La fiebre por los robots humanoides ha vuelto a sacudir el sector tecnológico con dos noticias que reflejan el avance de China. Por un lado, el fabricante Unitree ha protagonizado una salida a bolsa explosiva en Shanghái, y por otro, sus máquinas han logrado batir el récord del velocista jamaicano en los Juegos Mundiales de Robots Humanoides. Todo apunta a que el país asiático quiere liderar el salto de la inteligencia artificial al cuerpo físico.
Una misma semana ha sido suficiente para comprobar que la robótica humanoide ya no es cosa de demostraciones. En las bolsas, los inversores han mordido con euforia las acciones de Unitree; en los estadios, los robots se han movido a velocidades y capacidades que hasta ahora parecían de ciencia ficción. Dos eventos paralelos que, juntos, dibujan una industria que está viviendo un momento histórico.
Unitree arrasa en el estreno de su salto a la bolsa
El gigante chino, fundado por Wang Xingxing y con sede en Hangzhou, salió a cotizar en el Star Market de la bolsa de Shanghái con un precio inicial de 150,8 yuanes por acción. En los primeros minutos, el valor saltó a los 1.100 yuanes, lo que supuso una revalorización del 629%, y aunque después moderó el avance, cerró la sesión cerca del 500% por encima del precio de arranque. El entusiasmo fue tal que la compañía alcanzó una valoración en torno a los 57.200 millones de euros, un dato que no pasó desapercibido para los mercados.
Este récord no fue fruto de la casualidad: la empresa vendió más de 5.500 humanoides en el último año y obtuvo un beneficio neto de casi 36 millones de euros, algo que escasea en este segmento. También cuenta con una línea de perros robot que se venden por unos 2.700 dólares, una auténtica rebaja frente al Spot de Boston Dynamics que ronda los 70.000. El fuerte contraste de precios les da una ventaja competitiva importante en la escalada tecnológica.

El Mundial de robots: la batalla por la velocidad y el dominio global
El otro gran foco de atención este semana ha estado en los Juegos Mundiales de Robots Humanoides, que están enfrentando en Pekín a 666 equipos con más de 2.000 robots. La participación china es masiva, ya que 1.975 de esos robots son locales, y la organización ha ampliado las pruebas con carreras, fútbol, halterofilia y retos de destreza en entornos reales. La estrella del fin de semana fue el robot llamado Tiangong Ultra, que ha conseguido detener el cronómetro en 9,39 segundos en los 100 metros lisos.
Esa marca supera los 9,58 segundos con los que Usain Bolt reinó durante años en el atletismo humano, y algunos medios hablan de que también el modelo Lightning, de la firma Honor, corrió en 9,32 segundos en la serie previa. La diferencia en los tiempos confirma que la tecnología evoluciona a un ritmo vertiginoso. La mejora de la velocidad se ha conseguido alargando las piernas de las máquinas y con una cada vez más precisa inteligencia artificial integrada para la locomoción.
Los científicos recuerdan que el principal escollo ahora no es que los robots caen al andar, sino que aún no son capaces de trabajar de forma continuada y fiable en hogares u oficinas. Sin embargo, la capacidad de producción china, apoyada por subsidios estatales y una gran industria de componentes de teléfonos y coches eléctricos, ha llevado a que el precio de fabricación ronde los 13.800 dólares. Con esa cifra es muy complicado para la competencia alcanzar tarifas similares.
Además del espectáculo, el evento ha servido para dar datos sobre el futuro de la robótica. La empresa UBTech, rival local, ya planea su salida a la bolsa de Hong Kong, y otras como AgiBot o Leju Robotics siguen la misma estela. Todo apunta a un auge del sector en el país, con la vista puesta en enlazar la inteligencia artificial con las tareas físicas que antes solo podía realizar el ser humano.
La confrontación con Estados Unidos y el efecto del futuro
El rápido avance de China no ha pasado inadvertido en Washington. A finales de julio, la administración Trump prohibió la importación de nuevos humanoides y robots cuadrúpedos chinos alegando riesgos de seguridad y ciberamenaza. No es un inconveniente menor, ya que en el caso de Unitree, más del 40% de sus ingresos en 2025 vinieron de fuera, y Estados Unidos aportó en torno al 13%. Esas restricciones provocan incertidumbre en los mercados y obligan a las compañías a buscar alternativas.
Sin embargo, los expertos consideran que la medida servirá de poco en términos de competitividad: «EEUU ha perdido el pulso», apunta la revista Forbes. Aunque todavía los software de las compañías estadounidenses son más pulidas, la brecha en el precio de fabricación y la escala es ya casi insalvable. No solo se trata de ganar la carrera de los 100 metros, sino de dominar una industria que se prevé sea la próxima fuente de productividad y autonomía en fábricas y hospitales.
El mundo observa ahora cómo esta tecnología avanza de manera acelerada en Asia, mientras que Occidente decide cómo regularla. La UE aún no ha emitido un marco común sobre la presencia de estos robots en el ámbito civil, aunque hay proyectos piloto en varios países para su uso en sanidad. Las empresas automovilísticas como Hyundai o Amazon han manifestado interés, pero aún están en fase de desarrollo.
La robótica humanoide está dejando de ser una quimera para convertirse en un negocio real y una nueva variable geoestratégica. Lo que pasa en estos meses en China influirá en el mapa tecnológico que tendremos en los próximos años, y por el momento, los datos cantan: más de 12.800 humanoides producidos en 2025, dos de cada tres empresas clave de este sector en el país, y un récord de velocidad que batió un mito de la especie humana. La imagen del robot ganador no es solo una anécdota deportiva, sino la metáfora de quién está ahora mismo en la pole position de la era física de la IA.
