpenAI podrá trabajar con AWS, Google Cloud y otros

OpenAI abre su IA a múltiples nubes

La consecuencia más llamativa para el mercado es que OpenAI ya no dependerá únicamente de la infraestructura de Microsoft. En la práctica, esto le permite desplegar y comercializar sus modelos de IA a través de múltiples proveedores de nube, algo especialmente relevante para compañías europeas que, por criterios de latencia, costes o cumplimiento normativo, priorizan regiones específicas y operadores concretos.

Esta nueva libertad abre la puerta a acuerdos más profundos con gigantes como Amazon o Google. De hecho, OpenAI ya ha cerrado un pacto multimillonario con Amazon valorado en unos 50.000 millones de dólares para poner en marcha una plataforma de agentes de IA con memoria persistente conocida como Frontier, una iniciativa que Microsoft llegó a considerar una amenaza para su antigua exclusividad.

La reestructuración del contrato disipa ese choque y regula expresamente la posibilidad de que OpenAI colabore con otros actores sin desencadenar una batalla legal. Además, la compañía ha impulsado una importante ronda de financiación, de alrededor de 110.000 millones de dólares, en la que han participado Amazon, SoftBank, NVIDIA y otros inversores, reforzando aún más su posición independiente.

Para el ecosistema europeo, donde muchas empresas tecnológicas y administraciones públicas buscan no depender en exceso de un solo proveedor estadounidense, este giro puede ser atractivo. Les da margen para negociar despliegues de modelos de OpenAI sobre la nube que mejor encaje con sus requisitos de soberanía de datos, precio o regulación sectorial.

En paralelo, OpenAI avanza en proyectos de infraestructura propia, como el denominado Stargate, ligado a la financiación de SoftBank y orientado a crear centros de datos específicos para IA. Esta estrategia apunta a una búsqueda de independencia computacional a largo plazo, aunque Azure continúe siendo la columna vertebral de su operación durante los próximos años.

Claves económicas: inversiones, ingresos y salida a bolsa

Relación financiera entre OpenAI y Microsoft

En lo financiero, el acuerdo también se redefine con bastante profundidad. A lo largo de estos años, Microsoft ha invertido decenas de miles de millones de dólares en OpenAI, pasando de una primera aportación de 1.000 millones en 2019 a un total que se sitúa en torno a los 13.000 millones. Con las últimas reestructuraciones, la participación de Microsoft se estabiliza en aproximadamente un 27% de la división con ánimo de lucro de OpenAI.

Uno de los puntos que más titulares ha generado es el del reparto de ingresos. Algunos medios llegaron a sugerir que Microsoft dejaba de compartir ingresos con su principal socio de IA, pero las declaraciones oficiales de ambas compañías van en otra dirección. El acuerdo de revenue sharing se mantiene, aunque con una estructura actualizada y límites claros.

OpenAI seguirá pagando a Microsoft una parte de sus ingresos, hasta 2030 y con un tope máximo total, en torno al 20% de facturación procedente de determinados productos, incluyendo suscripciones de servicios como ChatGPT. A cambio, Microsoft ya no está obligada a abonar a OpenAI una participación específica por el uso interno de sus modelos en productos propios, lo que simplifica bastante la contabilidad entre ambos.

Otro bloque clave es la propiedad intelectual. Microsoft contará con licencia sobre los modelos y tecnologías de OpenAI hasta 2032, incluyendo posibles desarrollos posteriores relacionados con la AGI que sean validados por paneles independientes. No obstante, esa licencia deja de ser exclusiva: otros grandes actores podrán firmar acuerdos de uso similares, siempre que asuman las condiciones y costes correspondientes.

Por último, el nuevo pacto despeja el camino para que OpenAI pueda salir a bolsa en los próximos años. El marco actual permite a la compañía cotizar públicamente, algo que las previsiones del mercado sitúan antes de que termine 2026, lo que podría convertirla en una de las ofertas públicas de venta más relevantes de la década.

Contexto y presiones regulatorias en Europa y EE. UU.

