Samsung ha dejado de lado las medias tintas y ha reconocido abiertamente que sus primeras gafas inteligentes llegarán al mercado en 2026. Lo que durante meses habían sido pistas, patentes y filtraciones se ha convertido en una hoja de ruta oficial comentada ante inversores, marcando un antes y un después para el futuro del ecosistema Galaxy.
Con este movimiento, la compañía se posiciona como uno de los grandes aspirantes a plantar cara a Meta y sus actuales gafas con IA integrada, apostando por un dispositivo de uso diario que vaya más allá de hacer fotos o escuchar música. La clave estará en cómo combine inteligencia artificial, comodidad y una integración profunda con móviles y otros dispositivos de la marca.
Una confirmación en plena llamada con inversores

La confirmación no ha llegado en un evento espectacular, sino en un contexto mucho más pragmático: la conferencia de resultados del cuarto trimestre de 2025. En esa llamada con analistas e inversores, Seong Cho, vicepresidente ejecutivo de la división Mobile eXperience (MX), fue directo al grano y señaló que la firma trabaja en unas gafas inteligentes cuyo estreno está previsto para 2026.
Cho no se limitó a mencionar el producto de pasada. El directivo explicó que una de las grandes apuestas de Samsung para los próximos años pasa por ofrecer “experiencias de IA multimodal ricas e inmersivas” tanto en smartphones como en gafas de realidad aumentada de nueva generación. Es decir, no se trata de un simple accesorio puntual, sino de una pieza que la compañía quiere convertir en protagonista de su catálogo.
Este anuncio encaja con el giro que Samsung viene dando hacia el segmento XR desde el lanzamiento de su visor Galaxy XR, más cercano al formato casco y orientado a experiencias inmersivas. Las nuevas gafas apuntan a un camino distinto: un diseño de apariencia convencional, pensado para acompañar al usuario durante todo el día sin que parezcan un gadget futurista incómodo.
La comunicación en un entorno financiero también tiene una lectura clara para el sector. Cuando una marca de este tamaño verbaliza ante los mercados que un dispositivo concreto llegará en una determinada ventana temporal, suele significar que el desarrollo ha superado la fase puramente experimental y entra en una etapa de planificación comercial real.
IA multimodal: el verdadero núcleo del proyecto
Buena parte del interés de estas gafas está en la manera en que Samsung quiere explotar la inteligencia artificial multimodal. Este concepto hace referencia a la capacidad del sistema para combinar y comprender diferentes tipos de información al mismo tiempo: lo que ve la cámara, lo que escucha el micrófono, el contexto del usuario e incluso los datos procedentes del móvil o del reloj.
En la práctica, esto se traducirá en situaciones muy cotidianas. Por ejemplo, poder mirar un objeto y hacer una pregunta rápida en voz alta para que las gafas identifiquen lo que tienes delante y te respondan al instante. Desde pedir ideas de recetas con un ingrediente concreto hasta obtener información sobre un monumento, sin necesidad de sacar el teléfono del bolsillo.
Esa visión encaja con la colaboración estrecha que Samsung mantiene con Google. Todo apunta a que Gemini, la IA de Google, tendrá un papel clave en este ecosistema, tanto en las gafas como en el resto de la familia Galaxy. De esa manera, el usuario podría moverse entre diferentes pantallas —móvil, tableta, reloj y gafas— manteniendo el mismo asistente inteligente y el mismo contexto.
A diferencia de los cascos de realidad mixta centrados en mundos virtuales, las gafas que prepara la compañía se dirigirían a la utilidad inmediata y contextual: escuchar indicaciones, recibir notificaciones discretas, hacer consultas rápidas, registrar pequeños momentos o acceder a funciones de productividad ligera sin depender tanto del móvil.
Android XR y un diseño sin pantalla integrada en la primera generación
Según la información que se ha ido filtrando y los detalles que han trascendido de la propia Samsung, el sistema operativo está prácticamente decidido: Android XR será el motor de estas gafas inteligentes. Se trata de la plataforma de Google creada para dispositivos de realidad extendida, pensada justo para este tipo de productos.
La elección de Android XR no es un detalle menor. Permite a Samsung apoyarse en un entorno ya en desarrollo activo, con herramientas y funciones específicas para experiencias inmersivas o semiinmersivas, y al mismo tiempo encajarlo dentro del resto de la familia Android. Eso facilita que las gafas no se queden en un accesorio aislado, sino en un elemento más del ecosistema.
