En plena tormenta de precios en el mercado de la memoria RAM, cuando prácticamente todos los fabricantes tecnológicos se están viendo obligados a replantear sus tarifas, Apple estaría preparando un movimiento que puede cambiar el tono de la próxima campaña de móviles en Europa. Según distintas filtraciones, la compañía de Cupertino planea mantener intacto el precio del iPhone 18 respecto a la generación actual.
La idea de congelar el precio del iPhone 18, incluidas las versiones Pro y Pro Max, llegaría justo cuando el coste de producir un smartphone es más alto de lo habitual y marcas rivales se ven presionadas a subir importes. El contexto no es precisamente sencillo: la escasez de RAM ha encarecido los componentes, muchas firmas más pequeñas se están planteando frenar lanzamientos este 2026 y el consumidor en Europa mira cada euro con más atención.
Un mercado tensionado por la falta de RAM

La crisis de oferta de memoria RAM está golpeando de lleno a toda la industria tecnológica: fabricantes de móviles, ordenadores, componentes y otros dispositivos se encuentran ante una escalada de costes que obliga a tomar decisiones incómodas. Para muchas compañías, la disyuntiva es clara: o suben precios y se arriesgan a perder ventas, o asumen una caída de márgenes que puede pasar factura en sus resultados.
En este escenario, varias marcas de menor tamaño en Europa y otros mercados estarían optando por dejar este 2026 casi en blanco, al menos en lo que respecta a grandes lanzamientos, esperando a que el precio de la RAM se estabilice. La elevada competencia y la presión de los canales de distribución complican todavía más cualquier intento de trasladar completamente los sobrecostes al consumidor final.
Esta tensión influye directamente en la gama alta, ese segmento donde se mueven terminales como el próximo iPhone 18 o los futuros Galaxy de Samsung. Los fabricantes que tradicionalmente competían por ofrecer las especificaciones más llamativas se ven ahora obligados a equilibrar muy bien hardware, precio y percepción de valor, especialmente en mercados como España, donde la sensibilidad al precio es cada vez mayor.
Con todo esto sobre la mesa, no sorprende que gran parte de las miradas del sector estén puestas en el movimiento de Apple. Lo que decida la compañía suele marcar la referencia para el resto, tanto en posicionamiento de precios como en la forma de estructurar la gama.
El plan de Apple: precio congelado para el iPhone 18

Las filtraciones apuntan a que Apple estaría decidida a mantener el precio del iPhone 18 en el mismo nivel que el de los modelos actuales. Esto afectaría tanto al modelo estándar como a las variantes Pro y Pro Max, algo especialmente relevante en Europa, donde la barrera psicológica de los 1.000 euros pesa mucho en la decisión de compra.
El movimiento llegaría, además, en un momento de transición interna: el cambio de CEO previsto para el 1 de septiembre, con John Ternus tomando las riendas, añade todavía más interés a la estrategia. Estrenar etapa con una política de precios agresiva, al menos en comparación con la subida generalizada del sector, podría enviar un mensaje claro a rivales, inversores y usuarios.
En paralelo, los rumores vuelven a situar en el horizonte la posibilidad de un modelo plegable dentro de la familia iPhone 18. Aunque por ahora esta idea se mantiene en el terreno de las especulaciones, serviría para reforzar el atractivo de la gama sin necesidad de disparar el precio de entrada del modelo base, que es el que más volumen de ventas concentra.
La clave del plan estaría en que, mientras otras marcas se ven casi obligadas a subir tarifas por el coste de la RAM y otros componentes, Apple apostaría por apretar sus propios márgenes en el corto plazo. La compañía confía en recuperar parte de ese esfuerzo a través del ecosistema de servicios y, de paso, ganar terreno frente a sus principales competidores.
Golpe directo a Samsung y a la competencia Android

Uno de los efectos más comentados de esta posible congelación de precios es el impacto directo en la competencia con Samsung. Los rumores del sector dan prácticamente por hecho que la firma coreana tendrá que encarecer su futura familia Galaxy S27 debido al incremento de costes en componentes clave como la RAM.
Si se cumple ese pronóstico y Samsung aumenta en torno a 100 euros el precio de sus próximos buques insignia, mientras Apple se mantiene donde está, la brecha percibida por los usuarios europeos podría estrecharse significativamente. Para muchos compradores que dudan entre un tope de gama Android y un iPhone, la diferencia de precio suele ser un factor determinante.
En países como España, donde el mercado libre y las ofertas de operadores juegan un papel importante, esa posible subida de los Galaxy frente a un iPhone 18 que no se encarezca puede inclinar la balanza. Aunque la decisión final depende de muchos otros elementos (cámara, sistema operativo, autonomía, ecosistema), la sensación de estar pagando más que el año anterior sin mejoras revolucionarias nunca es fácil de digerir.
Apple, por su parte, estaría dispuesta a asumir menos beneficio por unidad vendida en esta generación, pero con la idea de compensarlo con un aumento de cuota de mercado. Más iPhone vendidos suelen traducirse en más usuarios potenciales de servicios como iCloud, Apple Music o las compras en la App Store, que son una fuente de ingresos recurrente para la empresa.
Independencia de componentes: el módem C1 como pieza clave

