La alimentación y el marketing han formado desde siempre una pareja estrecha, pero el despegue de las redes sociales ha cambiado radicalmente las reglas del juego. Hoy influencers, marcas y consumidores participan en una conversación diaria que afecta qué comemos, cómo lo percibimos y qué tendencias terminan por viralizarse en internet. El fenómeno ha ganado tanta relevancia que ya genera debates sobre salud pública, regulación y ética ante una audiencia cada vez más joven y expuesta.
Publicidades, colaboraciones con creadores de contenido y campañas virales de marcas se han convertido en un escaparate cotidiano en aplicaciones como Instagram, TikTok o YouTube. Bajo esta nueva realidad, organizaciones, profesionales sanitarios y empresas intentan encontrar un equilibro entre promoción y responsabilidad, sobre todo considerando los efectos que puede tener en el público infantil y adolescente.
Influencers y productos insanos: la cara menos visible del marketing alimentario digital

Es habitual ver a influencers compartir imágenes o vídeos con productos alimenticios. Desde promociones aparentemente espontáneas hasta campañas cuidadosamente planificadas, estas colaboraciones generan impacto inmediato y enorme alcance. Un ejemplo reciente que ha causado controversia fue la imagen de la popular creadora conocida como @dulceida, mostrando a su hija recién nacida con un fuet de una marca conocida en la mano. Para sus seguidores, un gesto divertido; para colectivos como Justicia Alimentaria, una muestra del efecto negativo que puede tener el marketing de influencia en la salud infanto-juvenil.
El informe «Unfollow» publicado por dicha organización denuncia que cerca del 96% de los productos alimenticios que aparecen en cuentas influyentes son nutricionalmente insanos, y apenas el 17% de las publicaciones analizadas los identificaron como publicidad. Además, la mayoría de estas campañas se dirigen con especial intensidad a los sectores sociales más vulnerables, alimentando las cifras preocupantes de obesidad infantil que ya alcanzan el 46,7% en estos colectivos.
Muchas veces, la publicidad se disfraza de entretenimiento y simpatía, lo que dificulta que los menores puedan separar mensajes comerciales de recomendaciones inocentes. Desde la organización, insisten en que hay que empezar a ver a estos creadores como vendedores de productos, más allá de su faceta creativa, sobre todo cuando el objetivo son los niños y jóvenes.
Datos preocupantes y estrategias digitales: el impacto real en la salud
El estudio de Justicia Alimentaria refleja también que el 91,8% de los menores entre 8 y 16 años no consume dos raciones de verdura diarias; el 86% ni siquiera una, y el 59% no toma fruta de forma habitual. Mientras tanto, plataformas como TikTok, Instagram y YouTube han sustituido a la televisión en el consumo mediático de los jóvenes, y se han llenado de promociones de snacks, bollería y bebidas azucaradas presentados como propuestas modernas y divertidas. Las plataformas digitales y la publicidad en redes sociales juegan un papel clave en este escenario, y es importante entender cómo afectan a los hábitos alimenticios de los jóvenes.
Al observar estos datos, las organizaciones piden medidas urgentes para limitar la publicidad de alimentos insanos dirigida a los menores y establecer una regulación específica para las colaboraciones con influencers, así como potenciar un etiquetado más claro y efectivo de los productos nutricionales.
Además, psicólogos y expertos en comunicación insisten en que la exposición repetida a estos mensajes no solo aumenta el consumo inmediato de productos poco saludables, sino que consolida hábitos y preferencias alimentarias perjudiciales que pueden persistir en la vida adulta. El uso de emociones, juegos y retos en redes potencia todavía más este efecto.
Marcas, campañas omnicanal y el papel de las colaboraciones
Lejos de quedarse en acciones aisladas, las grandes marcas del sector alimentario han profesionalizado su estrategia en redes sociales, combinando campañas omnicanal, promociones, experiencias y colaboraciones con creadores. Ejemplos como la campaña «Comparte una Coca-Cola con», presente en miles de puntos de venta y redes, o el despliegue estival de bebidas y productos en eventos, sorteos y acciones en vivo muestran cómo se busca conectar emocionalmente con el consumidor e integrar la marca en su entorno cotidiano.
Estas iniciativas suelen incluir desde acciones en televisión conectada, publicidad exterior y stickers promocionales en el envase hasta retos virales en TikTok o colaboraciones con figuras populares como Lola Índigo o Rubius. El objetivo: aumentar la visibilidad del producto, reforzar la relación con el consumidor y generar recomendaciones espontáneas, a menudo implicando premios inmediatos o experiencias exclusivas.
Sin embargo, no todas las colaboraciones son bien recibidas. El auge del contenido ‘foodie’ también ha dado pie a situaciones en las que algunos influencers solicitan comidas gratuitas a cambio de visibilidad, lo que ha generado malestar en parte del sector hostelero. Reclamando un mayor equilibrio entre promoción y remuneración justa por sus servicios, algunos locales muestran reticencia ante estas acciones.
El futuro del marketing de alimentación en redes sociales
Frente a la sofisticación de las campañas, expertos en nutrición y divulgadores apuestan por la combinación de educación alimentaria, sentido crítico y regulación. Promover una dieta saludable desde la infancia y ayudar a familias y menores a identificar cuándo están ante un contenido promocional o una recomendación sincera es clave para frenar el impacto negativo de estos mensajes.
La presión social y el deseo de viralidad obligan a marcas y creadores a innovar constantemente, pero también traen consigo una responsabilidad creciente. La discusión social sobre los límites de la publicidad alimentaria en entornos digitales está en plena efervescencia, y cada vez más voces demandan cambios legislativos, sistemas de vigilancia independientes y campañas de concienciación que prioricen la salud de los más jóvenes.
El marketing de alimentación en redes sociales se sitúa en el centro de la conversación social y comercial, impulsando tendencias, generando polémica y exigiendo respuestas acordes al reto de educar, proteger y conectar con una generación para la que las redes sociales ya son parte inseparable de su día a día y de su dieta.