Robots humanoides trabajando en directo 24 horas en tareas de almacén

  • Figure AI emite en directo a sus robots humanoides Figure 03 trabajando turnos de hasta 24 horas manipulando paquetes.
  • El sistema Helix-02 controla de forma autónoma todo el cuerpo del robot, integrando visión, tacto y propiocepción.
  • La demostración pública sirve para mostrar resistencia, autonomía continua y madurez industrial, con producción ya a ritmo de un robot por hora.
  • El experimento reabre el debate sobre el impacto laboral de los humanoides y si tiene sentido usar robots bípedos para tareas logísticas.

Robots humanoides manipulando paquetes en directo

Los robots humanoides trabajando en directo 24 horas ya no son un experimento de laboratorio ni un vídeo promocional pulido. La compañía estadounidense Figure AI ha decidido colocar a sus unidades Figure 03 frente a una cámara y dejar que cualquiera pueda comprobar, en tiempo real, qué tal se les da afrontar un turno completo de almacén manipulando paquetes sin descanso.

En esta prueba, que se sigue en streaming continuo, los humanoides trabajan durante horas en una cinta de paquetería: cogen cajas, las orientan, las sueltan y repiten el proceso miles de veces. Lo llamativo no es solo la tecnología que hay detrás, sino la puesta en escena: una retransmisión abierta, con contadores de tiempo y de paquetes procesados, que convierte lo que antes era una demo técnica privada en un pequeño evento público seguido por cientos de miles de personas.

ejército de robots humanoides
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Una jornada de 24 horas a nivel de rendimiento humano

La idea inicial de Figure AI era mostrar un turno completo de ocho horas en condiciones realistas de almacén, con un humanoide Figure 03 controlado por su sistema Helix-02. El objetivo oficial: alcanzar lo que la empresa denomina “niveles de rendimiento humano” en una tarea repetitiva de manipulación de paquetes, sin pausas ni intervención directa de operarios.

Sin embargo, la demostración se les quedó corta. Superadas las primeras ocho horas de trabajo, Brett Adcock, fundador y consejero delegado de la compañía, anunció en directo que el experimento continuaría hasta completar 24 horas ininterrumpidas. En la transmisión se van sobreimpresionando el tiempo de actividad acumulado y el número total de bultos verificados o manipulados por los distintos robots.

En ese primer tramo de ocho horas, las cifras ya eran llamativas: se habían tramitado más de 10.000 paquetes. Aproximadamente 14 horas después del arranque, el contador se acercaba a los 18.000. En otros momentos de la emisión, el marcador ha llegado a superar los 34.000 paquetes en algo más de 27 horas de funcionamiento acumulado, en una carrera que la empresa define como totalmente autónoma con Helix-02.

La retransmisión, accesible en abierto, ha acumulado ya centenares de miles de visualizaciones, con miles de interacciones en redes sociales. No deja de ser una escena sencilla: tres humanoides —identificados con nombres como Gary, Frank o Bob mediante tarjetas en el pecho— frente a una cinta, moviendo cajas sin decir una palabra. Pero el ritmo constante y la monotonía del gesto tienen algo hipnótico que engancha.

La propia Figure AI lo presenta como una forma de demostrar resistencia, cadencia de trabajo y autonomía sostenida, justo los ingredientes que separan los vídeos de robots bailando de una tecnología pensada para fábricas, centros logísticos o almacenes reales donde el trabajo físico se prolonga durante horas.

Helix-02: el cerebro que mueve al humanoide

Detrás de estas imágenes de robots manipulando paquetes hay un protagonista menos vistoso, pero crucial: Helix-02, el sistema de autonomía de cuerpo completo desarrollado por Figure AI para controlar sus humanoides. Más que un simple “software de fábrica”, se trata de una red neuronal que coordina visión, tacto, propiocepción y los actuadores del robot como si fueran un único organismo.