Ahora bien, las primeras gafas que verían la luz en 2026 podrían optar por una solución algo más contenida de lo que muchos imaginaban: los informes apuntan a un diseño sin pantalla de proyección frontal en esta primera hornada. Es decir, se priorizaría el audio, la captura ligera y las funciones de asistencia por voz y cámara, dejando para una segunda generación la inclusión de una pantalla visible en la lente.
Este enfoque tiene sentido si se tiene en cuenta el reto técnico que supone integrar un sistema de visualización completo en un chasis tan pequeño sin disparar el peso, el consumo energético o el precio. La propia Samsung, según estas filtraciones, podría reservar una versión con pantalla de realidad aumentada más avanzada para una iteración posterior, cuando la tecnología esté más madura y los costes se puedan ajustar mejor.
Dos modelos en camino y alianzas con marcas de gafas
Dentro de esa primera generación, todo indica que Samsung trabaja en dos variantes muy cercanas entre sí, identificadas internamente con las referencias SM-O200P y SM-O200J. Las denominaciones sugieren que serán modelos casi gemelos, con diferencias probablemente centradas en aspectos como conectividad, memoria o mercados específicos.
Más allá del código, la compañía ya había ido preparando el terreno en el apartado del diseño. El año pasado se conoció un acuerdo con las firmas de gafas Gentle Monster y Warby Parker, dos nombres muy reconocidos en moda óptica, que servirían como base para los armazones de estas gafas inteligentes. El objetivo es claro: que el dispositivo se parezca lo más posible a unas gafas “normales” y no a un prototipo voluminoso.
Ese tipo de colaboraciones resulta especialmente relevante en Europa y, por extensión, en España, donde la aceptación social y estética de un dispositivo que llevas en la cara es decisiva. No es lo mismo llevar un accesorio llamativo que evidencia la presencia de cámaras y micrófonos que unas gafas discretas que pasen desapercibidas en el día a día.
La combinación entre un diseño cercano al de unas gafas de moda y un interior cargado de sensores, micrófonos y procesadores orientados a la IA es la apuesta con la que Samsung espera entrar de lleno en un mercado que, de momento, domina Meta con su línea de gafas inteligentes.
Especificaciones previstas: ligereza, IA y equilibrio energético
Aunque la compañía no ha publicado todavía una ficha técnica completa, las filtraciones permiten esbozar un perfil bastante creíble de lo que se puede esperar. Uno de los puntos más comentados es la inclusión de una cámara de alrededor de 12 megapíxeles, no solo pensada para hacer fotos o pequeños vídeos, sino también como fuente de datos para los algoritmos de visión por computadora.
Para mover toda esa inteligencia sin depender en exceso del móvil, los rumores sitúan en el corazón del dispositivo el procesador Qualcomm AR1, una plataforma diseñada específicamente para gafas inteligentes. Este chip estaría optimizado para ejecutar tareas de IA en el propio dispositivo, reduciendo la necesidad de enviar constantemente información a la nube y, de paso, mejorando la respuesta y la privacidad.
El apartado de batería siempre genera dudas en un formato tan compacto. En este caso, se habla de una capacidad cercana a los 155 mAh. Sobre el papel puede parecer poco si se compara con un smartphone, pero es una cifra relativamente habitual en este tipo de productos, donde el reto es mantener el peso por debajo de un umbral cómodo para llevarlo horas.
Precisamente, el peso sería uno de los grandes argumentos comerciales. Las gafas de Samsung, según distintos informes, podrían situarse en torno a los 50 gramos de peso total, lo que las colocaría en una zona muy asumible para el uso diario. La idea es que el usuario pueda llevarlas durante gran parte del día sin notar una carga excesiva en la nariz o las orejas.
El ecosistema Galaxy como ventaja competitiva
Samsung no quiere que estas gafas inteligentes sean un dispositivo “suelto”, sino una pieza más en su estrategia de productos conectados. De ahí que la integración con la familia Galaxy esté llamada a ser uno de los grandes diferenciadores. El funcionamiento básico será posible con otros teléfonos Android, pero la experiencia completa se reservaría, según lo previsto, para quienes ya usan un Galaxy reciente.
