
La próxima versión de la popular distribución de Canonical llega con una decisión que está dando mucho que hablar: Ubuntu 26.04 LTS subirá el listón de memoria recomendada a 6 GB de RAM. La cifra, sobre el papel, supera lo que declara Microsoft para Windows 11, y ha encendido el debate sobre si Linux sigue siendo la opción ideal para equipos modestos.
Aunque el cambio pueda sonar a giro drástico, no estamos ante una exigencia cerrada, sino ante una recomendación más honesta con el uso real que se hace hoy del escritorio. Canonical asume en voz alta algo que muchos usuarios ya veían en la práctica: con 4 GB, la experiencia empieza a quedarse corta cuando se combinan navegador, ofimática y varias aplicaciones abiertas a la vez.
De los 4 a los 6 GB de RAM: un salto que rompe la tradición «ligera»
Durante mucho tiempo, el mantra en el mundo del pingüino ha sido que 4 GB de RAM eran suficientes para un escritorio Linux decente. Ubuntu 24.04 se movía en ese terreno, y versiones anteriores llegaron a pedir bastante menos. En 2017 se conformaba con 1 GB, y con Ubuntu 18.04 LTS se dio el salto a los 4 GB que han acompañado a la distribución hasta ahora.
Con Ubuntu 26.04 LTS, Canonical da otro paso y eleva esa referencia un 50 %, pasando a los 6 GB como memoria recomendada para el escritorio estándar con GNOME. El resto del hardware apenas se toca: sigue bastando con un procesador de doble núcleo a 2 GHz y unos 25 GB de espacio en disco para instalar el sistema sin problemas.
Esta nueva cifra no significa que de repente Ubuntu se haya vuelto torpe o ineficiente. La clave está en cómo ha cambiado el software de escritorio en los últimos años. Navegadores con decenas de pestañas, aplicaciones en segundo plano, servicios de sincronización y programas basados en tecnologías pesadas como Electron han ido encareciendo la factura de memoria.
Canonical, en lugar de maquillar la situación, prefiere reconocer abiertamente que 4 GB hoy son más bien un suelo de supervivencia que un punto de partida cómodo. La idea es que con 6 GB un usuario medio en España o en cualquier país europeo pueda trabajar con GNOME, Firefox, LibreOffice y alguna tarea extra sin que el equipo se arrastre.
Requisitos recomendados, no una barrera de entrada
Uno de los matices que más se están perdiendo en la discusión es que estos 6 GB no son un requisito mínimo estricto. Canonical los presenta como configuración aconsejada para disfrutar de una experiencia fluida, pero Ubuntu 26.04 puede arrancar e incluso instalarse con bastante menos memoria.
En pruebas con versiones recientes, es posible poner en marcha Ubuntu con 2-4 GB de RAM, aunque el resultado ya no es el que se espera para un uso de escritorio moderno. Se puede navegar, escribir documentos y hacer tareas básicas, pero los tirones y el uso intensivo de swap aparecen en cuanto se abre demasiada carga.
La filosofía de Canonical aquí difiere claramente de la de Microsoft: Ubuntu no bloquea la instalación por debajo de los 6 GB. La decisión se traslada al usuario, que puede probar el sistema en un portátil antiguo y valorar si el rendimiento le compensa o no, sin un mensaje tajante que impida continuar.
Esta flexibilidad mantiene a la distribución dentro de ese terreno que tantos usuarios en España asocian con Linux: dar una segunda vida a ordenadores veteranos. La diferencia es que ahora lo hace siendo más transparente sobre qué se puede esperar realmente según la cantidad de memoria instalada.
Comparación con Windows 11: el espejismo de los 4 GB
Al entrar en la página oficial de soporte de Microsoft, Windows 11 sigue proclamando que se conforma con 4 GB de RAM. En una tabla de requisitos, Ubuntu 26.04 queda automáticamente como el sistema «más pesado». Pero en el día a día, la foto es bastante distinta.
Quien haya instalado Windows 11 en un equipo con solo 4 GB sabe que el arranque es lento y el sistema se vuelve desesperante en cuanto se intenta hacer multitarea. Entre servicios en segundo plano, antivirus, telemetría y las propias aplicaciones del sistema, esos 4 GB se llenan en un suspiro.
Además, Microsoft añade la obligación de contar con TPM 2.0 y firmware UEFI, requisitos que de facto empujan hacia placas base y equipos relativamente recientes. Y en ese segmento, la inmensa mayoría de ordenadores ya traen de serie 8 GB o más, con lo que la cifra de los 4 GB se queda más en el terreno del marketing que en el de la práctica.
La jugada de Canonical es casi la opuesta: prefiere dejar claro que 6 GB son el margen realista para que Ubuntu 26.04 no se ahogue con un uso normal, mientras sigue permitiendo que quien quiera apurar hardware antiguo lo intente bajo su propia responsabilidad. Es una forma distinta de entender la relación entre requisitos y experiencia final.
El papel de GNOME y del software moderno en el aumento de RAM
El cambio en la memoria recomendada no se explica solo por capricho. GNOME, el escritorio por defecto de Ubuntu, ha ido sumando efectos gráficos, animaciones y servicios que, aunque mejoran la usabilidad, también consumen más recursos que los entornos más espartanos.
A ello se suma la proliferación de aplicaciones cada vez más pesadas. Navegadores como Firefox o Chrome devoran memoria al multiplicar pestañas, las suites ofimáticas cargan componentes residentes y muchas herramientas modernas se construyen sobre frameworks complejos pensados para la portabilidad, no para el ahorro de recursos.