OpenAI Microsoft y regulación de la IA

La evolución de la alianza no se entiende sin el contexto regulatorio. Con el paso del tiempo, y a medida que OpenAI ganaba peso, Microsoft fue asumiendo un rol cada vez más influyente en el gobierno de la compañía, algo que levantó cejas entre autoridades de competencia. Tras la crisis interna que supuso el breve despido de Sam Altman, Microsoft logró un asiento como observador sin voto en el consejo de OpenAI, con acceso a información estratégica privilegiada.

Sin embargo, en 2024 la empresa de Redmond renunció a esa posición, en buena parte por las presiones antimonopolio de reguladores estadounidenses y europeos, preocupados por el dominio combinado que podían alcanzar en el mercado de la IA generativa. El fin de esa silla en el consejo fue un primer síntoma de que el acuerdo iba a cambiar.

A todo esto se suma el frente judicial. En Estados Unidos, OpenAI se enfrenta a un juicio federal promovido por Elon Musk, cofundador de la entidad, que acusa a la organización de haberse desviado de su misión inicial sin ánimo de lucro y de haber estrechado en exceso su relación comercial con Microsoft. Aunque el litigio no es el detonante directo del nuevo acuerdo, contribuye a la presión pública y política en torno a la empresa.

En Europa, el nuevo marco se lee también a la luz del Reglamento de IA de la Unión Europea y de la creciente vigilancia sobre posibles posiciones dominantes en el sector de la computación en la nube. Permitir que OpenAI opere con varios proveedores, en lugar de depender de uno solo, encaja mejor con las exigencias comunitarias de competencia y de reducción de riesgos sistémicos.

Todo apunta a que esta diversificación de socios será bienvenida por los reguladores europeos, que llevan tiempo advirtiendo sobre los peligros de que unas pocas empresas controlen tanto la infraestructura como los modelos que sustentan la próxima generación de servicios digitales.

Qué supone para empresas y startups que usan la IA de OpenAI

Para las compañías que construyen productos y servicios sobre los modelos de OpenAI, el nuevo escenario mezcla continuidad y cambio. Por un lado, se mantiene que las APIs de frontera y los modelos más avanzados seguirán ligados a Azure en buena parte de su distribución, especialmente en el corto plazo y hasta 2032, lo que significa que muchos usuarios no verán una ruptura radical en su día a día.

Por otro, la eliminación de la exclusividad y el impulso a acuerdos con otros proveedores reducen de forma clara el riesgo de vendor lock-in a largo plazo. Empresas y desarrolladores en España, Latinoamérica y el resto de Europa podrán plantearse arquitecturas multi-nube, combinando la API de OpenAI con otros servicios de infraestructura, o incluso con modelos open-weight que la propia compañía u otros actores pongan a disposición para desplegar en servidores propios.

Para las startups de IA, el mensaje es bastante directo: no conviene construir todo el castillo sobre una sola API. La experiencia de este acuerdo, que ha pasado de una exclusividad muy rígida a un modelo mucho más abierto, demuestra que incluso alianzas de miles de millones pueden cambiar en cuestión de pocos años, obligando a replantear decisiones técnicas críticas.

Es previsible que, a raíz de este giro, proveedores como Amazon, Google Cloud o incluso actores europeos de nube intensifiquen sus ofertas para alojar cargas de trabajo vinculadas a modelos de OpenAI o a alternativas equivalentes. Eso podría traducirse, a medio plazo, en más competencia en precios, mejores acuerdos de nivel de servicio y condiciones de portabilidad de datos más favorables.

En definitiva, el fin de la exclusividad entre OpenAI y Microsoft no supone una ruptura traumática, sino una reconfiguración que consolida a Azure como socio preferente, pero abre el campo de juego a otros operadores y otorga a OpenAI margen para diversificar sus alianzas, reforzar su financiación y avanzar hacia la cotización en bolsa, mientras el resto del ecosistema se adapta a un mapa de la IA claramente más fragmentado y competitivo.


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