China ha puesto sobre la mesa, en pleno seno de Naciones Unidas, su creciente preocupación por la expansión de Starlink, la enorme constelación de satĆ©lites de SpaceX. El Gobierno de PekĆn considera que el despliegue masivo de estos aparatos en órbita terrestre baja no solo tiene derivadas tĆ©cnicas, sino tambiĆ©n polĆticas y militares, que pueden afectar al conjunto de la comunidad internacional, incluida Europa.
En una intervención ante el Consejo de Seguridad de la ONU, la delegación china advirtió de que la proliferación de satélites comerciales sin una regulación clara estÔ generando riesgos de colisión, saturación de frecuencias y un potencial incremento de la militarización del espacio. Estas advertencias llegan en un momento en el que los actores europeos observan con inquietud cómo se densifica la órbita baja, donde ya operan numerosos satélites civiles y de defensa de la UE y de sus Estados miembros.
China lleva su preocupación por Starlink al Consejo de Seguridad de la ONU
Durante una sesión informal del Consejo de Seguridad, el representante de PekĆn subrayó que la rĆ”pida expansión de las actividades espaciales comerciales ha desembocado en un escenario en el que una sola nación, en alusión directa a Estados Unidos, concentra una parte muy relevante de los satĆ©lites en órbita. A falta de mecanismos de supervisión efectivos, sostiene China, esta situación entraƱa Ā«pronunciados desafĆos de seguridad y protecciónĀ» a escala global.
La delegación china puso el foco en las llamadas megaconstelaciones de satĆ©lites, como Starlink, compuestas por miles de aparatos que ofrecen servicios de banda ancha desde el espacio. Para PekĆn, la ausencia de normas internacionales mĆ”s estrictas y de una coordinación real entre paĆses dispara el riesgo de incidentes que puedan afectar tanto a misiones tripuladas como a satĆ©lites cientĆficos o de comunicaciones de otras potencias, incluidas las europeas.
China recalcó ante la ONU que las constelaciones privadas no operan en un vacĆo legal: a su juicio, son los Estados los que deben asumir la responsabilidad sobre las actividades espaciales de sus empresas, especialmente cuando estas pueden interferir en el uso pacĆfico del espacio exterior o poner en peligro a terceros.
Choques potenciales, órbitas saturadas y basura espacial
Uno de los puntos que mĆ”s inquietan a PekĆn es el aumento del riesgo de colisiones en la órbita terrestre baja. El representante chino recordó que, segĆŗn cĆ”lculos recientes, alrededor del 66Ā % de los satĆ©lites activos en esta región pertenecen ya a Starlink: unos 8.500 de un total de algo menos de 13.000 aparatos en funcionamiento, una cifra que no deja de crecer.
El propio Elon Musk ha defendido que la constelación podrĆa llegar a incorporar en el futuro mĆ”s de 42.000 satĆ©lites, mientras que SpaceX cuenta hoy con autorización formal para situar en órbita unos 12.000. Cada uno de ellos estĆ” diseƱado con una vida Ćŗtil aproximada de cinco aƱos, tras la cual se programa su reentrada en la atmósfera para que se desintegre. Sin embargo, este ciclo continuo de lanzamientos y reentradas multiplica el trĆ”fico y los posibles escenarios de fragmentación no controlada.
China citó, como ejemplo de estos peligros, la desintegración de un satĆ©lite a finales de aƱo que habrĆa generado mĆ”s de un centenar de fragmentos de basura espacial. Este tipo de eventos complica aĆŗn mĆ”s el seguimiento desde tierra y aumenta la probabilidad de impactos con otros vehĆculos, una preocupación que comparten tambiĆ©n agencias espaciales europeas, que llevan aƱos alertando del problema de los desechos orbitales.
AdemĆ”s, PekĆn denunció que el despliegue masivo de aparatos de una misma constelación estĆ” saturando los recursos de frecuencia y órbita, que son limitados y compartidos por todos los paĆses. Las frecuencias de comunicación y ciertos rangos de altitud en órbita baja son recursos finitos; su ocupación intensiva por parte de un solo operador puede dificultar nuevos proyectos, incluidos los de la Unión Europea, como los sistemas de comunicaciones seguras previstos para los próximos aƱos.
Incidentes con la estación espacial china y riesgos para paĆses en desarrollo
En su intervención, el representante de China recordó varios incidentes concretos relacionados con maniobras para evitar posibles colisiones de satĆ©lites Starlink a la estación espacial china, ocurridos en 2021. SegĆŗn su relato, estas maniobras habrĆan obligado a la tripulación a adoptar medidas para evitar posibles colisiones, con el consiguiente riesgo para la integridad de los astronautas.
El diplomĆ”tico chino alertó de que, si estas situaciones son ya delicadas para una gran potencia espacial, el problema se agrava en el caso de paĆses en desarrollo que no disponen de sistemas avanzados de control orbital ni de capacidades de maniobra tan precisas. Para estos Estados, reaccionar a tiempo ante un objeto que se aproxima o reconfigurar la trayectoria de un satĆ©lite puede ser mucho mĆ”s complejo, lo que incrementa el potencial de daƱos.
China enfatizó que esta asimetrĆa tecnológica podrĆa consolidar un escenario en el que las naciones con menor infraestructura espacial se vean forzadas a asumir mayores riesgos o incluso a renunciar a determinadas misiones por miedo a incidentes. Tanto en Asia como en Ćfrica y AmĆ©rica Latina, donde varios paĆses estĆ”n dando sus primeros pasos en órbita baja, la cuestión de la seguridad espacial empieza a ser un asunto de peso.
