
Parecía que el salto de la pequeña a la gran pantalla iba a ser un paseo triunfal, pero la realidad de las salas de cine es mucho más tozuda de lo que los analistas de Lucasfilm habían previsto. El regreso de Star Wars a las salas tras varios años de ausencia no ha provocado las colas kilométricas de antaño, dejando una sensación agridulce en una industria que esperaba un revulsivo mayor para este inicio de temporada.
Aunque Din Djarin y su inseparable compañero verde siguen teniendo el cariño de la gente, parece que la dinámica de consumo ha cambiado drásticamente. Muchos espectadores se han acostumbrado a disfrutar de estas aventuras desde la comodidad del sofá, y convencerles para que paguen una entrada y el parking no está siendo tan sencillo como activar una suscripción mensual, lo que se ha traducido en unos números que, sin ser un desastre absoluto, están lejos de los hitos históricos de la marca.
El rendimiento global y el bache en el mercado estadounidense
En Estados Unidos, la situación ha encendido algunas alarmas debido a una caída del 69% en la recaudación durante su segundo fin de semana. Este desplome es superior incluso al que sufrió en su día el Episodio VIII, lo que indica que el interés del público general, más allá de los fans acérrimos que fueron el primer día, ha caído en picado frente a propuestas más frescas que han sabido conectar mejor con los jóvenes.
Si echamos un vistazo a la calculadora, el proyecto manejaba un presupuesto de producción de 165 millones de dólares, una cifra bastante contenida para los estándares de la saga pero que sigue exigiendo un rendimiento sólido. Actualmente, la cinta acumula unos 246 millones de dólares en todo el mundo, una cantidad que la sitúa por detrás de lo que consiguió en su momento el spin-off de Han Solo, el cual hasta ahora ostentaba el título de inicio más flojo de la franquicia bajo el paraguas de Disney.
La situación en España y el factor meteorológico
En nuestro país, el debut no ha sido precisamente para tirar cohetes, logrando una cifra de 1,6 millones de euros en su primer fin de semana largo. A pesar de liderar el ranking, es el peor arranque histórico para una película de la saga en territorio español, algo que se explica en parte por la brutal ola de calor que ha invitado más a irse a la playa o a la piscina que a encerrarse en una sala oscura.
Durante su segunda semana en la cartelera nacional, la película ha mantenido el tipo con 810.000 euros adicionales, sumando un total que supera ligeramente los 3,3 millones de euros. No obstante, las comparaciones son odiosas: otros estrenos recientes de la propia casa Disney han logrado doblar estas cifras en el mismo periodo de tiempo, confirmando que a Grogu le está costando fidelizar a ese público ocasional que antes no se perdía ni una sola cita galáctica.
Para que la operación no suponga pérdidas directas en su paso por los cines, los expertos sitúan el punto de rentabilidad por encima de los 400 millones de dólares. Alcanzar esa cifra se antoja ahora mismo una misión complicada, especialmente con la llegada de competidores directos que le van a robar pantallas y atención mediática en las próximas semanas, lo que obligará a Disney a decidir cuánto tiempo mantiene la cinta en cartelera antes de enviarla a su plataforma de streaming.
Estrategia comercial y el futuro de la franquicia
A pesar de la frialdad de los datos, en los despachos de Disney parecen mantener la calma porque saben que el fenómeno comercial de Baby Yoda trasciende las butacas. La venta de juguetes, peluches y todo tipo de derivados sigue generando beneficios milmillonarios, por lo que la película se entiende más como una pieza de marketing gigante para alimentar el ecosistema de la marca que como un producto que deba sostenerse únicamente por la venta de entradas.
De cara al futuro, la compañía ya tiene la vista puesta en nuevos proyectos como Star Wars: Starfighter, con la esperanza de que el fichaje de Ryan Gosling y un enfoque distinto vuelvan a generar esa sensación de acontecimiento mundial. La lección aprendida con este estreno es clara: la nostalgia y los personajes conocidos ya no bastan por sí solos para llenar los cines si la propuesta no se siente como algo verdaderamente único y necesario de ver en pantalla grande.
El recorrido comercial de esta aventura galáctica deja claro que, aunque la marca sigue gozando de una salud de hierro en las estanterías de las jugueterías, el formato cinematográfico necesita una brújula nueva para no perder el norte. El desempeño final de la película dependerá de cómo aguante el tirón en las próximas semanas y de si el mercado internacional logra compensar la falta de empuje en los territorios principales, asegurando así que las próximas historias de la saga lleguen con una estrategia más ajustada a los tiempos que corren.