En ese sentido, se espera que modelos como el Galaxy S26 y sus sucesores actúen como compañeros ideales, aportando conexión de datos, potencia de cálculo para tareas de IA más pesadas y sincronización de notificaciones. Algo parecido a lo que ocurre hoy con los relojes y anillos inteligentes de la marca, pero trasladado a un producto que se lleva en la cara.
La compañía también busca que las gafas se integren con otros dispositivos como Galaxy Watch o Galaxy Ring, permitiendo, por ejemplo, acceder a información de salud o actividad física de forma rápida, o controlar la reproducción de música y llamadas de una manera menos invasiva que sacar el móvil en mitad de la calle o el transporte público.
Esta visión encaja con la estrategia de Samsung en el terreno XR: convertir la realidad extendida en un componente natural de su ecosistema, no en una curiosidad tecnológica. La puesta en escena durante la revisión de resultados de la división móvil refuerza la idea de que la empresa considera XR una pieza estratégica a medio plazo.
Calendario probable de lanzamiento y encaje en el mercado europeo
Oficialmente, Samsung solo ha concretado que el lanzamiento tendrá lugar en 2026, sin dar un día ni mes específicos. Sin embargo, si se observa el calendario habitual de la marca, todo apunta a que las gafas podrían ver la luz en la segunda mitad del año, coincidiendo con el periodo en el que suele presentar sus plegables Galaxy Z Fold y Z Flip.
Otra posibilidad que se baraja es que la compañía opte por un evento dedicado en función de la madurez del producto y de la importancia que quiera darle en su estrategia comercial global. Si considera que las gafas son un nuevo pilar de su catálogo, no sería extraño que se les reservase un escenario propio, especialmente si la presentación también sirve para reforzar la apuesta por Android XR y la IA multimodal.
En cuanto a su presencia en Europa y, más concretamente, en España, la expectativa razonable es que el lanzamiento se produzca en paralelo a otros grandes mercados, como ocurre con los Galaxy S y los Galaxy Z. El segmento de gafas inteligentes con IA está todavía en una fase incipiente en el continente, pero existe interés creciente, sobre todo entre quienes ya usan otros dispositivos wearables.
El examen real llegará cuando estas gafas se enfrenten a las particularidades regulatorias y de privacidad del mercado europeo, donde el tratamiento de datos de imagen y sonido está fuertemente supervisado. La forma en la que Samsung gestione la información capturada por cámara y micrófonos, así como los controles de usuario, será clave para su aceptación.
Privacidad, aceptación social y retos del día a día
Más allá de la tecnología, las gafas inteligentes tienen un desafío que no afrontan con la misma intensidad otros dispositivos como los relojes: afectan directamente a la gente que rodea al usuario. Llevar una cámara y un micrófono siempre activos a la altura de los ojos obliga a replantearse cómo se informa a los demás y qué controles se ofrecen.
Samsung lleva tiempo trabajando en capas de seguridad y protección en sus móviles, pero en este formato el listón será todavía más alto. Harán falta indicadores visibles de cuándo se está grabando o capturando contenido, opciones claras para desactivar funciones sensibles y una política transparente de procesamiento de datos que convenza no solo al comprador, sino también a quienes se cruzan con él.
La compañía es consciente de que, si la primera generación se percibe como un producto intrusivo o poco respetuoso con la privacidad, se quedará restringida a un nicho de entusiastas. Por eso, muchas voces del sector creen que el objetivo inicial no será deslumbrar con funciones espectaculares, sino lograr un encaje razonable en la vida diaria.
En la práctica, eso significa centrarse en tareas sencillas: moverse por la ciudad con indicaciones discretas, escuchar contenido, lanzar consultas rápidas a la IA, gestionar notificaciones con menos distracciones y capturar momentos concretos sin necesidad de sacar el móvil cada dos por tres. Si se consigue que todo esto funcione de forma fluida y sin fricciones, el mercado XR puede dar por fin el salto de promesa a realidad cotidiana.
Con todo lo que se ha ido conociendo, el panorama que se dibuja es el de unas gafas inteligentes ligeras, muy apoyadas en la IA y estrechamente conectadas al ecosistema Galaxy, que llegarán en 2026 para competir en un segmento que empieza por fin a tomar forma. Falta por conocer el precio, los detalles definitivos de hardware y el enfoque exacto en Europa, pero el mensaje de Samsung a inversores y usuarios es claro: sus gafas inteligentes ya no son un experimento de laboratorio, sino un producto con fecha en el calendario.