SpaceX, por su parte, no respondió de inmediato a las preguntas remitidas por algunos medios internacionales sobre estas acusaciones, lo que refuerza la sensación de falta de transparencia percibida por parte de PekĆn; incidentes previos, como un corte global de Starlink, han avivado esas crĆticas. En Europa, organismos como la ESA han abogado por compartir mĆ”s datos de seguimiento orbital para reducir malentendidos y mejorar la coordinación en estas maniobras de evasión.
Dimensión militar: del Internet por satélite al campo de batalla
MĆ”s allĆ” de los riesgos fĆsicos, China puso el acento en el Ć”mbito polĆtico y de seguridad, alertando de que los satĆ©lites comerciales se utilizan cada vez mĆ”s para funciones militares, como el reconocimiento y las comunicaciones sobre zonas de conflicto. Esta dualidad ācivil y militarā complica la supervisión internacional y, segĆŗn PekĆn, borra la lĆnea que separa el uso pacĆfico del espacio de su posible empleo bĆ©lico.
El representante chino afirmó que la presencia de constelaciones privadas capaces de apoyar operaciones militares en tiempo real incrementa el riesgo de que el espacio exterior se convierta en un nuevo escenario de rivalidad estratĆ©gica. En este contexto, denunció que la integración de satĆ©lites comerciales en redes de defensa puede alentar una carrera armamentĆstica en órbita; ademĆ”s, se han reportado desarrollos de un arma antisatĆ©lite contra la red Starlink, lo que ejemplifica esos riesgos.
Para las capitales de la UE, esta tendencia obliga a replantear la protección de sus propios activos en órbita, como los satĆ©lites de observación terrestre, navegación o comunicaciones gubernamentales. Aunque el discurso de PekĆn se dirige principalmente a Estados Unidos y sus empresas, los efectos colaterales sobre la estabilidad del entorno espacial afectan tambiĆ©n a los intereses de Europa y de otros actores que apuestan por un uso estrictamente pacĆfico.
China insistió en que no se trata solo de un debate tĆ©cnico, sino de una cuestión de gobernanza global del espacio. Si los satĆ©lites comerciales participan en tareas estratĆ©gicas o bĆ©licas sin un marco claro, se complica determinar responsabilidades en caso de incidentes, ciberataques o interferencias, un escenario que podrĆa tener consecuencias directas para infraestructuras crĆticas en la Tierra.
El papel del Tratado del Espacio Exterior y la llamada a una regulación mÔs estricta
PekĆn aprovechó su intervención en Naciones Unidas para reclamar a los paĆses con grandes industrias espaciales que refuercen la regulación y supervisión de sus compaƱĆas privadas. En concreto, instó a que se respeten de forma estricta las obligaciones recogidas en el Tratado del Espacio Exterior de 1967, piedra angular del derecho espacial internacional.
SegĆŗn la posición china, los Estados deben asumir la responsabilidad jurĆdica por las actividades de las empresas bajo su jurisdicción cuando estas comprometan el uso pacĆfico del espacio. Esto incluye tanto los riesgos de colisión y generación de basura espacial como la utilización de satĆ©lites civiles para fines militares, un Ć”mbito apenas esbozado cuando se firmó el tratado hace mĆ”s de medio siglo.
La propuesta de PekĆn pasa por impulsar mecanismos mĆ”s claros de coordinación y notificación entre paĆses, asĆ como por desarrollar normas especĆficas sobre megaconstelaciones, que en los aƱos sesenta ni siquiera se contemplaban. Esta lĆnea de trabajo puede conectar con los debates abiertos en Europa sobre cómo gestionar de forma segura sus propias redes de satĆ©lites, desde los sistemas Galileo y Copernicus hasta los futuros proyectos de comunicaciones seguras.
Para la Unión Europea, que promueve iniciativas de Ā«espacio sostenibleĀ», la llamada de atención china podrĆa servir para reforzar alianzas en favor de una regulación mĆ”s exigente que limite tanto la basura espacial como los usos militares no declarados. A su vez, la UE debe equilibrar esta postura con su relación estratĆ©gica con Estados Unidos, principal impulsor de muchas de estas constelaciones comerciales.
China tambiƩn impulsa sus propias megaconstelaciones
Mientras critica la expansión de Starlink, China avanza en proyectos propios de gran envergadura, como la red de banda ancha Quianfan. Este programa, respaldado por las autoridades de ShanghÔi, planea la fabricación en serie y el lanzamiento de mÔs de 15.000 satélites antes de 2030 para ofrecer cobertura global de Internet desde el espacio.
La puesta en marcha de Quianfan sitúa a China como competidor directo de SpaceX y de otros actores que desarrollan megaconstelaciones de comunicaciones. A la vez, evidencia la paradoja de un escenario en el que las principales potencias critican la saturación orbital mientras impulsan sus propios sistemas para no quedarse atrÔs en la carrera tecnológica y comercial.
Desde la óptica europea, este panorama dibuja un tablero espacial cada vez mÔs concurrido, con proyectos estadounidenses, chinos y, en menor medida, europeos compitiendo por espacio orbital, frecuencias y mercados. La necesidad de reglas comunes y de mecanismos de coordinación global se hace, por tanto, mÔs apremiante si se quiere evitar que incidentes locales escalen a tensiones diplomÔticas mÔs amplias.
Las advertencias de China sobre Starlink y las megaconstelaciones ponen el foco en un desafĆo que trasciende las rivalidades entre grandes potencias: cómo garantizar que el espacio siga siendo un entorno seguro, sostenible y orientado a usos pacĆficos, en un momento en el que el nĆŗmero de satĆ©lites se dispara y la frontera entre lo civil y lo militar se vuelve cada vez mĆ”s difusa.