La compañía describe Helix-02 como una red visuomotora unificada, capaz de recibir información directa de todas las cámaras, sensores táctiles y de posición, y traducirla en movimientos de brazos, manos, piernas y torso de manera coordinada. Es decir, no se programa paso a paso qué debe hacer el robot, sino que el sistema aprende a moverse con soltura en distintos entornos.

Para entrenar este controlador corporal integral, Figure afirma haber utilizado más de 1.000 horas de movimientos humanos reales, recogidos como datos de referencia, además de extensas simulaciones digitales. En esas simulaciones, el sistema prueba acciones una y otra vez, corrige errores y mejora su desempeño antes de desplegarse en el mundo físico.

Según la empresa, Helix-02 ha permitido reemplazar más de 100.000 líneas de código escritas a mano, lo que supone un cambio de enfoque: en lugar de diseñar manualmente cada rutina de movimiento, la red neuronal aprende a controlar el cuerpo del robot con mucha más flexibilidad. Esto es lo que hace posible escenas como ver a un único humanoide descargar y volver a cargar por completo un lavavajillas en una cocina, integrando caminar, agacharse, manipular cacharros y mantener el equilibrio en una tarea continua de varios minutos.

En el caso concreto de la manipulación de paquetes en la prueba en directo, Helix-02 combina visión por computador, detección táctil integrada y propiocepción para localizar cada bulto, ajustar el agarre, corregir la postura y repetir el ciclo con un ritmo que, en muchos momentos, se acerca al de un operario humano entrenado, pero sin mostrar signos de fatiga.

Figure 03 y Helix 2: de la cocina al almacén

Los robots que protagonizan estas emisiones pertenecen a la familia Figure 03, humanoides eléctricos de unos 173 centímetros de altura, con una capacidad de carga estimada en torno a 20 kilos y un peso aproximado de 61 kilos. Figure ha mostrado tanto versiones orientadas a tareas domésticas como variantes enfocadas en entornos industriales.

En el hogar, la compañía ha enseñado cómo uno de estos robots, controlado por el sistema Helix 2 (nombre con el que también se ha popularizado su tecnología), es capaz de cargar y descargar un lavavajillas de forma autónoma, seleccionar objetos pequeños en una encimera o manipular utensilios con bastante precisión, algo que hasta hace poco resultaba especialmente complicado para los humanoides.

En la vertiente industrial, la prueba en directo de 24 horas lleva esta misma plataforma a un entorno de selección y ordenación de paquetería. En el vídeo se ve a unidades como Gary o Frank operando sobre cintas transportadoras, cogiendo cajas de distintos tamaños, orientándolas correctamente, separándolas y volviendo al punto de inicio sin parones.

Una de las claves de esta nueva generación es el uso de sensores táctiles avanzados y cámaras en las palmas, que permiten al humanoide realizar acciones que antes eran prácticamente imposibles, como separar pastillas individuales, dosificar con jeringas o distinguir objetos pequeños y con formas irregulares entre el desorden, incluso cuando sus propias manos ocultan parcialmente la vista de la cámara principal.

Aunque muchas de estas capacidades siguen considerándose resultados preliminares, la compañía sostiene que el conjunto de pruebas empieza a demostrar lo que puede ofrecer una autonomía corporal continua en tareas del mundo real: secuencias de decenas de acciones enlazadas —caminar, girar, estirarse, agarrar, depositar— que se ejecutan de forma fluida sin reinicios ni correcciones humanas constantes.

Producción en masa: de un robot al día a uno por hora

La emisión en directo no se entiende solo como un guiño de marketing. Coincide con un momento clave para la empresa: el salto de una planta piloto a una instalación de producción de alto volumen. Figure AI ha anunciado que ha pasado de fabricar aproximadamente un robot al día a alcanzar una cadencia de un robot por hora en menos de 120 días, lo que supone multiplicar por 24 su capacidad.

En esa nueva planta, la compañía asegura disponer de más de 150 estaciones de trabajo conectadas, más de 50 puntos de inspección repartidos a lo largo de la línea de montaje y en torno a 80 pruebas funcionales al final del proceso antes de dar por bueno cada humanoide. También afirma haber producido ya más de 9.000 actuadores, los componentes que hacen las veces de “músculos” del robot.