Por contra, la versión Server de Ubuntu sigue moviéndose con requisitos muy contenidos. En entornos sin interfaz gráfica, las instalaciones pueden funcionar desde alrededor de 1.5 GB de RAM, recordando que el gran «peso» viene del escritorio y de cómo usamos el ordenador, no del kernel en sí.
En paralelo, Canonical apuesta fuerte por tecnologías como Snap para empaquetar aplicaciones de escritorio. Estos contenedores añaden aislamiento y facilidad de mantenimiento, pero también pueden incrementar el consumo de memoria y almacenamiento frente a los paquetes tradicionales, algo que se nota más en equipos con pocos recursos.
Distros ligeras para equipos modestos: Lubuntu, Xubuntu y compañía
La subida a 6 GB en la recomendación oficial ha hecho que más de uno se pregunte si Linux sigue siendo sinónimo de resucitar ordenadores viejos. La respuesta, al menos en el ecosistema Ubuntu, sigue siendo afirmativa siempre que se elija la variante adecuada.
Para hardware limitado, sabores oficiales como Lubuntu o Xubuntu están diseñados precisamente para no derrochar recursos. Lubuntu, basado en el entorno LXQt, puede funcionar con tan solo 1 GB de RAM, una CPU de 1 GHz y menos de 10 GB de almacenamiento. Es una opción muy habitual en centros educativos o para reciclar portátiles antiguos en España.
Xubuntu, con XFCE, ofrece un equilibrio interesante entre ligereza y funcionalidad, mientras que Kubuntu, con KDE Plasma, se ha ganado fama de escritorio completo pero relativamente contenido en consumo, especialmente si se compara con GNOME en máquinas modestas.
En el extremo opuesto están distribuciones más orientadas al juego, como Bazzite o CachyOS, o el propio SteamOS liberado por Valve, que priorizan el rendimiento en juegos sobre el ahorro máximo de recursos. Ubuntu 26.04 se sitúa en una especie de punto intermedio: un sistema generalista que busca competir de tú a tú con Windows en usabilidad, aunque eso suponga asumir que el PC ya no es tan básico como hace una década.
Un cambio razonable en un momento complicado para ampliar RAM
Desde el punto de vista puramente técnico, pasar de 4 a 6 GB como referencia no es un salto dramático. Muchos portátiles vendidos en los últimos años en Europa ya vienen con 8 GB de serie, y las torres de sobremesa permiten generalmente ampliar módulos sin demasiadas complicaciones.
El problema es el contexto. El sector tecnológico lleva tiempo avisando de que la presión sobre el mercado de la memoria podría prolongarse hasta final de década, con episodios de subidas de precio y stocks más ajustados de lo habitual. En España, donde muchos usuarios alargan sus equipos todo lo posible, tener que comprar RAM adicional no es una decisión baladí.
En los últimos meses se han visto ligeros respiros en los precios, pero el coste de ampliar un portátil viejo sigue siendo superior al de hace unos años. Si el equipo es muy antiguo, encontrar módulos compatibles puede resultar incluso más caro o más engorroso que renovar directamente el ordenador.
En este escenario, la decisión de Canonical llega en un momento algo delicado: la recomendación es lógica, pero el bolsillo del usuario europeo no siempre acompaña. Con todo, la compañía no cierra la puerta a quienes quieran exprimir sus máquinas un poco más, ni mucho menos obliga a cambiar de hardware de la noche a la mañana.
Historia reciente de los requisitos de Ubuntu: de los megas a los gigas
Mirar hacia atrás ayuda a entender mejor cómo hemos llegado hasta aquí. Ubuntu 12.04 funcionaba oficialmente con tan solo 512 MB de RAM, una cifra que hoy resulta casi anecdótica. Con Ubuntu 14.04 se dio el paso a 1 GB, ya en tiempos del escritorio Unity.
A partir de Ubuntu 18.04 LTS, Canonical fijó los 4 GB como referencia, un mínimo que se ha mantenido hasta el presente en las versiones de escritorio más populares. Durante todo este tiempo, muchos usuarios han seguido instalando la distro en máquinas con menos memoria, con resultados aceptables siempre que el uso fuera comedido.
Ahora, con Ubuntu 26.04, la recomendación se actualiza a 6 GB sin modificar de forma sustancial el resto de especificaciones. Se mantiene el procesador de 64 bits de doble núcleo a 2 GHz y el almacenamiento recomendado en torno a 25 GB, cifras que encajan con la mayoría de equipos domésticos y de oficina en Europa.
Aunque pueda levantar suspicacias que Ubuntu «pida más» que Windows 11 en algunos apartados, en la práctica el movimiento se parece más a una puesta al día que a un endurecimiento radical. El hardware medio ha mejorado, el software se ha hecho más exigente y la distribución ajusta su mensaje a esa realidad.
Visto todo lo anterior, la polémica con que Ubuntu 26.04 recomiende 6 GB de RAM, superando los 4 GB que declara Windows 11, tiene más de choque de titulares que de problema real. Canonical está siendo más clara sobre lo que de verdad se necesita hoy para moverse con soltura en un escritorio moderno con GNOME y aplicaciones actuales, sin dejar de permitir instalaciones en equipos más humildes ni de ofrecer variantes ligeras para quienes quieran arañar hasta el último mega. Para los usuarios en España y en el resto de Europa, el mensaje clave es sencillo: si tu PC tiene ya 6 u 8 GB, podrás actualizar con tranquilidad; si se queda corto, siempre podrás optar por Lubuntu, Xubuntu u otras distros más austeras antes de tirar el ordenador a la basura.

