La 98ª ceremonia de los Premios Oscar dejó una de esas noches que dan mucho que hablar en el Dolby Theatre de Los Ángeles. Lejos de limitarse a una sucesión de sobres y agradecimientos, la gala de 2026 combinó espectáculo, reivindicación política y un evidente pulso entre el cine de autor y las superproducciones más taquilleras.
En un año en el que el suspense había estado muy vivo hasta el último momento, la Academia terminó confirmando lo que muchos intuían: la comedia dramática “Una batalla tras otra” se erigió como la gran vencedora, mientras que “Los pecadores”, pese a llegar como favorita absoluta, tuvo que conformarse con menos premios de los esperados, aunque todos de enorme peso simbólico.
Una gala histórica con Conan O’Brien al frente
La ceremonia volvió a contar con Conan O’Brien como maestro de ceremonias por segundo año consecutivo, una decisión que la Academia ha explotado al máximo. Con un arranque en tono paródico, reinterpretando el personaje de Amy Madigan en “Weapons”, el cómico marcó el tono de una noche en la que el humor ácido convivió con alusiones constantes a la situación política internacional.
O’Brien no evitó el contexto de tensiones bélicas y crisis global, advirtiendo desde el inicio de que la velada podía tornarse política. Entre chistes sobre la seguridad reforzada en el teatro y referencias a la cultura pop estadounidense, fue hilando comentarios que apuntaban a líderes mundiales y a la propia industria televisiva, dejando a la audiencia la tarea de leer entre líneas.
En el patio de butacas se dieron cita algunas de las personalidades más reconocidas de Hollywood y del cine internacional: Nicole Kidman, Ewan McGregor, Pedro Pascal, Chris Evans, Adrien Brody, Paul Mescal y una amplia nómina de estrellas subieron al escenario para entregar premios. Entre ellas destacó el español Javier Bardem, que volvió a aprovechar su presencia para lanzar un mensaje político que resonó en Europa y especialmente en España.
“Una batalla tras otra”, gran triunfadora de la noche
La película de Paul Thomas Anderson, “Una batalla tras otra” (“One Battle After Another” en su título original), llegó a la gala con 13 nominaciones y salió convertida en la gran triunfadora con seis estatuillas. Se llevó los Oscar a mejor película, mejor dirección, mejor guion adaptado, mejor montaje, mejor reparto (la nueva categoría de casting) y mejor actor de reparto para Sean Penn.
Este reconocimiento supone, en la práctica, la consolidación definitiva de Anderson como uno de los grandes autores del cine contemporáneo, después de años acumulando candidaturas sin el respaldo mayoritario de la Academia. El director aprovechó su discurso como mejor realizador para dirigirse a sus hijos y a la generación más joven, reconociendo el “desastre de mundo” que heredan y animándoles a aportar “sentido común y decencia” en un contexto cada vez más polarizado.
El premio a Sean Penn como mejor actor de reparto, su tercera estatuilla tras “Mystic River” y “Mi nombre es Harvey Milk”, tuvo un matiz llamativo: el actor no acudió a recogerlo, convirtiéndose en una de las grandes ausencias de la velada. En contraste, Teyana Taylor, también parte del elenco, se convirtió en una de las presencias más carismáticas de la gala, contagiando su entusiasmo cada vez que la enfocaban las cámaras.
“Los pecadores”: récord de nominaciones y cuatro premios clave
Si en la previa todo apuntaba a un duelo cerrado, ese pulso se encarnó en “Los pecadores” (“Sinners”), el thriller sobrenatural de vampiros sureños dirigido por Ryan Coogler. La película llegó a la 98ª edición de los Oscar con 16 nominaciones, batiendo el récord que hasta ahora compartían “Eva al desnudo”, “Titanic” y “La La Land”, todas con 14 candidaturas.
Pese a esa avalancha de nominaciones, el filme terminó la noche con cuatro estatuillas, pero todas en categorías de enorme prestigio: mejor actor protagonista para Michael B. Jordan, mejor guion original, mejor fotografía y mejor banda sonora original. No hubo victoria en mejor película ni en dirección, pero el conjunto refuerza a la cinta como uno de los grandes títulos del año.
El Oscar a Michael B. Jordan fue uno de los momentos más comentados de la gala, sobre todo porque dejó sin premio a Timothée Chalamet, favorito durante buena parte de la campaña por “Marty Supreme”. La victoria de Jordan, sumada al trabajo de la directora de fotografía Autumn Durald Arkapaw —primera mujer en ganar el Oscar de fotografía por su labor en “Los pecadores”— y a la banda sonora firmada por Ludwig Göransson, cimenta el impacto de un título que ha conectado tanto con la crítica como con el público.
