Así creaban los efectos de sonido en Walt Disney en los años 40

Muchos espectadores que van al cine creen que la magia que se vive en las salas de proyección tiene que ver, sobre todo, con los efectos especiales, esos gráficos generados por ordenador que ya son capaces de hacernos creer que cualquier cosa es posible y que saliendo de ahí, no hay mucho más donde mirar dentro del proceso creativo de un film. Pero nada más lejos de la realidad, ¿sabes por qué?

Así se trabajaba hace 80 años

Internet esconde tesoros audiovisuales que muchas veces no encontramos porque no sabemos que están ahí, y una prueba es el vídeo rescatado por la cuenta @LostinHistory en Twitter, que nos recupera un bonito documental de apenas dos minutos donde podemos ver cómo los técnicos sonorizan un corto de animación de Walt Disney en el lejano año 1941. Puedes verlo justo aquí debajo.

Aunque pueda parecer extraño, no pienses que se trabaja de forma muy distinta en la actualidad, sobre todo en aquellas películas que quieren tener su propio universo de sonidos y no recurren a las inmensas bibliotecas prefabricadas de efectos que tienen disponibles los cineastas.

En el vídeo podemos ver el arte de crear sonidos sincronizados con lo que ocurre en pantalla, y que son los que realmente dan vida a los dibujos animados: los silbatos, los engranajes del motor comenzando la marcha, las tejas saltarinas dejando sus notas de color y esa voz femenina de la locomotora antes del salto por el puente destrozado.

Como te decimos, poco han cambiado las cosas porque aquellas películas que cuidan su pista de sonido hasta el último detalle replican estas mismas técnicas hoy en día, en las que alguien, con un objeto en la mano, es capaz de crear la ilusión de realidad incluso inventando efectos que nunca antes habíamos escuchado. ¿O acaso sabías cómo sonaba un wookie antes de conocerlo en La Guerra de las Galaxias?

Un bonito recordatorio

No hará falta decir que el cine es imagen y sonido, y que además de los diálogos de los actores y esos maravillosos temas compuestos por John Williams, existe lo que se conoce como efectos de sonido. Un territorio dentro de la postproducción que viene a llenar los huecos dejados por el rodaje en el set, donde muchas veces no es posible captar ese ruido que el director quiere que se resalte dentro de la escena.

En la actualidad, las películas pasan casi todas por el proceso de sonorización, donde se reconstruye prácticamente toda esa pista de sonido donde van los pasos, las puertas que se abren y cierran, las explosiones y ese ruido de sables láser cuando se cruzan en el aire. Más si cabe si se aplican después efectos espaciales y cada uno tiene que estar situado en un determinado lugar dentro del escenario 3D de la escena.

Ben Burtt, por ejemplo, es uno de los referentes de la industria desde su descomunal trabajo en toda la saga Star Wars desde 1977 o sus posteriores participaciones en En Busca del Arca Perdida o Wall-E. Ha participado en decenas de películas de primer nivel a las que ha dado vida a través de un universo de efectos completamente únicos que, en esencia, se siguen obteniendo de la misma forma en que Disney lo hacía hace 81 años.

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