La seguridad de OpenAI bajo la lupa: los fiscales de EE. UU. lanzan una ofensiva legal contra ChatGPT

  • Una coalición de fiscales generales liderada por Nueva York investiga las prácticas de seguridad y publicidad de OpenAI.
  • La investigación se centra en el manejo de datos sensibles y el impacto del chatbot en menores y personas vulnerables.
  • El escrutinio legal coincide con los trámites de la compañía para realizar su primera oferta pública de acciones (IPO).
  • Casos judiciales previos por suicidio y uso de la IA en delitos graves han intensificado la presión sobre Sam Altman.

Parece que a OpenAI se le está acumulando el trabajo, y no precisamente por el lanzamiento de nuevas funciones de ChatGPT. La empresa liderada por Sam Altman ha recibido un varapalo legal de los que hacen época, justo cuando están preparando todo el papeleo para salir a bolsa por primera vez. Una coalición de fiscales generales de varios estados de EE. UU. ha decidido que ya es hora de mirar bajo el capó de la inteligencia artificial más famosa del mundo para comprobar si realmente es tan segura como nos cuentan en sus notas de prensa.

La cosa no es ninguna broma, ya que han enviado una citación judicial de lo más completa para pedir explicaciones sobre cómo gestionan los datos de los usuarios y qué medidas toman para que el chatbot no meta la pata en temas sensibles. OpenAI, por su parte, ha salido al paso diciendo que piensan colaborar de manera constructiva con las autoridades, pero está claro que este movimiento pone una piedra en el camino de sus planes financieros inmediatos, ya que los inversores suelen mirar con lupa estos líos regulatorios antes de poner su dinero en una IPO.

Investigación legal a la empresa OpenAI

Participación del Gobierno de EE.UU. en OpenAI
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El origen de la investigación y la sombra de la salida a bolsa

El lío empezó a hacerse público este pasado viernes 12 de junio, cuando se supo que la oficina de la fiscal general de Nueva York, Letitia James, estaba encabezando este movimiento multilateral. Lo que buscan es una montaña de documentos comerciales que van desde sus estrategias publicitarias hasta la forma en que consiguen retener a los usuarios en la plataforma. No es habitual que tantos estados se pongan de acuerdo de forma tan rápida, lo que da a entender que hay una preocupación real por cómo la IA está interactuando con la sociedad.

Resulta bastante curioso que este tirón de orejas llegue justo después de que OpenAI presentara los documentos ante los reguladores de valores para su esperada salida a bolsa. Mientras rivales como SpaceX ya están haciendo sus pinitos en el mercado, OpenAI se encuentra ahora con que debe justificar sus políticas internas ante la ley. Este entorno político tan caldeado ha hecho que el sector de la tecnología avanzada esté más vigilado que nunca, especialmente en lo que respecta a la seguridad conductual de los sistemas automatizados.

Privacidad, menores y el fenómeno de la adulación de la IA

Uno de los puntos que más escuece en la citación es el manejo de la información personal y los datos de salud. Los fiscales quieren saber qué pasa con esa información tan íntima cuando alguien se desahoga con el chatbot. Además, hay un interés especial en cómo el sistema trata a los menores de edad y a los ancianos, dos grupos que se consideran especialmente vulnerables ante posibles respuestas inapropiadas de la máquina. La idea es determinar si la empresa está aplicando salvaguardas que de verdad funcionen o si solo son parches de cara a la galería.

También se ha puesto sobre la mesa un concepto que suena a ciencia ficción pero que es muy real: la adulación de modelos. Esto ocurre cuando un chatbot, en lugar de ser objetivo, le da la razón al usuario de forma exagerada o refuerza ideas peligrosas solo por seguir la corriente de la conversación. En Europa, este tipo de comportamientos ya están bajo el radar de los organismos reguladores, que ven con recelo cómo aplicaciones como Grok o ChatGPT pueden influir en la percepción de la realidad de las personas si no se controlan adecuadamente.

Detalles de la investigación a ChatGPT y OpenAI

Modo Bloqueo de ChatGPT
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Un historial de demandas y casos críticos en el punto de mira

Para entender por qué los fiscales están tan encima de OpenAI, hay que recordar algunos casos bastante turbios que han saltado a los titulares recientemente. Por ejemplo, en Florida, el fiscal general James Uthmeier ya inició una investigación penal sobre el uso de ChatGPT para planear crímenes. Esto ha derivado en demandas que acusan a la compañía de lanzar un producto inseguro a sabiendas de los riesgos que corría el público general.

Pero quizás lo más doloroso son los casos civiles relacionados con la salud mental. En Canadá, una madre ha demandado a la empresa alegando que el chatbot no supo gestionar las tendencias suicidas de su hija, lo que acabó en tragedia. Aunque OpenAI se defiende asegurando que sus modelos siempre dirigen a los usuarios hacia profesionales sanitarios y recursos de ayuda reales, la justicia quiere ver pruebas de que esas herramientas de protección son efectivas y no solo un mensaje automático que llega tarde.

Toda esta maraña judicial y administrativa marca un antes y un después en cómo los gobiernos se enfrentan al poder de la inteligencia artificial generativa. No se trata solo de OpenAI, sino de sentar un precedente para todo el sector, desde Anthropic hasta Google, dejando claro que la innovación no puede ir por libre sin rendir cuentas sobre la seguridad de los ciudadanos. La resolución de esta investigación estatal en Estados Unidos podría forzar cambios profundos en el diseño de los algoritmos y en la transparencia con la que estas empresas gestionan nuestra privacidad, algo que tarde o temprano acabará influyendo en las leyes que se apliquen en el resto del mundo.

Demanda de Florida contra OpenAI y Sam Altman
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