“Frankenstein” domina en los apartados visuales y de diseño
Entre las producciones que partían con muchas opciones también figuraba “Frankenstein”, la reinvención del clásico a cargo de Guillermo del Toro. Con nueve nominaciones, el filme no llegó a competir por la corona absoluta, pero se aseguró un peso específico en categorías técnicas clave.
La película se hizo con tres Oscar: mejor diseño de producción, mejor vestuario y mejor maquillaje y peluquería. Estos premios reconocen la capacidad del cineasta mexicano para construir mundos visuales ricos y detallados, apoyados en decorados, texturas y caracterizaciones que marcan la diferencia frente a otras propuestas de terror y fantasía.
El trabajo de Kate Hawley en el vestuario y el del equipo de maquillaje y peluquería, liderado por profesionales como Mike Hill, Cliona Furey y Jordan Samuel, recibió un aplauso unánime. Su trabajo consolidó a “Frankenstein” como el gran referente estético de la edición, por encima incluso de producciones tan potentes visualmente como “Avatar: Fuego y ceniza”, que se impuso en mejores efectos visuales pero no en los apartados de diseño.
Animación, documental y cortometrajes: triunfos que amplían el mapa del cine
En el terreno de la animación, la estatuilla a mejor largometraje animado fue para “Las guerreras K-pop” (“K-Pop Demon Hunters”), que se impuso a títulos como “Arco”, “Zootrópolis 2”, “Little Amélie” y “Elio”. Más allá del premio principal, la película redondeó su triunfo con el Oscar a mejor canción original por “Golden”, compuesta por EJAE y Mark Sonnenblick.
El apartado documental tuvo también una fuerte carga política. El Oscar a mejor largometraje documental fue para “Mr. Nobody contra Putin” (“Mr. Nobody Against Putin”), por delante de trabajos como “The Alabama Solution”, “Come See Me in the Good Light”, “Cutting Through Rocks” o “The Perfect Neighbor”. La elección refuerza la tendencia de la Academia a premiar obras que abordan conflictos geopolíticos y tensiones de poder desde una perspectiva crítica.
En cuanto a los cortometrajes, la Academia repartió el protagonismo entre varias producciones. El Oscar a mejor cortometraje documental fue para “Todas las habitaciones vacías” (“All the Empty Rooms”), mientras que “The Girl Who Cried Pearls” se impuso como mejor corto de animación. En ficción se produjo una situación poco habitual: compartieron foco “The Singers” y “Dos personas intercambiando saliva” (“Two People Exchanging Saliva”), títulos que han destacado en el circuito de festivales por su mezcla de riesgo formal y accesibilidad.
La internacionalización de los Oscar: Europa y Latinoamérica en el centro
La categoría de mejor película internacional fue una de las más seguidas desde Europa, algo que también quedó patente en la gala y los principales hitos de los Premios Platino. El premio recayó finalmente en “Valor sentimental” (“Sentimental Value”), producción noruega dirigida por Joachim Trier, que competía con la brasileña “El agente secreto”, la coproducción francesa “Un simple accidente”, la tunecina “La voz de Hind” y la española “Sirât”.
El triunfo de Noruega confirmó la fortaleza del cine europeo de autor en la carrera de premios, con Renate Reinsve y otros intérpretes del reparto presentes en varias quinielas. Sin embargo, desde la perspectiva española, la atención estaba puesta en “Sirât”, la apuesta de nuestro cine para la categoría internacional y también candidata en mejor sonido, donde se vio superada por “F1: la película”.
La derrota de “Sirât” dejó un sabor agridulce en la industria española, que veía en estas nominaciones una oportunidad clara de visibilidad global. Pese a irse de vacío, la presencia de la cinta de Oliver Laxe en dos categorías de alto perfil refuerza la idea de que el cine en español mantiene una presencia sostenida en los grandes escaparates internacionales.
La nueva categoría de mejor casting y su impacto
Una de las grandes novedades de esta 98ª edición ha sido la introducción de la categoría de mejor casting, la primera incorporación de una nueva disciplina en más de dos décadas. El Oscar fue para Cassandra Kulukundis por su trabajo en “Una batalla tras otra”, derrotando a los equipos de “Hamnet”, “Marty Supreme”, “Los pecadores” y “El agente secreto”.
Este premio supone un reconocimiento explícito a una labor que, hasta ahora, quedaba en un segundo plano pese a ser fundamental para el resultado final de cualquier película. La forma en que Kulukundis ha combinado intérpretes consagrados con rostros emergentes ha sido clave para el éxito de la cinta de Anderson, y la Academia ha querido subrayarlo en un momento en el que la diversidad de repartos y la representación en pantalla están en el centro del debate.
