José Sacristán, uno de los actores más queridos y respetados del panorama español, sigue demostrando que la edad es solo un número. A sus 88 años, el intérprete de Chinchón continúa subiéndose a los escenarios con la misma pasión de siempre, y ahora recorre el país con su espectáculo ‘El hijo de la cómica’, un sentido homenaje a su amigo Fernando Fernán Gómez. Pero no solo eso: su vitalidad y su particular forma de entender la vida han dado mucho que hablar, y él mismo se ha encargado de compartir sus rutinas y reflexiones en varias entrevistas.
Lejos de retirarse, Sacristán se mantiene activo tanto en lo profesional como en lo personal. Su día a día, su alimentación, sus hábitos de descanso y su visión del mundo actual son temas que ha abordado con una franqueza que le caracteriza. En este artículo repasamos todo lo que ha contado recientemente, desde su desayuno hasta sus opiniones sobre la inteligencia artificial, pasando por su amor por el teatro y su pueblo natal.
Una carrera de siete décadas
Nacido en 1937 en Chinchón, José Sacristán ha construido una trayectoria impresionante que abarca más de sesenta años. Desde sus inicios como mecánico hasta convertirse en una leyenda viva de la interpretación, ha trabajado con directores como Eloy de la Iglesia, Mario Camus o Pedro Olea. Ha ganado dos premios Goya, el segundo de ellos honorífico en 2022, y ha recibido el Premio Nacional de Cinematografía. Su carrera es un ejemplo de dedicación y amor por el oficio, y él mismo reconoce que el teatro es su gran pasión.
El actor ha confesado que no le gusta madrugar, y que se acuesta tarde, a veces hasta las cuatro de la mañana, leyendo o escuchando música. Su desayuno es muy ligero: un yogur de frutas y un vaso de agua, y nada más. Además, atribuye su buena forma a los ajos de su tierra, que considera ‘mano de santo’.
Su rutina diaria y sus hábitos
A pesar de no practicar deporte de forma habitual, Sacristán se mantiene en forma gracias a los paseos diarios. Caminar es su principal ejercicio físico, y lo hace tanto en Madrid como cuando está de gira. También cuida su voz con ejercicios de respiración y vocalización antes de cada función. El escenario es, para él, su mejor entrenamiento.
En cuanto a su descanso, duerme las horas que necesita, incluso hasta diez si puede. Esa es una de las razones por las que ha dejado de hacer cine, porque requiere madrugar y él no quiere. ‘No quiero madrugar más’, ha dicho en varias ocasiones. Prefiere el teatro, que le permite un horario más flexible.
Su vida personal también es tranquila. Comparte su tiempo con su pareja, la actriz Amparo Pascual, y disfruta de sus hijos y nietos. Le gusta rodearse de su gente en Chinchón, donde mantiene amistades de toda la vida y donde se siente como en casa.
El teatro como forma de vida
Actualmente, José Sacristán está inmerso en la gira de ‘El hijo de la cómica’, una obra que dirige y protagoniza, y que es un homenaje a Fernando Fernán Gómez. Este proyecto le permite seguir haciendo lo que más le gusta sin renunciar a su ritmo de vida. El actor asegura que mientras la naturaleza le dé cuerda, seguirá jugando a este maravilloso oficio.
El teatro le ha dado todo, y él lo devuelve con creces. Su compromiso con las tablas es total, y no concibe su vida sin ellas. A sus 88 años, sigue viajando por toda España con su espectáculo, y el público le responde con cariño y admiración.
Su visión del mundo actual
En sus últimas entrevistas, Sacristán ha mostrado su preocupación por la deriva del mundo. La inteligencia artificial le produce escalofríos, y cree que la tecnología está descuidando el humanismo. También critica la desfachatez de los que manejan el cotarro, y aboga por la educación como base de todo.
A pesar de todo, mantiene una actitud positiva. La ilusión es su terapia, y asegura que no es difícil mantenerla si se tienen claras las prioridades. ‘Hay cosas que no merecen la pena del engaño y la impostura’, afirma con su característica franqueza.
Con más de ocho décadas a sus espaldas, José Sacristán sigue siendo un referente indiscutible de la cultura española. Su vitalidad, su amor por el teatro y su honestidad a la hora de hablar de la vida le convierten en un personaje único. Entre giras, paseos y reflexiones, el actor demuestra que la edad es solo un número cuando se tiene pasión por lo que se hace. Y él, desde luego, la tiene de sobra.