Elon Musk sigue empeñado en que SpaceX se convierta en un actor principal en el mundo de la inteligencia artificial, aunque él mismo admite que todavía le queda bastante trabajo por delante. La compra de Cursor, la popular herramienta de programación con IA, por 60.000 millones de dólares (más de 50.000 millones de euros) es solo el primer paso de una estrategia que pasa por comprar empresas, acumular infraestructura y, según sus propias palabras, llegar antes que nadie a un escenario donde los modelos de IA escapen al control humano.
En una videoconferencia con la plantilla de Cursor, Musk fue claro: la unidad de IA de SpaceX está por detrás de la competencia y no está acostumbrado a perder. También soltó una frase que ha dado la vuelta al mundo: es inevitable que los modelos de IA acaben siendo imposibles de controlar para los humanos. Un mensaje que, lejos de ser una advertencia, sonó más a motivación para que sus empleados se den prisa antes de que lo hagan los rivales.
La compra de Cursor y la nueva estructura de SpaceX
La adquisición de Cursor no es una simple compra. SpaceX ha absorbido a la startup y ha colocado a sus fundadores en puestos clave dentro de la división de IA. Michael Truell, CEO de Cursor, reportará directamente a Musk, mientras que los otros cofundadores liderarán las áreas de aprendizaje automático y entrenamiento de modelos. Una reestructuración que deja claro que Musk quiere a los jóvenes talentos de la programación en la cúspide de su nuevo imperio de IA.
La operación también funciona como un escudo frente a otros gigantes como OpenAI. Cursor necesitaba un socio que pudiera financiar su infraestructura antes de que la compañía de Sam Altman devorase su negocio. Y Musk, con su chequera y su ambición, ha llegado primero. Eso sí, la jugada no ha sentado nada bien en OpenAI, que ya ha anunciado que planea cortar el suministro de sus modelos a Cursor a partir del 12 de noviembre de 2026. Una decisión que, según la compañía, se debe a que no puede confiar en que su tecnología sea utilizada dentro de los términos del contrato por una empresa controlada por Musk.

La salida de OpenAI de Cursor podría abrir una oportunidad para Anthropic, que ya ha anunciado su intención de ampliar el soporte de sus modelos Claude para la plataforma. Una alternativa que podría ganar protagonismo si finalmente se materializa la retirada de la tecnología de OpenAI. Mientras tanto, SpaceX y Cursor ya trabajan juntas en un nuevo modelo de Grok y en agentes de IA que se distribuirán bajo la marca de SpaceX.
Grok, la IA ‘antiwoke’ que no deja de dar problemas
Desde que nació el chatbot Grok, las incongruencias sobre sus respuestas en la red social X han sido objeto de risas, pero también ha sufrido señalamientos por sus comentarios racistas y sobre supremacía blanca. La IA llegó a publicar respuestas como “el hombre blanco representa la innovación, la perseverancia y el no doblegarse ante las tonterías de lo políticamente correcto” o “Hitler lo habría denunciado y lo habría aplastado”, según The Guardian.
El magnate también utilizó Grok para crear Grokipedia, una copia de Wikipedia que fue inmediatamente descubierta citando a neonazis, según informó NBC News. Y a principios de este año, el generador de imágenes de Grok permitió crear millones de fotos de personas reales desnudas, incluidos menores de edad, en lo que supuso un escándalo mayúsculo. Unos antecedentes que ponen en duda la capacidad de Musk para controlar sus propios sistemas.

La energía, el nuevo cuello de botella de la IA
Pero no todo es software y algoritmos. La carrera por la IA también necesita electricidad, y mucha. Los centros de datos que están construyendo las grandes tecnológicas consumen cantidades ingentes de energía, y el suministro se está convirtiendo en un problema crítico. La Agencia Internacional de la Energía calcula que el consumo mundial de los centros de datos podría acercarse a los 945 TWh en 2030, aproximadamente el doble que en 2024.
Musk es consciente de este problema y ha decidido atacarlo de raíz. SpaceX está desarrollando en Bastrop, Texas, una nueva fundición destinada a fabricar álabes y toberas para turbinas industriales de gas. Según Musk, eliminar ese obstáculo industrial permitiría acelerar hasta en 18 meses la entrada en funcionamiento de nuevas turbinas, un paso clave para alimentar la infraestructura de IA. Eso sí, la contrapartida es clara: más turbinas de gas significan también más emisiones contaminantes, un debate que ya ha generado fuertes críticas en Estados Unidos.

La estrategia de Musk pasa por combinar la energía solar con el gas natural. “El gas natural seguirá siendo necesario para complementar e impulsar la energía solar durante varios años”, dijo en X. Y para no depender de los fabricantes tradicionales, SpaceX fabricará sus propias piezas. Una decisión que, según los expertos, responde a la escasez mundial de turbinas de gas provocada por la demanda de los centros de datos.
La apuesta por los satélites con IA y la ciberseguridad
Mientras tanto, SpaceX también tiene planes para llevar la IA al espacio. La compañía prevé lanzar en el cuarto trimestre de 2027 sus primeros satélites equipados con tecnología de IA de Nvidia, un proyecto que busca llevar centros de computación a la órbita. Según Musk, estos sistemas serán más ligeros, compactos y baratos que la infraestructura convencional, y aprovecharán la energía solar disponible en el espacio.
En el ámbito de la ciberseguridad, Musk también ha hecho sus apuestas. El magnate pronostica que la IA superará la capacidad humana para hackear antes de finales de 2027. Una predicción que coincide con la divulgación de una vulnerabilidad crítica en JFrog Artifactory, una plataforma utilizada por equipos de desarrollo para almacenar y distribuir paquetes de software. La falla, con una puntuación de 9,8 sobre 10, no requiere autenticación y expone las configuraciones predeterminadas del sistema.

La relación entre la IA y la ciberseguridad es cada vez más estrecha. Modelos de OpenAI ya han demostrado ser capaces de encontrar vulnerabilidades de día cero en sistemas ampliamente utilizados, y los expertos advierten que las empresas necesitan defensas autónomas para hacer frente a ataques automatizados. “Asume que todo lo tachable será hackeado, y será hackeado de forma autónoma”, recomienda Guillermo Rauch, CEO de Vercel.
Con todo esto sobre la mesa, la estrategia de Musk en el mundo de la IA se perfila como una carrera contrarreloj. Comprar empresas, acumular infraestructura, fabricar sus propias piezas y llegar antes que nadie a un escenario donde los modelos escapen al control humano. Una apuesta que, según sus propias palabras, no está exenta de riesgos, pero que el magnate parece decidido a liderar. Eso sí, el camino no será fácil: los problemas de Grok, la falta de energía y la competencia de OpenAI y Anthropic son obstáculos que tendrá que superar si quiere convertir a SpaceX en el referente de la inteligencia artificial.