Actuaciones musicales, «In Memoriam» y protagonismo en el escenario
Más allá de los premios, la gala dejó varios momentos de espectáculo puro. Uno de los más comentados fue la actuación de Barbra Streisand en homenaje a Robert Redford, que emocionó a buena parte de la platea. También destacó el número de “Las guerreras K-pop”, que transformó el Dolby Theatre en un concierto con coreografías milimetradas y un juego de luces que incluso hizo bailar, linterna en mano, a directores como Steven Spielberg.
El clásico segmento del “In Memoriam” volvió a tener un peso especial. Los discursos que acompañaron las imágenes recordando a figuras como Rob Reiner, Catherine O’Hara o Diane Keaton fueron especialmente emotivos, subrayando la sensación de cambio generacional en la industria del cine.
Discursos políticos y foco en la actualidad internacional
Si algo marcó esta edición fue la clara presencia de mensajes políticos. Desde el inicio, Conan O’Brien avisó de que la noche podía tornarse incómoda para algunos espectadores. A lo largo de la gala, varios premiados y presentadores aludieron a la libertad de expresión, a la censura mediática y a los conflictos abiertos en distintas partes del mundo.
El momento que más repercusión tuvo en Europa fue, sin duda, el protagonizado por Javier Bardem. Antes de anunciar la ganadora a mejor película internacional, el actor español, acompañado por Priyanka Chopra Jonas, lanzó un contundente «No a la guerra. Palestina libre», recuperando además las insignias y mensajes que ya había mostrado años atrás en otros contextos bélicos. Su intervención fue seguida con atención desde España, y volvió a situar a la comunidad cinematográfica en el debate sobre el papel político de las estrellas.
Otros momentos con carga reivindicativa llegaron de la mano de cómicos como Jimmy Kimmel, que hizo referencia a países cuyos líderes no apoyan la libertad de prensa, o a decisiones controvertidas de cadenas como CBS relacionadas con la emisión de entrevistas políticas. Sin mencionar directamente a todos los implicados, los presentadores hicieron que parte de la crítica se centrase en cómo Hollywood gestiona sus propias contradicciones mediáticas.
Los otros grandes nombres de la noche
Aunque el duelo entre “Una batalla tras otra” y “Los pecadores” copó la mayor parte de titulares, la gala dejó espacio para otros títulos que no conviene pasar por alto. “Hamnet”, dirigida por Chloé Zhao, vio cómo Jessie Buckley se llevaba el Oscar a mejor actriz protagonista por un papel tan celebrado como desgarrador. El filme estuvo también muy presente en apartados como guion adaptado, banda sonora, diseño de producción y vestuario, aunque se quedó sin estatuillas en esas categorías.
En el apartado europeo, más allá del triunfo de “Valor sentimental” como mejor película internacional, la producción noruega sumó presencia importante en las categorías de actuación y guion. Intérpretes como Renate Reinsve, Elle Fanning o Inga Ibsdotter Lilleaas aparecieron de forma recurrente en las nominaciones, consolidando un año especialmente fuerte para el cine nórdico.
También quedaron en la retina los reconocimientos a producciones de gran despliegue técnico como “F1: la película”, que se impuso en mejor sonido, o “Avatar: Fuego y ceniza”, vencedora en mejores efectos visuales. Ambas refrendaron la capacidad de Hollywood para seguir marcando el paso en lo que a tecnología aplicada al cine se refiere, con un nivel de detalle sonoro y visual que sitúa el listón muy alto para futuros blockbusters.
Un año sin premios para “Sirât”, pero con impacto en España

Para el público español, uno de los focos principales de la gala estaba puesto en “Sirât”, la película de Oliver Laxe que llegaba con nominaciones a mejor película internacional y mejor sonido. Finalmente, el filme no consiguió materializar ninguna de las dos candidaturas, superado por “Valor sentimental” y “F1: la película” respectivamente.
Aun así, la presencia de “Sirât” en categorías de tanta visibilidad se ha percibido en España como una validación del auge del cine independiente español y europeo. En un año en el que Cannes ya había adelantado varios de los títulos que terminarían plantándose en los Oscar —de “El agente secreto” a “La voz de Hind”, pasando por “Valor sentimental”—, la cita de Los Ángeles confirmó la sintonía entre los grandes festivales europeos y la Academia estadounidense.
La 98ª edición de los Oscar deja así una fotografía muy clara: el reconocimiento masivo a “Una batalla tras otra” como gran ganadora; la confirmación de “Los pecadores” como fenómeno que combina popularidad y prestigio; la consolidación de “Frankenstein” y “Las guerreras K-pop” en sus respectivos terrenos; y una presencia internacional en la que Europa —con Noruega y España como referentes este año— mantiene el pulso a Hollywood. Todo ello en una gala en la que el cine no solo celebró sus logros creativos, sino que volvió a situarse, con mayor o menor sutileza, en el centro de las conversaciones políticas y sociales del momento.