China alerta sobre los riesgos globales de la constelación Starlink

  • China advierte en la ONU que Starlink plantea desafĆ­os de seguridad y saturación orbital
  • PekĆ­n denuncia aproximaciones peligrosas a su estación espacial y aumento de basura espacial
  • El uso militar de satĆ©lites comerciales podrĆ­a impulsar una carrera armamentĆ­stica en el espacio
  • China reclama mĆ”s regulación internacional y cumplimiento estricto del Tratado del Espacio Exterior

SatƩlites y riesgos de megaconstelaciones

China ha puesto sobre la mesa, en pleno seno de Naciones Unidas, su creciente preocupación por la expansión de Starlink, la enorme constelación de satélites de SpaceX. El Gobierno de Pekín considera que el despliegue masivo de estos aparatos en órbita terrestre baja no solo tiene derivadas técnicas, sino también políticas y militares, que pueden afectar al conjunto de la comunidad internacional, incluida Europa.

En una intervención ante el Consejo de Seguridad de la ONU, la delegación china advirtió de que la proliferación de satélites comerciales sin una regulación clara estÔ generando riesgos de colisión, saturación de frecuencias y un potencial incremento de la militarización del espacio. Estas advertencias llegan en un momento en el que los actores europeos observan con inquietud cómo se densifica la órbita baja, donde ya operan numerosos satélites civiles y de defensa de la UE y de sus Estados miembros.

China lleva su preocupación por Starlink al Consejo de Seguridad de la ONU

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Durante una sesión informal del Consejo de Seguridad, el representante de Pekín subrayó que la rÔpida expansión de las actividades espaciales comerciales ha desembocado en un escenario en el que una sola nación, en alusión directa a Estados Unidos, concentra una parte muy relevante de los satélites en órbita. A falta de mecanismos de supervisión efectivos, sostiene China, esta situación entraña «pronunciados desafíos de seguridad y protección» a escala global.

La delegación china puso el foco en las llamadas megaconstelaciones de satélites, como Starlink, compuestas por miles de aparatos que ofrecen servicios de banda ancha desde el espacio. Para Pekín, la ausencia de normas internacionales mÔs estrictas y de una coordinación real entre países dispara el riesgo de incidentes que puedan afectar tanto a misiones tripuladas como a satélites científicos o de comunicaciones de otras potencias, incluidas las europeas.

China recalcó ante la ONU que las constelaciones privadas no operan en un vacío legal: a su juicio, son los Estados los que deben asumir la responsabilidad sobre las actividades espaciales de sus empresas, especialmente cuando estas pueden interferir en el uso pacífico del espacio exterior o poner en peligro a terceros.

Choques potenciales, órbitas saturadas y basura espacial

Uno de los puntos que mÔs inquietan a Pekín es el aumento del riesgo de colisiones en la órbita terrestre baja. El representante chino recordó que, según cÔlculos recientes, alrededor del 66 % de los satélites activos en esta región pertenecen ya a Starlink: unos 8.500 de un total de algo menos de 13.000 aparatos en funcionamiento, una cifra que no deja de crecer.

El propio Elon Musk ha defendido que la constelación podría llegar a incorporar en el futuro mÔs de 42.000 satélites, mientras que SpaceX cuenta hoy con autorización formal para situar en órbita unos 12.000. Cada uno de ellos estÔ diseñado con una vida útil aproximada de cinco años, tras la cual se programa su reentrada en la atmósfera para que se desintegre. Sin embargo, este ciclo continuo de lanzamientos y reentradas multiplica el trÔfico y los posibles escenarios de fragmentación no controlada.

China citó, como ejemplo de estos peligros, la desintegración de un satélite a finales de año que habría generado mÔs de un centenar de fragmentos de basura espacial. Este tipo de eventos complica aún mÔs el seguimiento desde tierra y aumenta la probabilidad de impactos con otros vehículos, una preocupación que comparten también agencias espaciales europeas, que llevan años alertando del problema de los desechos orbitales.

AdemÔs, Pekín denunció que el despliegue masivo de aparatos de una misma constelación estÔ saturando los recursos de frecuencia y órbita, que son limitados y compartidos por todos los países. Las frecuencias de comunicación y ciertos rangos de altitud en órbita baja son recursos finitos; su ocupación intensiva por parte de un solo operador puede dificultar nuevos proyectos, incluidos los de la Unión Europea, como los sistemas de comunicaciones seguras previstos para los próximos años.

Incidentes con la estación espacial china y riesgos para países en desarrollo

En su intervención, el representante de China recordó varios incidentes concretos relacionados con maniobras para evitar posibles colisiones de satélites Starlink a la estación espacial china, ocurridos en 2021. Según su relato, estas maniobras habrían obligado a la tripulación a adoptar medidas para evitar posibles colisiones, con el consiguiente riesgo para la integridad de los astronautas.

El diplomÔtico chino alertó de que, si estas situaciones son ya delicadas para una gran potencia espacial, el problema se agrava en el caso de países en desarrollo que no disponen de sistemas avanzados de control orbital ni de capacidades de maniobra tan precisas. Para estos Estados, reaccionar a tiempo ante un objeto que se aproxima o reconfigurar la trayectoria de un satélite puede ser mucho mÔs complejo, lo que incrementa el potencial de daños.

China enfatizó que esta asimetría tecnológica podría consolidar un escenario en el que las naciones con menor infraestructura espacial se vean forzadas a asumir mayores riesgos o incluso a renunciar a determinadas misiones por miedo a incidentes. Tanto en Asia como en África y América Latina, donde varios países estÔn dando sus primeros pasos en órbita baja, la cuestión de la seguridad espacial empieza a ser un asunto de peso.