Otro dato que destaca Figure es su tasa de éxito a la primera al final de línea, que, según la empresa, supera ya el 80 %. Es un porcentaje prometedor, aunque a la vez evidencia que ensamblar humanoides sigue siendo una operación compleja, con margen de error y necesidad de ajustes incluso en un entorno tan automatizado.

En una de sus últimas actualizaciones, la firma explicó que solo en una semana determinada llegaron a producir 55 unidades de sus robots, una cifra significativa para un tipo de máquina que hasta hace poco se fabricaba casi de forma artesanal. Para la compañía, la combinación de una fabricación en serie creciente y demostraciones públicas continuas es una forma de convencer a potenciales clientes de que no se trata ya de prototipos aislados, sino de un producto que aspira a desplegarse en flotas.

Esta aproximación tiene una lectura clara para Europa y para España: si la producción de humanoides entra en una fase industrial consolidada, es cuestión de tiempo que empresas logísticas, fabricantes y operadores de almacén europeos se planteen pruebas piloto o despliegues acotados en sus instalaciones, al menos para tareas muy delimitadas donde el retorno de inversión pueda medirse con cierta rapidez.

Un directo sin filtros: fallos, límites y aprendizajes

Uno de los aspectos más interesantes de la retransmisión es que no todo sale perfecto. En diversos momentos del vídeo se aprecia cómo el humanoide falla al pinzar un paquete, se le desliza una caja de las manos o deja caer un bulto al suelo y, simplemente, continúa con el siguiente en la cinta sin recoger lo que ha perdido.

Lejos de intentar ocultar estos errores, la empresa los deja visibles en cámara. Esto hace la demostración más creíble y, al mismo tiempo, más reveladora: pese a los avances, la robótica humanoide sigue tropezando con problemas básicos cuando se enfrenta a variaciones del mundo físico que no encajan del todo con lo previsto en el entrenamiento.

En logística, el desafío real no es únicamente coger una caja estándar bien colocada. El quebradero de cabeza aparece cuando el paquete está torcido, abollado, mal apilado, resbaladizo o ligeramente fuera de posición. Es en esas situaciones donde el humanoide muestra todavía dudas, movimientos algo erráticos o incapacidad para corregir una maniobra fallida.

La emisión, con sus aciertos y sus tropiezos, ayuda a ilustrar también la diferencia entre una máquina y una persona. Un operario humano suele ser capaz de reaccionar a la excepción: si una caja cae, la recoge, reorganiza el espacio de trabajo, improvisa una solución. El robot, por ahora, tiende a seguir adelante con la tarea repetitiva, ignorando el desorden que se genera a su alrededor si no está explícitamente contemplado.

Aun así, la capacidad de estar horas seguidas sin descanso, manteniendo un ritmo muy constante y manejando volúmenes de paquetes que superarían con creces lo razonable para una persona en un único turno, deja claro por qué este tipo de tecnologías se está siguiendo con tanto interés desde sectores como el comercio electrónico, la mensajería o la gran distribución, también en el ámbito europeo.

¿Tiene sentido un humanoide para mover cajas?

La demostración de Figure AI ha reavivado un debate clásico en el sector: ¿es necesario que un robot tenga forma humana para trabajar en un almacén? Muchos especialistas en robótica industrial sostienen que, si el objetivo es únicamente manipular paquetes, una máquina diseñada específicamente para esa tarea suele ser más sencilla, más estable y probablemente más barata.

Desde hace años existen brazos robóticos y plataformas móviles pensados para labores de picking, packing y paletizado que funcionan sin piernas, ni cabeza, ni articulaciones complejas al estilo humano. Empresas como Boston Dynamics comercializan robots de almacén capaces de manipular bultos de más de 20 kilos, y gigantes logísticos como Amazon llevan tiempo utilizando sus propias soluciones robotizadas en centros de todo el mundo.

