OpenAI frena su estreno en Wall Street y pone en jaque al sector tecnológico

  • La compañía liderada por Sam Altman baraja posponer su salida a bolsa hasta el año 2027.
  • El objetivo de alcanzar una valoración de un billón de dólares choca con la actual volatilidad del mercado.
  • El desplome de SoftBank y las dudas en el sector de la IA han arrastrado a las bolsas europeas, incluido el Ibex 35.
  • El irregular comportamiento bursátil de SpaceX tras su debut ha servido como señal de alarma para los inversores.

Retraso de la salida a bolsa de OpenAI y su impacto en el mercado

El sector tecnológico está viviendo unos días de auténticos nervios en el parqué neoyorquino, con un Nasdaq que encadena varias sesiones a la baja y unas pérdidas acumuladas que ya superan el 6%. Lo que parecía una luna de miel interminable para las empresas vinculadas a la inteligencia artificial se ha topado con un muro de realidad que está haciendo revaluar las estrategias de los gigantes del sector ante un escenario de tipos de interés que no termina de despejarse.

En este contexto de incertidumbre, todas las miradas se han posado en OpenAI, la matriz del archiconocido ChatGPT, que parece haber echado el freno de mano a sus planes de saltar al mercado público. Según diversas fuentes cercanas al proceso, la firma estadounidense podría estar planteándose retrasar su salida a bolsa hasta 2027, rompiendo así con las expectativas iniciales que situaban su estreno bursátil en el parqué para finales de este mismo año o principios del siguiente.

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La ambición de Sam Altman y el muro del billón de dólares

A pesar de que OpenAI ya había iniciado los trámites confidenciales presentando el formulario S1 ante la SEC —el organismo regulador que vendría a ser nuestra CNMV—, la realidad del mercado es tozuda. El consejero delegado de la firma, Sam Altman, tiene entre ceja y ceja que la compañía debute con una valoración cercana al billón de dólares, una cifra astronómica que sus asesores financieros ven difícil de alcanzar en el clima actual de volatilidad extrema, considerando la realidad financiera de OpenAI.

Los bancos de inversión que trabajan con la startup, entre los que figuran nombres de peso como Goldman Sachs y Morgan Stanley, han advertido de que salir a bolsa ahora podría obligar a la empresa a aceptar una valoración inferior a la deseada. Ante esta tesitura, la cúpula de OpenAI parece inclinarse por esperar unos años más para fortalecer su balance como empresa privada, algo que les permitiría gestionar ciertos aspectos internos con menos presión mediática y regulatoria.

Un terremoto financiero que llega hasta Europa

La noticia no ha tardado en cruzar el charco y ha dejado un rastro de números rojos en las bolsas del Viejo Continente. El Ibex 35 español no ha sido ajeno a este movimiento, registrando caídas que lo han situado por debajo de niveles clave, arrastrado por el pesimismo generalizado que rodea a los valores tecnológicos. En este sentido, la falta de convicción de los inversores ha provocado que grandes corporaciones europeas vean cómo su capitalización disminuye en un efecto dominó que parece no tener fin.

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Uno de los grandes perjudicados de este cambio de guion ha sido SoftBank. El conglomerado japonés, que cuenta con una participación masiva en OpenAI y otras empresas de IA, ha visto cómo sus acciones se desplomaban más de un 12% en una sola jornada. Los inversores contaban con que el estreno bursátil de la creadora de ChatGPT aportara transparencia y liquidez a su cartera, pero este retraso supone un jarro de agua fría para sus planes de rentabilidad a corto plazo.

El fantasma de SpaceX y la cautela de los inversores

No es casualidad que los asesores de OpenAI estén pidiendo prudencia. En las reuniones mantenidas recientemente se ha puesto sobre la mesa el ejemplo de SpaceX, cuyo debut en el Nasdaq fue recibido con euforia para luego ver cómo su cotización volvía rápidamente a la casilla de salida. Este comportamiento errático ha servido como aviso para navegantes, demostrando que el interés de los inversores minoristas tiene un límite si no se percibe una estabilidad clara en los precios.

Además, el encarecimiento del coste del capital y las dudas sobre si la inteligencia artificial podrá mantener este ritmo de crecimiento exponencial han enfriado los ánimos. La posibilidad de que el entusiasmo por la IA sea una burbuja planea sobre Wall Street, y OpenAI prefiere no arriesgarse a ser la primera ficha en caer. Mantenerse como empresa privada por el momento les otorga el margen de maniobra necesario para seguir quemando etapas sin el escrutinio diario de los accionistas.

La situación actual nos deja un panorama donde la cautela se ha impuesto a la ambición desmedida que vimos a principios de año. El hecho de que la referencia mundial de la IA decida esperar indica que incluso los proyectos más sólidos necesitan un entorno más estable para dar el salto definitivo. De momento, parece que tendremos que esperar a que el calendario avance hacia 2027 para ver si finalmente OpenAI logra su objetivo de conquistar el mercado con esa valoración de récord que tanto ansían sus fundadores.

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