Para poder sostener una estrategia de precios tan agresiva en un momento de costes al alza, Apple lleva años preparando el terreno. La compañía ha trabajado de forma constante para reducir al máximo su dependencia de proveedores externos en componentes críticos. La idea es clara: controlar más piezas del dispositivo para quedarse con una mayor porción del margen.
La gran protagonista de esta etapa es la familia de chips propios, entre ellos el módem C1, el componente de conectividad que debutó con el iPhone 16e y que, según los informes, debería estar presente ya en toda la gama iPhone 18. Con este movimiento, Apple se aleja definitivamente de Qualcomm y, sobre todo, deja de pagar las abultadas tasas de licencia asociadas a sus módems.
Esta independencia en conectividad se suma a la que la empresa ya ha ido consolidando en procesadores, coprocesadores y otros elementos internos. Al tener una cadena de diseño y producción más integrada, Apple puede ajustar mejor dónde recortar y dónde invertir sin depender tanto de las condiciones que pongan terceros, algo que resulta especialmente valioso en una crisis de componentes como la actual.
A la vez, distintos informes apuntan a que la compañía estaría asegurándose grandes volúmenes de memoria en el mercado, incluso pagando precios muy altos. El objetivo no sería solo garantizar el suministro para sus propios dispositivos, sino también dejar con menos margen de maniobra a competidores directos que dependen por completo de lo que haya disponible en los proveedores.
En la práctica, esta táctica supondría que Apple acepta ganar algo menos por cada iPhone en el corto plazo, pero a cambio refuerza su posición estratégica y presiona a otros fabricantes, obligados a elegir entre subir precios o recortar todavía más especificaciones.
Recortes en el iPhone 18 base para sostener el precio
No todo es perfecto en este plan. Las filtraciones también señalan que el iPhone 18 estándar podría llegar con recortes discretos en algunas características internas. No se trataría, en principio, de una degradación drástica, pero sí de ajustes suficientes como para que algunos usuarios más exigentes se lo piensen dos veces, del mismo modo que ya ha ocurrido con el actual iPhone 17.
El objetivo de estos recortes es evidente: mantener el precio del modelo base bajo control y evitar que supere con claridad la barrera de los 1.000 euros, algo especialmente delicado en Europa. En un contexto de inflación y subida generalizada de costes, sostener un PVP estable sin tocar lo que hay dentro es prácticamente imposible.
Entre los puntos donde Apple podría aflojar se encuentra el procesador del iPhone 18 estándar. Las opciones que se barajan pasan por reutilizar el chip de la generación anterior o lanzar una variante ligeramente menos potente, fabricada con un proceso algo menos avanzado que el utilizado en los modelos Pro. Esta táctica permitiría contener el coste sin afectar de manera dramática al rendimiento para el usuario medio.
Otro elemento bajo la lupa es la memoria RAM, que se ha convertido en uno de los problemas centrales por la subida de precio de este componente. Mientras algunos esperaban que Apple siguiera la línea marcada por los iPhone 17, donde toda la gama compartía 12 GB de RAM, los rumores sugieren que aquella alegría podría haber sido pasajera.
Para el iPhone 18, la compañía podría optar por montar menos cantidad de RAM o utilizar módulos algo más lentos en el modelo base. Este ajuste recortaría costes sin modificar de forma evidente el discurso de marketing, aunque los usuarios más atentos a las especificaciones notarían la diferencia respecto a la generación anterior.
Diferencias dentro de la gama: el papel del iPhone 18e
Todo este rompecabezas deja una duda importante: cómo se estructurará la gama entre el iPhone 18 base y el iPhone 18e. Si las diferencias entre ambos modelos se reducen demasiado por culpa de los recortes, el catálogo podría perder claridad y resultar menos comprensible para el comprador medio.
Apple suele jugar con una combinación de procesador, cámara, pantalla y memoria para justificar la escalada de precios dentro de la familia iPhone. En esta ocasión, el margen de maniobra será menor, porque la presión de costes obliga a pensar muy bien qué se reserva para el modelo superior y qué se mantiene en el modelo de entrada sin disparar el presupuesto.
En el caso de Europa, donde las operadoras y las promociones marcan buena parte del ritmo de ventas, un exceso de similitud entre versiones puede dar lugar a una situación curiosa: usuarios que suben de modelo si la diferencia de precio es pequeña, dejando al iPhone 18 estándar en una posición complicada dentro del portafolio.
Por el contrario, si las diferencias técnicas son demasiado acusadas y el iPhone 18 base se percibe como un terminal demasiado recortado respecto al 18e o al 18 Pro, parte del público podría sentir que la única opción realmente completa es pagar más, algo que en este momento económico podría no sentar del todo bien.
Con todos estos factores en juego, el próximo lanzamiento de Apple se perfila como uno de los movimientos más delicados de los últimos años: mantener el precio del iPhone 18 frente a una crisis de RAM generalizada, apoyarse en la independencia de sus propios chips y, al mismo tiempo, ajustar el hardware del modelo base lo justo para cuadrar las cuentas sin romper la confianza de los usuarios. Lo que la compañía termine haciendo marcará, con toda probabilidad, la pauta para el resto del sector durante los próximos meses.