Confiar a ciegas en el navegador del coche es un clásico que puede acabar con el vehículo atascado en un callejón sin salida, con una grúa de por medio o incluso con un grave accidente. Los ejemplos se repiten en pequeños municipios de toda España, donde la aplicación de Google sigue mandando a los conductores por vías que no están pensadas para el tráfico generalizado. Los vecinos, hartos de la situación, han llegado a colocar carteles con mensajes tan directos como “Google Maps se equivoca”, mientras que las administraciones locales buscan fórmulas para que la multinacional actualice sus datos y mejore las precauciones para conductores y peatones.
Uno de los casos más llamativos es el de Santa Pau, en Girona, donde un cartel en uno de los accesos advierte con los colores corporativos de Google: “Atención. Google Maps se equivoca. Camino exclusivo para vecinos”. La alcaldesa, Cris Capó, relata que el problema comenzó cuando se restringió el paso de vehículos al núcleo histórico, lo que provocó que el navegador redirigiera a los coches por una calle que se estrecha hasta quedar atrapados. En más de una ocasión, los conductores han tenido que salir marcha atrás con el vehículo rallado, y no es raro que sea necesaria la intervención de una grúa. La situación llegó a tal punto que el consistorio intentó ponerse en contacto con Google sin éxito, y solo después de que el cartel apareciera en medios de comunicación, la aplicación dejó de enviar coches por esa calle, aunque nadie les ha explicado el motivo.
No es un caso aislado: otros pueblos sufren la misma pesadilla
El problema no se limita a Santa Pau. En Etulain, Navarra, un pueblo de apenas 40 habitantes, los camiones se quedan encallados con frecuencia en la vía de acceso, desviados por el GPS desde la carretera Pamplona-Irún. El alcalde de Anué, Miguel Ángel Larrayoz, explica que esto ocurre cuando los camioneros quieren llegar a una gasolinera del pueblo vecino y el navegador les indica dar la vuelta en Etulain. En 2022, un camión de frutas quedó atrapado y la calle tuvo que ser cortada durante 24 horas hasta que llegó una grúa de grandes dimensiones. Aunque han colocado señales de tráfico que prohíben el paso a camiones, Larrayoz señala que pedir permisos para instalar señalización en carreteras es un proceso complicado y el problema persiste.
Otros municipios, como Girona, lograron solucionar el problema tras años de gestiones. El Ayuntamiento de Girona consiguió que Google Maps dejara de enviar vehículos por el Barri Vell, el casco histórico restringido a vecinos, que estaba sobreocupado de peatones y creaba caos en calles estrechas. Jordi Xirgu, jefe de la Unidad Municipal de Análisis Territorial, explica que descubrieron que podían unirse al programa Maps Content Partners, una herramienta gratuita que permite a entidades validadas enviar información y actualizar rutas. Sin embargo, hacerlo requiere enviar ficheros con datos topográficos y parámetros cartográficos que no son sencillos para un neófito, por lo que muchos pequeños ayuntamientos no tienen capacidad técnica para usarlo.
La Generalitat se suma a la solución
Para aliviar a los municipios pequeños, la Generalitat de Cataluña se ha convertido recientemente en partner de Google Maps a través del Servicio Catalán de Tráfico (SCT). Guillermo Villuendas, subdirector general de Gestión del Tráfico, explica que el acuerdo surgió a raíz de las quejas de los ayuntamientos por los “reenrutamientos” que enviaban los coches por travesías en medio de pueblos o carreteras nacionales con rotondas y semáforos, generando problemas de seguridad. Ahora, cuando un consistorio alerta de una ruta problemática, el SCT puede modificarla rápidamente. Villuendas hace un llamamiento a municipios como Santa Pau para que se pongan en contacto con la Generalitat, ya que ahora tienen la capacidad de alterar esas rutas.
Aun así, la responsabilidad última sigue siendo un debate abierto. Según el abogado Sunil Jose, Google Maps es un sistema de navegación, no una guía definitiva, y en sus términos y condiciones se exime de responsabilidad por errores en las rutas. Esto dificulta reclamar a la tecnológica, y la responsabilidad recae a menudo en los gobiernos locales, que deben mantener señalización física adecuada. El caso de Sandy Island, una isla fantasma que apareció en Google Earth durante años hasta que en 2012 se demostró que no existía, es un recordatorio de que los errores cartográficos pueden venir de datos antiguos y propagarse a las plataformas digitales.
La solución parece pasar por una mayor colaboración entre las administraciones y Google. Mientras tanto, los carteles de aviso como el de Santa Pau siguen siendo el último recurso para evitar que un simple viaje en coche acabe en una odisea.