Bill Gates alerta sobre la IA y propone impuestos y empleos reservados para humanos

  • Bill Gates publica un extenso ensayo sobre la IA, donde advierte de una transición turbulenta.
  • Propone gravar tokens y robots, y reservar ciertos empleos para humanos.
  • Reclama una regulación internacional similar a los acuerdos nucleares.
  • Alerta de riesgos como ciberataques, bioterrorismo y daƱos psicosociales.

Bill Gates habla sobre la inteligencia artificial

Bill Gates, cofundador de Microsoft, ha encendido todas las alarmas con un nuevo ensayo de casi 6.000 palabras en el que deja claro que la inteligencia artificial (IA) no es ninguna broma. El magnate, que hasta ahora se habĆ­a mostrado optimista con esta tecnologĆ­a, asegura que la transición hacia esta nueva era serĆ” uno de los periodos mĆ”s turbulentos de la historia de la humanidad. En su texto, titulado ā€˜La era turbulenta de la IA ya estĆ” aquí’, no solo describe los beneficios que puede aportar, sino que advierte de los graves riesgos que entraƱa si no se toman medidas urgentes.

El empresario, de 70 años, reconoce en una entrevista que estÔ «asustado» y que ya no ve con buenos ojos el ritmo al que avanza esta tecnología. «La IA serÔ o bien el mayor factor de igualdad jamÔs inventado o bien la peor fuente de injusticia», afirma. La razón principal de ese temor es que la IA supera a la cognición humana, y esa capacidad puede acabar con puestos de trabajo, agravar la desigualdad y facilitar ataques de todo tipo. Según Gates, las instituciones actuales no estÔn preparadas para gestionar semejante cambio: «No veo indicios de que los líderes, los expertos y las comunidades estén afrontando los desafíos adecuadamente».

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Impuestos a los robots y a los tokens

Entre las propuestas que lanza en su manifiesto, la mÔs llamativa es la de gravar la automatización. El filÔntropo sostiene que el sistema fiscal actual premia la sustitución de trabajadores por mÔquinas, porque contratar a una persona implica pagar impuestos sobre la nómina, mientras que comprar un robot se deducen como gasto de empresa. Para corregir esa distorsión, plantea un nuevo impuesto sobre los tokens de IA y sobre los robots. Con lo recaudado se financiaría la formación de los afectados y la protección social durante la transición.

Gates admite que esta medida podría reducir algo de eficiencia, pero cree que es un coste asumible. AdemÔs, insiste en que el dinero debe servir para «reconvertir» a los empleados que pierdan su trabajo, de manera que puedan adquirir habilidades en sectores donde aún sea necesaria la mano de obra. Se trataría de comprar tiempo para evitar que millones de personas caigan en la pobreza mientras reorientan sus carreras.

Bill Gates durante su intervención sobre IA

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Empleos ā€˜reservados para humanos

Otra de las ideas centrales es la creación de una categoría de empleos que solo puedan ser desempeñados por personas, aunque la IA pudiera hacerlos mejor. «Reservado para Humanos» es el nombre que da a esta propuesta. La justificación no es solo económica, sino también humanitaria. Gates pone el ejemplo de los cuidadores que atendieron a su padre con alzhéimer: «La atención que brindaron fue insustituiblemente humana. Ningún robot podría ni debería haberlo hecho». También menciona que una mÔquina no debería comunicar a un paciente que sufre una enfermedad incurable.

El magnate estima que hasta un 40% de los empleos podrían quedar dentro de esta reserva inicialmente, aunque reconoce que determinar qué trabajos se protegen y quién decide es una cuestión compleja. Este enfoque busca dar tiempo a los trabajadores mÔs mayores, que ya no pueden reciclarse, y preservar el trato humano en sectores como la educación, la sanidad o el cuidado de menores.

Riesgos de ciberataques y bioterrorismo

Gates también dedica buena parte de su ensayo a los riesgos mÔs inmediatos. La IA podría facilitar ciberataques contra hospitales, redes eléctricas o sistemas de agua potable, dice, y alerta de que el mismo software usado para proteger también servirÔ para atacar. El peligro que mÔs le preocupa es el biológico: «La IA permitirÔ diseñar enfermedades letales, elevando el riesgo de bioterrorismo a 50 veces el de una pandemia natural». Por eso, pide revisiones obligatorias para cualquier modelo capaz de crear moléculas dañinas.

El impacto psicológico en los jóvenes es otro de sus temores. ApoyÔndose en el psicólogo Jonathan Haidt, advierte de que si los niños crecen en un «invernadero digital» perderÔn su capacidad crítica frente a la desinformación. A esto se añade el riesgo de que los acompañantes virtuales sustituyan a las relaciones humanas, con consecuencias impredecibles.

Cooperación internacional: el tratado nuclear de la IA

Para hacer frente a todo esto, Gates defiende la creación de un organismo global que coordine las normas de seguridad, inspirado en los acuerdos sobre armas nucleares, la aviación civil o la protección de la capa de ozono. Según él, ninguna agencia nacional puede vigilar una tecnología que se extiende tan rÔpido. Pide, ademÔs, que Estados Unidos y China dejen a un lado su rivalidad y pacten unas reglas comunes.

El empresario reconoce que frenar la IA a nivel mundial es casi imposible porque «los incentivos geopolíticos y económicos presionan demasiado». Pero aun así, insiste en que «no tenemos el lujo de avanzar lentamente». Su mensaje a los líderes es claro: «Tienen la oportunidad de actuar ahora, antes de que el desempleo aumente dramÔticamente, las comunidades se vean afectadas y la confianza pública se erosione».

En definitiva, Bill Gates ha pasado de ser un entusiasta de la IA a convertirse en uno de sus principales críticos. Su fortuna le aleja de los daños que puede causar, pero su compromiso con la salud global y la igualdad le impulsa a exigir una regulación estricta. La pregunta ahora es si los gobiernos harÔn caso de esta llamada de atención o si, como él mismo teme, llegaremos tarde.


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