
El estreno de Supergirl: Woman of Tomorrow ha dejado un sabor de boca bastante amargo en las oficinas de Warner Bros. Lo que prometĂa ser el gran despegue de Milly Alcock en la piel de Kara Zor-El se ha dado de bruces con una realidad que nadie querĂa ver venir. La pelĂcula ha pinchado en hueso con una taquilla que no llega ni de lejos a cubrir los desorbitados costes de producciĂ³n y marketing que se invirtieron en ella.
A pesar de que el terreno parecĂa abonado tras el Ă©xito previo de Superman, la prima del hombre de acero no ha logrado conectar con el gran pĂºblico de la misma manera. Los pasillos de DC Studios echan humo estos dĂas entre filtraciones y declaraciones que intentan explicar un batacazo que se veĂa venir desde que las primeras proyecciones de prueba empezaron a fallar estrepitosamente entre los asistentes antes del estreno.
Unas cifras que no perdonan en la cartelera
Si echamos un ojo a los nĂºmeros, la cosa se pone fea de verdad para los intereses del estudio. Con un presupuesto que baila entre los 170 y los 180 millones de dĂ³lares, a los que hay que sumar otros 120 millones en publicidad, haber recaudado apenas 37 millones en su primer fin de semana es para echarse a temblar. El desplome ha sido tal que muchos analistas ya calculan pĂ©rdidas que podrĂan rondar los 125 millones de dĂ³lares para la compañĂa.
Vaya tela con la comparaciĂ³n, pero es que la pelĂcula ha quedado incluso por debajo de otros fiascos recientes que fueron muy criticados en su momento. No es solo que la gente no haya ido al cine en masa, es que el boca a boca ha sido bastante regulero y no ha ayudado a remontar. En España y en el resto de Europa, el desinterĂ©s ha sido la tĂ³nica general, dejando claro que el nombre de Supergirl por sĂ solo no tiene el tirĂ³n suficiente para llenar las salas hoy en dĂa.
Conflictos en el rodaje y guerra de montajes

Parece ser que el lĂo no solo estaba en las butacas, sino tambiĂ©n detrĂ¡s de las cĂ¡maras durante toda la fase de posproducciĂ³n. Se comenta que James Gunn y el director Craig Gillespie no estaban precisamente en la misma onda creativa durante los meses de ediciĂ³n. La cosa llegĂ³ a tal punto que el estudio decidiĂ³ tomar el mando de la posproducciĂ³n para intentar arreglar lo que, segĂºn ellos, no terminaba de funcionar en el montaje original de Gillespie.
Hubo incluso una especie de competiciĂ³n interna entre dos versiones distintas de la cinta para ver cuĂ¡l funcionaba mejor. El director defendĂa un corte unos 11 minutos mĂ¡s largo, donde el villano Krem tenĂa algo mĂ¡s de desarrollo, pero el estudio prefiriĂ³ una versiĂ³n mĂ¡s corta y directa. Para meterle mano al asunto, trajeron a Jeremy Slater para reescribir partes del final y rodaron nuevas escenas durante nueve dĂas de emergencia, lo que demuestra que la confianza en el material original era mĂ¡s bien escasa.

Incluso la mĂºsica fue motivo de bronca constante entre las partes implicadas. Mientras el director querĂa usar ciertas canciones clĂ¡sicas, James Gunn impuso su criterio habitual de productor creativo con temas que no convencĂan a todos. Al final, la elecciĂ³n de un cover acĂºstico de una conocida canciĂ³n pop para la batalla final ha sido lo mĂ¡s criticado en redes sociales, porque a mucha gente le pareciĂ³ que pegaba como a un santo dos pistolas con el tono Ă©pico que se buscaba. Esta falta de sintonĂa se nota en el resultado final, que se siente un poco como un puzle mal encajado.
El futuro de James Gunn y los nuevos proyectos

A pesar de este jarro de agua frĂa, Peter Safran ha salido a dar la cara diciendo que esto es solo una pieza mĂ¡s de un engranaje mucho mĂ¡s grande. Aseguran que el plan a largo plazo sigue adelante y que no van a tirar la toalla por un mal estreno en taquilla. La idea es que Milly Alcock siga formando parte del universo DC en futuros proyectos y series, aunque estĂ¡ claro que este tropiezo les va a obligar a mirar con lupa cada paso que den a partir de ahora.
La prĂ³xima parada para intentar salvar los muebles es Clayface, que al tener un presupuesto mucho mĂ¡s ajustado de unos 40 millones, lo tiene mucho mĂ¡s fĂ¡cil para ser rentable si el pĂºblico responde mĂnimamente bien. TambiĂ©n todas las miradas estĂ¡n puestas en la secuela de Superman, bautizada como Man of Tomorrow, que deberĂa estrenarse en el año 2027. Si esa pelĂcula no arrasa, entonces sĂ que podrĂamos ver cambios importantes en la cĂºpula, ya que los contratos de los responsables actuales expiran por esas fechas.

En este escenario tan movidito, queda claro que la fatiga de los superhĂ©roes es una realidad que ya no se puede ignorar por mĂ¡s tiempo. Ya no vale con poner a alguien con capa a pegar puñetazos; el pĂºblico pide algo mĂ¡s de alma y, sobre todo, una identidad clara que esta pelĂcula no ha sabido encontrar. Las decisiones tomadas a golpe de regrabaciones y cambios de Ăºltima hora rara vez salen bien cuando se intenta forzar una visiĂ³n que no fluye de manera natural desde el guion.
La realidad es que el proyecto ha servido para poner sobre la mesa los problemas de identidad que arrastra la franquicia en su intento por renovarse. Entre el rechazo de parte del pĂºblico tradicional y la incapacidad de atraer a las nuevas generaciones, el estudio se encuentra en un punto de inflexiĂ³n bastante delicado. Solo el tiempo dirĂ¡ si este revĂ©s financiero es un bache en el camino o el aviso definitivo de que el modelo de grandes superproducciones necesita un cambio de rumbo radical para no terminar por agotar la paciencia de los espectadores que todavĂa acuden a las salas.

