Segundo capítulo de Watchmen o cómo dejar a los espectadores aún más desconcertados

HBO emitió hace unos días el segundo capítulo de Watchmen y si bien este episodio se encarga de responder algunas pequeñas (pero importantes cuestiones) también es cierto que es el caldo de cultivo para que se creen otras muchas. Y todo esto entre el desconcierto y la sorpresa del espectador, como no podría ser de otra manera.

Atención: en este episodio se comentan momentos de la trama del capítulo 1×02 de Watchmen. Léelo solo si ya lo has visto -a menos que te gusten los spoilers, claro.

Watchmen 1×02: Martial Feats of Comanche Horsemanship

El primer capítulo de Watchmen ya nos dejó claro que esta no es una serie de televisión cualquiera. La trama, los personajes, el ritmo impuesto… ver esta propuesta implica tener la mente abierta y esperarse absolutamente de todo. Y vaya si es así. Por tener, hemos tenido hasta un platillo volante en este episodio que, por fin, ha empezado a explicar algunos pequeños interrogantes que surgieron en el piloto.

Por ejemplo, hemos descubierto qué pasó exactamente en la llamada Noche Blanca y cómo este acontecimiento desencadenó que los policías de Tulsa llevaran máscaras para proteger su identidad. En la noche del 24 de diciembre un ataque coordinado de La Kaballería Blanca, el grupo supremacista blanco, se cobró la vida de todos los integrantes del cuerpo de policía de la ciudad, asaltando a la vez 40 casas. Solo se salvaron dos: Judd Crawford, el jefe de policía, y Angela Abraham, que forjaron a partir de ahí una relación mucho más profunda y fraternal.

También este acontecimiento explica el hecho de que los tres hijos de Angela sean blancos: no son hijos biológicos suyos, sino del que fue su compañero de profesión y que falleció junto a su mujer esa fatídica noche. Se entiende que la relación con él era tan estrecha que nuestra protagonista no dudó en hacerse cargo de los pequeños tras el asesinato.

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Otro dato muy relevante que se descubre durante este episodio tiene que ver con el misterioso hombre de la silla de ruedas. Su nombre es Will y deja de ser una incógnita (bueno, en parte) cuando descubrimos su relación con Angela: es su abuelo, parentesco que ella desconocía. Will sabe mucho más de lo que aparenta -ya el primer capítulo nos deja sospechar que era así- y habla a su nieta de una conspiración de la que no puede hacer ni una idea y de sus «amigos poderosos». No sabemos si son estos los encargados de salvar a Will al final del episodio, pero, sea como sea, nuestro misterioso anciano protagoniza una de las escenas más surrealistas del capítulo cuando es atrapado por una especie de platillo volante ante la atónita mirada de Angela, que no se cree lo que está viendo -te aseguro que la mía era bastante parecida desde el sofá de casa.

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Antes de eso, Will habrá dejado a su nieta una pista importante («Judd esconde esqueletos en su armario») que la lleva a descubrir un uniforme del Ku Klux Klan en el armario de Judd Crawford que deja a Angela totalmente descolocada: ¿significa que realmente Crawford era uno de los malos? Si es así, ¿por qué lo han matado?

En este episodio tienen una especial atención los relojes: aparecen en escena en numerosas ocasiones, marcando horas específicas, sirviendo como base de reflejo de otra escena… son sin duda uno de esos pequeños detalles que van sembrando en el espectador la duda inconscientemente y que seguro que tendrán mayor relevancia a medida que la trama avanza.

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Aunque para reloj… el de «atrezzo» de la obra de teatro de Adrian Veidt (Ozymandias). Recuerda que este personaje, extraído del cómic, se encuentra alejado de todo en un castillo y acompañado de dos sirvientes (la señorita Crookshanks y el señor Phillips) que le complacen hasta el extremo. Entre las particulares actividades que se prestan a hacer está la de representar una obra de teatro para su amo en la que recrean el origen de Dr. Manhattan -resulta muy relevante que precisamente Will mencione a este personaje en su cara a cara con Angela. Todo parece más o menos ¿normal? hasta que la señorita Crookshanks quema vivo al señor Phillips. Tras ello descubrimos que en realidad no es una gran pérdida: el sirviente calcinado no es más que un clon más de los muchos que aparentemente Ozymandias ha creado durante este tiempo. Rápidamente un nuevo clon pasa a ocupar el sitio del anterior señor Phillips y aquí no ha pasado nada.

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Por cierto, ¿ves la imagen superior? Corresponde a un momento en el que la policía, totalmente convencida de que la muerte de Judd ha sido causada por los supremacistas blancos, se planta en una especie de campamento dispuesta a interrogar a la gente digamos que por las malas –fantástico el momento «amenaza con derribo de estatua caricaturizada». Angela manifiesta su oposición al respecto y cree que es un auténtico error, sin embargo, se termina ensañando con un hombre que intenta atacarla de manera desproporcionada, demostrando la rabia y desconcierto que el personaje siente por dentro en estos momentos tras la muerte de su jefe.

 

Un capítulo, como ves, bastante raro, pero lleno de información que seguro que no hace más que seguir liándose en el siguiente episodio. Por lo pronto quedan muchas cuestiones en el aire: ¿a dónde ha ido Will? ¿por qué Angela encuentra tan fácilmente el uniforme del Ku Klus Klan (es acaso una trampa)? ¿qué demonios hace Oxymandias con tantos clones? ¿qué vinculación tiene American Hero Story, el programa ficticio del hombre enmascarado, con la serie? ¿podemos fiarnos del senador Keene, quien parece saber (aunque lo disimule) que Angela es policía?

Mientras pensamos en las respuestas a estas preguntas, te dejamos con el tráiler del capítulo 3. Todo tuyo.