
Los asistentes domésticos llevan años funcionando con una lógica sencilla: damos una orden y el dispositivo ejecuta una tarea. La apuesta de OpenAI apunta a romper ese límite y dar a la inteligencia artificial un papel más continuo dentro de casa. No se trataría solo de responder preguntas o activar servicios, sino de aprender del usuario y ofrecer ayuda antes de que tenga que solicitarla.
Según Bloomberg, OpenAI prepara un altavoz IA con cámara para el hogar sin pantalla, similar en apariencia a un altavoz, pero diseñado para moverse por la casa gracias a una batería recargable. La compañía querría convertirlo en la encarnación física de ChatGPT, capaz de responder mensajes, reproducir contenido, controlar aparatos conectados y ayudar en distintas tareas. Cabe señalar que la compañía no lo ha presentado y todavía no hay información oficial.
Un altavoz inteligente con personalidad propia
El producto, aún en desarrollo, pretende ser un asistente de IA con características humanas que reside en el hogar. Permitirá controlar electrodomésticos inteligentes, reproducir contenido multimedia, responder preguntas y mensajes, y aprovechar las funcionalidades de ChatGPT. La principal novedad es su capacidad para desplazarse o modificar físicamente su posición, gracias a elementos mecánicos que generan una interacción más expresiva. OpenAI lo describe internamente como un ordenador concebido para la IA, no como un simple altavoz. Incluye una cámara y otros sensores que le permiten comprender el entorno y el contexto del usuario, así como modelos avanzados que van más allá de los disponibles en altavoces inteligentes convencionales.
Las capacidades de comunicación se basarán en GPT-Live, una versión más avanzada del modo de voz de ChatGPT lanzada en julio de 2026. El nuevo modo de voz puede escuchar y hablar al mismo tiempo, adaptándose con naturalidad durante las conversaciones y procesando información con rapidez. El dispositivo también incorpora elementos mecánicos capaces de moverse por sí solos, reforzando la personalidad del aparato y generando la sensación de que “está vivo”.

La colaboración con Jony Ive y el equipo de Apple
Detrás del proyecto está Jony Ive, el antiguo jefe de diseño de Apple. OpenAI pagó 6.500 millones de dólares en 2025 por io Products, la empresa que había cofundado, mientras que su estudio LoveFrom participa en el diseño de su propia gama de dispositivos de IA. El equipo reúne a numerosos antiguos diseñadores e ingenieros de Apple responsables de productos como el iPhone y el Mac, una concentración de talento que ayuda a entender tanto la ambición del proyecto como el conflicto legal que lo rodea. Entre los fichajes destacan Tang Tan, exvicepresidente de diseño de producto de Apple, y Evans Hankey, antiguo responsable de diseño industrial. En total, OpenAI ha contratado a más de 400 personas procedentes de Cupertino.
La entrada de OpenAI en el hogar la colocaría frente a Amazon, Google y Apple, compañías que llevan años construyendo sus propios ecosistemas de altavoces y asistentes. La diferencia estaría en una experiencia más personalizada y proactiva, capaz de aprender del usuario y ofrecer información sin esperar siempre una orden. OpenAI querría que el dispositivo se convierta con el tiempo en una especie de experto sobre su usuario, utilizando información personal como correos electrónicos para comprender mejor a su propietario.

La batalla legal con Apple: ¿amenaza para el lanzamiento?
Apple ha declarado la guerra judicial a OpenAI en plena carrera por construir la próxima generación de dispositivos de IA. La demanda, presentada en California, acusa a OpenAI de apropiarse indebidamente de información confidencial para favorecer sus planes de hardware. Apple sostiene que existió una actuación coordinada para obtener secretos relacionados con diseños de productos, procesos de fabricación, proveedores y estrategias de la cadena de suministro. La denuncia señala a dos antiguos empleados: Chang Liu, que presuntamente no devolvió un ordenador portátil y descargó archivos confidenciales, y Tang Yew Tan, que se habría enviado información sobre proveedores antes de marcharse.
OpenAI considera que el dispositivo difiere significativamente de cualquier producto de Apple y que es improbable que infrinja secretos comerciales. La compañía afirma no tener interés en los secretos de otras empresas y que no conoce pruebas que respalden la demanda. Sin embargo, Apple solicita una orden judicial que podría retrasar la comercialización. Según Bloomberg, OpenAI aspira a presentar el producto durante 2026 y lanzarlo en 2027, siempre que el proceso técnico y legal lo permita.

Un ecosistema de cinco dispositivos y el futuro de la IA en el hogar
El altavoz no aspira únicamente a competir con los productos existentes. OpenAI trabaja en aproximadamente cinco dispositivos diferentes, según fuentes de Bloomberg. Entre sus planes a largo plazo figura un dispositivo móvil con IA capaz de sustituir al smartphone, así como wearables y robots domésticos. El altavoz sería el primero en llegar, como pieza inicial de un ecosistema que combine software, hardware y servicios. Para la compañía, supone controlar toda la experiencia, desde el modelo de inteligencia artificial hasta el diseño físico.
En el mercado europeo, donde asistentes como Alexa y Gemini se instala en casa tienen una fuerte presencia, la propuesta de OpenAI podría suponer un cambio de paradigma. La ausencia de pantalla y el enfoque en la conversación natural encajan con la creciente preocupación por la saturación de notificaciones. Sin embargo, la privacidad será un factor clave: un dispositivo que escucha y comprende el entorno deberá ofrecer controles claros, especialmente en un contexto regulatorio como el de la UE.
La apuesta final es convertir ChatGPT en una presencia física con la que convivamos a diario. El éxito dependerá de la respuesta del mercado y de si OpenAI consigue hacer con la inteligencia artificial lo que Apple logró con el iPhone: crear una nueva categoría de producto y cambiar para siempre la forma en que nos relacionamos con la tecnología. De momento, el proyecto avanza entre la expectación y la controversia legal, con un calendario que podría verse alterado por la batalla judicial.