SpaceX, por su parte, no respondió de inmediato a las preguntas remitidas por algunos medios internacionales sobre estas acusaciones, lo que refuerza la sensación de falta de transparencia percibida por parte de Pekín; incidentes previos, como un corte global de Starlink, han avivado esas críticas. En Europa, organismos como la ESA han abogado por compartir mÔs datos de seguimiento orbital para reducir malentendidos y mejorar la coordinación en estas maniobras de evasión.

Dimensión militar: del Internet por satélite al campo de batalla

MĆ”s allĆ” de los riesgos fĆ­sicos, China puso el acento en el Ć”mbito polĆ­tico y de seguridad, alertando de que los satĆ©lites comerciales se utilizan cada vez mĆ”s para funciones militares, como el reconocimiento y las comunicaciones sobre zonas de conflicto. Esta dualidad —civil y militar— complica la supervisión internacional y, segĆŗn PekĆ­n, borra la lĆ­nea que separa el uso pacĆ­fico del espacio de su posible empleo bĆ©lico.

El representante chino afirmó que la presencia de constelaciones privadas capaces de apoyar operaciones militares en tiempo real incrementa el riesgo de que el espacio exterior se convierta en un nuevo escenario de rivalidad estratégica. En este contexto, denunció que la integración de satélites comerciales en redes de defensa puede alentar una carrera armamentística en órbita; ademÔs, se han reportado desarrollos de un arma antisatélite contra la red Starlink, lo que ejemplifica esos riesgos.

Para las capitales de la UE, esta tendencia obliga a replantear la protección de sus propios activos en órbita, como los satélites de observación terrestre, navegación o comunicaciones gubernamentales. Aunque el discurso de Pekín se dirige principalmente a Estados Unidos y sus empresas, los efectos colaterales sobre la estabilidad del entorno espacial afectan también a los intereses de Europa y de otros actores que apuestan por un uso estrictamente pacífico.

China insistió en que no se trata solo de un debate técnico, sino de una cuestión de gobernanza global del espacio. Si los satélites comerciales participan en tareas estratégicas o bélicas sin un marco claro, se complica determinar responsabilidades en caso de incidentes, ciberataques o interferencias, un escenario que podría tener consecuencias directas para infraestructuras críticas en la Tierra.

El papel del Tratado del Espacio Exterior y la llamada a una regulación mÔs estricta

Pekín aprovechó su intervención en Naciones Unidas para reclamar a los países con grandes industrias espaciales que refuercen la regulación y supervisión de sus compañías privadas. En concreto, instó a que se respeten de forma estricta las obligaciones recogidas en el Tratado del Espacio Exterior de 1967, piedra angular del derecho espacial internacional.

Según la posición china, los Estados deben asumir la responsabilidad jurídica por las actividades de las empresas bajo su jurisdicción cuando estas comprometan el uso pacífico del espacio. Esto incluye tanto los riesgos de colisión y generación de basura espacial como la utilización de satélites civiles para fines militares, un Ômbito apenas esbozado cuando se firmó el tratado hace mÔs de medio siglo.

La propuesta de Pekín pasa por impulsar mecanismos mÔs claros de coordinación y notificación entre países, así como por desarrollar normas específicas sobre megaconstelaciones, que en los años sesenta ni siquiera se contemplaban. Esta línea de trabajo puede conectar con los debates abiertos en Europa sobre cómo gestionar de forma segura sus propias redes de satélites, desde los sistemas Galileo y Copernicus hasta los futuros proyectos de comunicaciones seguras.

Para la Unión Europea, que promueve iniciativas de «espacio sostenible», la llamada de atención china podría servir para reforzar alianzas en favor de una regulación mÔs exigente que limite tanto la basura espacial como los usos militares no declarados. A su vez, la UE debe equilibrar esta postura con su relación estratégica con Estados Unidos, principal impulsor de muchas de estas constelaciones comerciales.

China tambiƩn impulsa sus propias megaconstelaciones

Mientras critica la expansión de Starlink, China avanza en proyectos propios de gran envergadura, como la red de banda ancha Quianfan. Este programa, respaldado por las autoridades de ShanghÔi, planea la fabricación en serie y el lanzamiento de mÔs de 15.000 satélites antes de 2030 para ofrecer cobertura global de Internet desde el espacio.

La puesta en marcha de Quianfan sitúa a China como competidor directo de SpaceX y de otros actores que desarrollan megaconstelaciones de comunicaciones. A la vez, evidencia la paradoja de un escenario en el que las principales potencias critican la saturación orbital mientras impulsan sus propios sistemas para no quedarse atrÔs en la carrera tecnológica y comercial.

Desde la óptica europea, este panorama dibuja un tablero espacial cada vez mÔs concurrido, con proyectos estadounidenses, chinos y, en menor medida, europeos compitiendo por espacio orbital, frecuencias y mercados. La necesidad de reglas comunes y de mecanismos de coordinación global se hace, por tanto, mÔs apremiante si se quiere evitar que incidentes locales escalen a tensiones diplomÔticas mÔs amplias.

Las advertencias de China sobre Starlink y las megaconstelaciones ponen el foco en un desafío que trasciende las rivalidades entre grandes potencias: cómo garantizar que el espacio siga siendo un entorno seguro, sostenible y orientado a usos pacíficos, en un momento en el que el número de satélites se dispara y la frontera entre lo civil y lo militar se vuelve cada vez mÔs difusa.


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