Entonces, ¿dónde estaría el valor de un humanoide como Figure 03 en un entorno europeo de logística o fabricación? La apuesta de la compañía pasa por la flexibilidad de un cuerpo similar al humano: poder caminar, subir escaleras, atravesar puertas estándar, usar herramientas pensadas para personas y moverse en instalaciones ya construidas sin tener que rediseñar por completo las naves, las estanterías o los puestos de trabajo.

En otras palabras, la propuesta de Figure no se limita a competir en la tarea específica de mover cajas, donde otras máquinas ya están asentadas, sino a plantear que un mismo robot pueda asumir distintos roles en entornos variados: desde almacenes y líneas de producción hasta, a medio plazo, servicios de mantenimiento, ayuda en tiendas físicas o incluso tareas domésticas avanzadas.

Este enfoque tiene implicaciones directas para países como España, con una alta presencia de pequeñas y medianas empresas que operan en naves y talleres adaptados a la escala humana. En esos casos, un humanoide capaz de integrarse en el espacio existente, sin reconfigurar toda la infraestructura, podría resultar más atractivo que rediseñar por completo la cadena de montaje para acomodar robots fijos o sistemas automáticos rígidos.

Impacto laboral y percepción social: del miedo a la curiosidad

Durante años se ha repetido la idea de que la inteligencia artificial y los robots acabarían quitando el trabajo a millones de personas, sobre todo en puestos de oficina o tareas rutinarias frente a un ordenador. Ante ese panorama, no han sido pocos quienes han planteado —a veces medio en serio, medio en broma— que la salida pasaría por reconvertirse en trabajador manual.

La escena de varios humanoides trabajando una jornada completa de 24 horas seleccionando paquetes, con números de productividad que cualquier persona tendría muy difícil igualar, es una señal clara de que también los empleos físicos repetitivos podrían verse afectados en los próximos años. La idea de que los trabajos manuales eran un refugio seguro frente a la automatización empieza a tambalearse.

En la retransmisión de Figure, el contador muestra cómo, en alrededor de 13 horas de trabajo continuo, un único robot es capaz de procesar más de 17.000 paquetes. Son cifras que obligan a replantear qué tipo de tareas tiene sentido que sigan haciendo personas y cuáles será más lógico delegar en máquinas, tanto en almacenes como en otros sectores.

La propia empresa utiliza ejemplos cotidianos para ilustrar este futuro cercano: desde el robot que carga un lavavajillas sin ayuda hasta la posibilidad de que, algún día, llamemos a un “fontanero” o a un “cerrajero” de urgencia y quien aparezca en la puerta sea un humanoide capaz de diagnosticar la avería y reparar la instalación con la precisión de un profesional veterano.

En Europa, donde la discusión sobre la regulación de la inteligencia artificial y la protección de los derechos laborales está particularmente activa, este tipo de demostraciones alimenta el debate. Gobiernos, sindicatos y empresas empiezan a plantearse escenarios en los que los robots humanoides compartan espacio de trabajo con personas, no solo en fábricas altamente automatizadas, sino también en entornos de servicios y logística urbana.

Mientras tanto, la reacción del público a la emisión de Figure combina fascinación y cierto desasosiego. Muchos espectadores reconocen que el vídeo engancha y que resulta impresionante ver trabajar al robot sin pausa, pero al mismo tiempo se preguntan qué ocurrirá con los empleos que hoy dependen precisamente de esas tareas repetitivas que los humanoides empiezan a dominar.

El movimiento de Figure AI, al exhibir sin retoques sus robots humanoides trabajando en directo 24 horas en tareas de almacén, marca un punto de inflexión entre las demostraciones espectaculares y la realidad de la automatización industrial: con sistemas como Helix-02 controlando cuerpos humanoides ya producidos en serie, la cuestión deja de ser si esta tecnología llegará a nuestras fábricas, almacenes o incluso hogares en España y Europa, y pasa a centrarse en cómo, a qué ritmo y bajo qué reglas se integrará en la vida cotidiana y en el mercado laboral.


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