La alianza entre la constelación de Starlink y la operadora estatal Entel marca un nuevo capítulo en la expansión del internet satelital en América Latina, con Bolivia como uno de los focos más recientes. El país andino ha decidido apoyarse en las constelaciones de órbita baja para llevar conexión de alta velocidad a territorios donde las redes tradicionales apenas llegan o resultan inviables.
Con este movimiento, el Gobierno boliviano pretende reducir de forma drástica la brecha digital que separa a las grandes ciudades de las comunidades rurales y remotas. La prioridad pasa por conectar escuelas, centros de salud y hogares en zonas históricamente olvidadas por las infraestructuras de telecomunicaciones, siguiendo una tendencia que también se observa en otros países europeos y latinoamericanos que apuestan por soluciones satelitales para complementar la fibra y las redes móviles.
Starlink empieza a operar en Bolivia junto a Entel
El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, anunció oficialmente que Starlink ha comenzado a prestar servicio en todo el país de la mano de Entel. El mandatario subrayó que esta colaboración forma parte de un compromiso más amplio para “integrar cada rincón de la patria” y que la tecnología satelital será clave para llegar a las zonas de más difícil acceso.
Según explicó Paz, el acuerdo permite que el internet satelital alcance escuelas rurales, centros de salud y hogares en áreas alejadas de los grandes núcleos urbanos. La idea es que la ubicación geográfica deje de ser un freno para acceder a contenidos educativos, servicios públicos digitales o herramientas de trabajo en línea, algo que también preocupa a muchas regiones rurales en España y en otros países europeos.
El jefe del Estado recalcó que el Ejecutivo quiere “derribar las barreras digitales” para que el talento boliviano pueda competir a escala global. En su mensaje, definió este paso como un salto significativo hacia la modernización del país, en línea con las políticas que numerosas naciones están impulsando para no quedarse atrás en la economía digital.
Dentro de esta estrategia, el Gobierno ha adelantado que se impulsará la distribución de equipos satelitales en comunidades alejadas, facilitando la instalación de antenas allí donde no resulta rentable o técnicamente posible desplegar fibra óptica o torres de telefonía móvil. De este modo, se busca que la conectividad se convierta en un servicio tan básico como la electricidad o el agua.
El ministro de Obras Públicas, Servicios y Vivienda, Mauricio Zamora, remarcó que la incorporación de Starlink no implica desplazar a Entel ni al resto de operadores locales, sino que se integra como un complemento dentro de una estrategia de conectividad integral. El objetivo oficial es asegurar que cualquier persona, viva donde viva, pueda acceder a internet estable y de calidad.
Marco legal: el Decreto Supremo 5509 y la apertura a las constelaciones LEO
La llegada de Starlink a Bolivia se apoya en el Decreto Supremo 5509, aprobado en diciembre, que habilita la entrada y operación de proveedores de internet satelital de órbita baja en el país. Esta normativa se plantea como una herramienta para reducir la brecha digital en todo el territorio, abriendo el mercado a nuevas tecnologías y a más competencia.
El decreto no solo permite la actividad de Starlink, sino que abre la puerta a otras constelaciones globales como OneWeb o el proyecto Kuiper de Amazon. Se trata de un giro hacia un modelo más abierto, en el que diferentes actores internacionales puedan ofrecer servicios satelitales que complementen las infraestructuras ya existentes. El proyecto Kuiper de Amazon es un ejemplo de esa competencia emergente en LEO.
En paralelo, la misma disposición legal prevé la creación del primer polo digital en la ciudad de El Alto, cuya puesta en marcha está programada para febrero. Este espacio se concibe como un centro de innovación y servicios tecnológicos, que se irá extendiendo de manera progresiva a otras regiones del país.
La combinación de un marco normativo más flexible y la llegada de proveedores de órbita baja sitúa a Bolivia en una senda similar a la de varios países europeos que están actualizando sus leyes para integrar las constelaciones satelitales dentro de sus estrategias nacionales de conectividad. En todos estos casos, el objetivo es aprovechar la capacidad de estas redes para llegar donde no llega la infraestructura terrestre.
Este tipo de normas también buscan garantizar que la entrada de nuevos operadores se realice bajo criterios de competencia, seguridad y protección de datos, un debate que está igualmente muy presente en la Unión Europea. Aunque el contexto regulatorio es diferente, las preocupaciones sobre ciberseguridad, soberanía digital y regulación del espectro radioeléctrico son prácticamente las mismas.
