El Festival de Les Arts ante las cuerdas: el bajo volumen y el malestar marcan una edición marcada por el silencio

  • La organización impuso un estricto lĆ­mite de 85 decibelios que convirtió los conciertos en meros susurros para gran parte del pĆŗblico.
  • Varios artistas, entre ellos Leire MartĆ­nez y SiloĆ©, interrumpieron sus actuaciones o mostraron mensajes de protesta por las condiciones tĆ©cnicas.
  • A pesar de las restricciones para evitar sanciones, las mediciones en zonas residenciales superaron los lĆ­mites permitidos por la ordenanza municipal.
  • La indignación se ha trasladado a las redes sociales, donde los asistentes critican la falta de transparencia y la reducción de los horarios.

Problemas de sonido en el Festival de Les Arts en Valencia

La undécima edición del Festival de Les Arts ha arrancado en Valencia con una atmósfera cargada de tensión que poco tiene que ver con el espíritu festivo de años anteriores. Lo que debería haber sido una celebración por todo lo alto en la Ciutat de les Arts i les Ciències se ha visto empañado por un problema técnico y administrativo sin precedentes que ha dejado a miles de asistentes con la miel en los labios. Tras un complicado escenario judicial que ya había obligado a otros eventos a buscar nuevas ubicaciones, la promotora decidió mantener el recinto original, pero el precio a pagar ha sido una limitación sonora que ha transformado los grandes himnos del indie nacional en poco mÔs que música ambiental.

Desde el primer momento en que las bandas empezaron a tocar, quedó claro que la jornada iba a ser de todo menos tranquila. Los limitadores instalados en cada escenario para no rebasar los 85 decibelios se convirtieron en el enemigo número uno tanto de los músicos como de los fans, que no daban crédito a lo que estaban escuchando. Los pitos y el ya famoso cÔntico de «no se oye» se hicieron constantes, reflejando el chasco de quienes habían pagado una entrada esperando un despliegue de potencia que nunca llegó a materializarse por completo en el recinto.

Artistas y público unidos en la indignación

La situación alcanzó puntos crĆ­ticos con actuaciones como la de la banda Ɖxtasis, que vio cómo su sonido se cortaba continuamente. Al parecer, el umbral permitido de tan solo 80 decibelios en el escenario cubierto era tan ajustado que el propio ruido de la gente hacĆ­a saltar los sistemas de protección, impidiendo que el equipo de audio funcionara mĆ­nimamente bien. No fueron los Ćŗnicos; Leire MartĆ­nez protagonizó uno de los momentos mĆ”s comentados al abandonar el escenario unos minutos tras comprobar que su voz apenas llegaba a las primeras filas, regresando despuĆ©s con un gesto visiblemente molesto ante un problema que se le escapaba de las manos.

Artistas protestando en el Festival de Les Arts

Otros grupos como Pignoise o La La Love You no dudaron en utilizar el micrófono para dejar claro que ellos no eran los responsables de ese «volumen de susurro». El caso de Siloé fue quizÔs el mÔs directo, con su líder portando carteles en los que se leía que lo que estaba ocurriendo era una auténtica vergüenza para todos los implicados. Incluso los asistentes de la zona VIP, que suelen tener mejor acústica por su cercanía, admitían que la experiencia estaba siendo bastante floja y que el ambiente parecía mÔs el de un karaoke descafeinado que el de uno de los grandes festivales de la Comunidad Valenciana.

El pulso entre el ocio y el descanso vecinal

Fuera del recinto, la situación no era mucho mejor, ya que las restricciones no parecen haber contentado a nadie. A pesar de que la organización echó el cierre a la una de la madrugada para respetar el descanso de los barrios colindantes, las mediciones realizadas en zonas residenciales cercanas registraron picos de hasta 65 decibelios, superando los 55 que marca la normativa municipal de Valencia para esas horas. Esto deja al festival en una posición muy delicada, ya que el recorte drÔstico de volumen no ha evitado que se incumplan las ordenanzas, lo que podría acarrear sanciones económicas importantes en el futuro inmediato.

En las redes sociales, la mofa y la crítica han ido de la mano, con usuarios sugiriendo que el año que viene repartan sonotones con la pulsera o comparando el evento con una «silent disco» pero sin los auriculares necesarios para disfrutarla. Muchos abonados han mostrado su enfado por el hecho de que la promotora no avisara con antelación de estas limitaciones acústicas, mientras que los precios de los servicios dentro del festival se mantenían tan altos como siempre. La sensación de que el evento ha perdido parte de su esencia por la falta de previsión y el bloqueo institucional es unÔnime entre una audiencia que ya empieza a plantearse si volverÔ en próximas ediciones.

La jornada inaugural se despide dejando una imagen de incertidumbre sobre lo que pasarÔ en el resto del festival y en las futuras citas musicales de la zona. Con un público desencantado que ha pasado mÔs tiempo quejÔndose que bailando, y unos artistas que se sienten atados de pies y manos por la tecnología, el futuro de este tipo de eventos masivos en entornos urbanos consolidados parece estar colgando de un hilo muy fino. Solo queda esperar si las administraciones y los organizadores logran encontrar un punto medio que permita que la música siga sonando con la fuerza necesaria sin perturbar la paz de quienes viven a escasos metros del escenario.


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