
La guerra entre dos gigantes tecnológicos ha estallado por sorpresa. Apple ha presentado una demanda de 41 páginas contra OpenAI ante un tribunal de California, acusando a la compañía de Sam Altman de robar secretos comerciales para construir su división de hardware. La denuncia, que pide un juicio con jurado, detalla una trama de espionaje industrial que involucra a más de 400 exempleados de Apple fichados por OpenAI, entre ellos dos altos cargos que supuestamente se llevaron información confidencial y hasta prototipos. El conflicto llega justo cuando OpenAI ultima los detalles de su primer dispositivo de consumo: un altavoz inteligente sin pantalla diseñado por el legendario Jony Ive, el mismo que creó el iPhone.
Pero la cosa no acaba ahí. La salida a bolsa de OpenAI, valorada en unos 852.000 millones de dólares, se tambalea. Según fuentes internas, la compañía ha decidido retrasar su Oferta Pública Inicial (OPI) hasta 2027 para intentar alcanzar la codiciada cifra del billón de dólares. Mientras, analistas como Ed Zitron comparan la situación de OpenAI con la quiebra de Lehman Brothers, advirtiendo de que una eventual caída de la empresa podría desencadenar un efecto dominó en toda la industria de la inteligencia artificial. La demanda de Apple, el dispositivo de Ive y las dudas financieras forman un cóctel explosivo que marcará el futuro del sector.
La demanda de Apple: una acusación de espionaje industrial
El escrito judicial de Apple no tiene desperdicio. La compañía de Cupertino acusa a OpenAI de haber construido su negocio de hardware sobre secretos robados, y señala directamente a Tang Yew Tan, exvicepresidente de diseño de producto del iPhone y ahora director de hardware de OpenAI, y a Chang Liu, un ingeniero eléctrico que presuntamente siguió accediendo a los servidores de Apple semanas después de irse. Según la demanda, Tan pedía a los candidatos que llevaran prototipos a las entrevistas, mientras que Liu habría descargado más de mil páginas de documentación técnica sobre las placas base de los productos de Apple. “A todos los niveles, OpenAI ha estado robando secretos comerciales”, reza el texto.
La trama va más allá del simple reclutamiento. Apple asegura que OpenAI engañó a uno de sus proveedores de confianza para que ejecutara una técnica de acabado de metales propiedad de la manzana, haciéndole creer que contaba con su permiso. También se menciona a otro proveedor de baterías que recibió preguntas que “solo alguien de dentro de Apple sabría formular”. La demanda describe un patrón sistemático de extracción de información que incluye la distribución de un documento interno de Apple sobre cómo evitar los controles de seguridad al abandonar la empresa. “El incipiente negocio de hardware de OpenAI se asienta sobre cimientos podridos hasta la médula”, sentencia Apple.

El dispositivo de OpenAI: un altavoz con aspiraciones
Mientras la batalla judicial arde, OpenAI sigue adelante con sus planes de hardware. La compañía prepara un altavoz inteligente sin pantalla, con batería recargable, cámara y sensores, diseñado para moverse por la casa y actuar como la encarnación física de ChatGPT. Según Bloomberg, el dispositivo aprovechará GPT-Live, el nuevo modelo de voz full-duplex lanzado en julio de 2026, que permite conversaciones naturales con pausas y expresiones como “ajá” o “claro”. La idea es que el aparato aprenda del usuario, anticipe sus necesidades y controle electrodomésticos, todo sin necesidad de dar órdenes explícitas.
Detrás del diseño está Jony Ive, el genio que dio forma al iPod, al iMac y al iPhone. OpenAI pagó 6.500 millones de dólares en 2025 por io Products, la empresa cofundada por Ive, y su estudio LoveFrom participa en el desarrollo de esta nueva familia de dispositivos. El equipo reúne a decenas de antiguos diseñadores e ingenieros de Apple, lo que explica tanto la ambición del proyecto como el conflicto legal que lo rodea. La compañía aspira a presentar el producto durante 2026 y lanzarlo en 2027, siempre que el proceso técnico y judicial lo permita. Apple ya ha solicitado medidas cautelares que podrían bloquear su comercialización.

La salida a bolsa y la sombra de la deuda
El calendario de OpenAI no podría ser peor. La compañía de Sam Altman había apuntado a este otoño para su debut bursátil, pero los asesores financieros y la directora financiera Sarah Friar han convencido a Altman de esperar a 2027. El motivo: alcanzar una valoración de un billón de dólares, algo que con los números actuales es difícil de justificar. Según PitchBook, OpenAI necesitaría unos 29.000 millones de dólares de ingresos anualizados para defender ese múltiplo, y sus pérdidas operativas rondan los 21.000 millones. La quema de caja podría escalar hasta los 63.000 millones en 2027, y el flujo de caja libre negativo tocaría mínimos de 110.000 millones en 2028.
El analista Ed Zitron ha puesto el dedo en la llaga: OpenAI se ha convertido en “el mayor pasivo de la historia económica reciente”, según su boletín. Zitron sostiene que la burbuja de la IA depende de que OpenAI siga consumiendo infraestructura informática, y que una eventual caída de la empresa sería el “Lehman Brothers de la inteligencia artificial”. La compañía tiene compromisos de gasto por más de 852.000 millones hasta 2030, y sus principales inversores —Microsoft, SoftBank, Oracle— están expuestos a pérdidas multimillonarias. Mientras, Anthropic, su principal rival, se prepara para salir a bolsa en octubre, lo que obligará a comparar valoraciones y podría dejar a OpenAI en una posición incómoda.
La demanda de Apple añade más presión. Una condena por espionaje industrial podría traducirse en indemnizaciones multimillonarias y en la prohibición de usar los secretos robados, lo que retrasaría aún más el lanzamiento del dispositivo y afectaría a la confianza de los inversores. La relación entre Apple y OpenAI, que hasta ahora eran socias comerciales con la integración de ChatGPT en Apple Intelligence, se ha roto por completo. “No nos interesan los secretos comerciales de otras empresas”, respondió OpenAI en un comunicado, pero las pruebas presentadas por Apple son contundentes.
Todo apunta a que los próximos meses serán decisivos. El futuro de OpenAI depende de tres frentes: el judicial, el financiero y el comercial. Si logra superar la demanda, lanzar su altavoz y salir a bolsa con éxito, se consolidará como el gigante de la IA. Si no, el castillo de naipes podría derrumbarse. La historia de la tecnología está llena de empresas que prometieron revolucionar el mundo y acabaron siendo devoradas por sus propios errores. OpenAI tiene la oportunidad de demostrar que no es una más, pero el camino se le ha puesto cuesta arriba.