Cómo funciona la red de Starlink y qué ofrece en Bolivia
Desde el punto de vista técnico, Starlink opera mediante una constelación de miles de satélites en órbita baja, situados a unos pocos cientos de kilómetros de la superficie terrestre. Esta arquitectura permite reducir la latencia de la señal frente a los satélites geoestacionarios tradicionales, ubicados a unos 36.000 kilómetros de altura.
Al disminuir la distancia entre los satélites y los usuarios, se consigue una experiencia de navegación más cercana a la de la fibra óptica, con menores retardos en videollamadas, juegos en línea o servicios en tiempo real. Esta mejora es especialmente relevante en zonas rurales, donde muchas veces la única alternativa eran conexiones lentas o inestables.
En Bolivia, el servicio residencial de Starlink se ha presentado con un precio mensual de 460 bolivianos, mientras que el kit de usuario —que incluye antena satelital y fuente de energía— tiene un coste de 2.200 bolivianos. Son cifras que colocan el producto en una franja de mercado que, si bien no es accesible para todos los bolsillos, puede resultar asumible para centros educativos, cooperativas, empresas locales o familias que compartan el servicio.
Para el segmento profesional, la compañía ofrece equipos de alto rendimiento orientados a operaciones críticas, con una vida útil estimada de unos diez años y una garantía de tres. Este tipo de soluciones está pensado para negocios, instituciones públicas o proyectos en entornos exigentes, como explotaciones agrícolas, instalaciones energéticas o servicios de emergencia.
El despliegue de Starlink no supone el abandono de los activos satelitales propios del país. De hecho, la estrategia oficial contempla la continuidad de los servicios del satélite Túpac Katari, que seguirá cumpliendo un papel relevante en la red de comunicaciones boliviana. Starlink se suma como una capa adicional dentro de un ecosistema tecnológico más amplio, en el que Entel mantiene su rol de operador estratégico.
Impacto en educación, salud y economía local
Una de las principales metas del proyecto es que el internet satelital llegue a las escuelas rurales, facilitando el acceso a plataformas educativas, clases en línea y recursos digitales que antes resultaban inalcanzables. Para muchos estudiantes de zonas alejadas, esta conexión puede marcar la diferencia entre seguir desconectados o poder continuar su formación en igualdad de condiciones con el resto del país.
En el ámbito sanitario, la conexión de alta velocidad permite impulsar servicios de telemedicina en centros de salud remotos, compartir historiales clínicos, participar en sesiones de formación para personal médico y realizar consultas a especialistas situados en ciudades principales o incluso en otros países.
Desde la perspectiva económica, las autoridades destacan que la expansión del internet satelital abre oportunidades para la producción agropecuaria, el comercio electrónico y el emprendimiento digital. Los pequeños productores pueden acceder a información de mercados, pronósticos meteorológicos, herramientas de gestión o plataformas de venta en línea, algo que también se está potenciando en numerosas zonas rurales de Europa.
La conectividad mejora igualmente las posibilidades de trabajo remoto y prestación de servicios a distancia, lo que puede contribuir a fijar población en áreas rurales y reducir la necesidad de migrar a las grandes ciudades. En la práctica, disponer de una conexión estable puede ser un factor clave para que jóvenes profesionales se planteen quedarse o regresar a sus comunidades de origen.
El Gobierno boliviano insiste en que la conectividad no se concibe solo como un servicio de ocio, sino como un requisito indispensable para la productividad y la inclusión digital. En este sentido, la experiencia de Bolivia puede resultar de interés para países europeos que afrontan desafíos similares en la cobertura de sus zonas rurales y de montaña, donde la infraestructura terrestre tampoco llega a todos lados.
El despliegue de Starlink en alianza con Entel, respaldado por un nuevo marco regulatorio y acompañado de proyectos como el polo digital de El Alto, representa un intento de dar un salto cualitativo en la conectividad del país, combinando recursos públicos y tecnología privada de última generación. Si las previsiones se cumplen, las comunidades rurales y remotas pasarán a tener un acceso mucho más amplio a educación, salud, servicios públicos y economía digital, acercando la realidad boliviana a la de otras regiones que ya están aprovechando el potencial del internet satelital.
