El fundador de Telegram, Pável Dúrov, vuelve a estar en el punto de mira de las autoridades rusas. El Servicio Federal de Seguridad (FSB) ha emitido una orden de búsqueda y captura internacional contra él, acusándole de colaborar con actividades terroristas. La medida no es un hecho aislado, sino que forma parte de una ofensiva más amplia del Kremlin contra una plataforma que, para millones de usuarios, es sinónimo de privacidad y libertad de expresión.
Dúrov, que reside en Dubái y posee pasaportes francés y emiratí, ya había tenido enfrentamientos con el gobierno ruso en el pasado. Ahora, el FSB le imputa no haber eliminado canales y bots utilizados por los servicios de inteligencia ucranianos para organizar sabotajes, atentados y fraudes dentro de Rusia. La respuesta de Dúrov no se ha hecho esperar: ha publicado en redes sociales una foto suya haciendo una peineta, en un gesto que ya es habitual en él cuando se siente presionado.
La orden de arresto del FSB

El FSB ha hecho público un comunicado en el que acusa a Dúrov de complicidad con el terrorismo según el artículo 205.1 del Código Penal ruso. La institución asegura que Telegram no ha eliminado numerosos canales, chats y bots que son utilizados activamente por los servicios de inteligencia ucranianos y por organizaciones terroristas y extremistas. Según el FSB, estas herramientas se emplean para preparar y coordinar actos de sabotaje, asesinatos en masa y ciberfraude, lo que ha provocado víctimas, incluyendo mujeres y menores, así como daños materiales por miles de millones de dólares.
El abogado Vladímir Zherebenkov, citado por la agencia TASS, ha señalado que la acusación es muy grave y podría conllevar cadena perpetua. Además, ha indicado que Dúrov podría ser arrestado en ausencia en Rusia y que las autoridades buscarían su extradición a través de Interpol. Por el momento, ni Dúrov ni Telegram han realizado declaraciones oficiales al respecto.
El caso del chatbot de citas

Uno de los puntos más llamativos de la acusación es el uso de un chatbot de citas llamado Daivinchik o Leo Match, que según el FSB era utilizado por la inteligencia ucraniana para reclutar jóvenes rusos. Agentes ucranianos se hacían pasar por chicas jóvenes y, mediante engaños, lograban que las víctimas realizaran transferencias de dinero. Posteriormente, las extorsionaban acusándolas de enviar fondos al enemigo, y las implicaban en ataques contra agentes del orden, incendios en infraestructuras de transporte, energía y comunicaciones, así como en estafas a otras personas.
El FSB asegura que en el último año ha detenido a 46 jóvenes rusos de entre 18 y 22 años que fueron captados a través de este chatbot. Todos ellos habrían participado en actividades de sabotaje y terrorismo. Las autoridades rusas presentan este caso como un ejemplo de la falta de control de Telegram sobre los contenidos que aloja.
Antecedentes de Dúrov y su relación con el Kremlin

No es la primera vez que Dúrov se enfrenta al poder ruso. En 2006 fundó VKontakte, la red social más popular del país, que pronto superó a Facebook en Rusia. Durante las protestas contra Vladímir Putin en 2011, Dúrov se negó a bloquear a los grupos opositores, lo que le valió la enemistad del Kremlin. Finalmente, en 2014, se vio obligado a vender su participación en VKontakte a un grupo afín al gobierno y abandonó Rusia.
Ese mismo año, junto a su hermano Nikolái, creó Telegram, una aplicación de mensajería cifrada que rápidamente se convirtió en un refugio para opositores y disidentes. Telegram cuenta hoy con más de 1.000 millones de usuarios en todo el mundo y es utilizada tanto por el ejército ruso como por el ucraniano durante la guerra. Rusia ha intentado restringir su acceso en varias ocasiones, y en 2026 ha endurecido las medidas, bloqueando la aplicación y promoviendo su propio servicio de mensajería estatal, MAX. A pesar de ello, los rusos siguen usando Telegram a través de redes VPN.
La situación en Europa
Dúrov también tiene problemas con la justicia europea. En agosto de 2024 fue detenido en Francia, acusado de no cooperar con las autoridades para frenar actividades ilegales en Telegram, como el tráfico de drogas, la pornografía infantil y el blanqueo de capitales. Permaneció bajo arresto domiciliario durante más de un año, con la obligación de presentarse dos veces por semana en el juzgado. Aunque las medidas se retiraron, el caso judicial sigue abierto. Dúrov, que se define como un defensor de la neutralidad en internet, ha negado siempre cualquier irregularidad.
La orden de arresto rusa añade una nueva capa de complejidad a su situación legal. Al tener pasaporte francés, Dúrov podría solicitar protección diplomática, pero la extradición a Rusia es poco probable mientras el caso en Francia esté activo. Mientras tanto, la comunidad internacional observa con atención cómo se desarrolla este pulso entre el Kremlin y uno de los empresarios tecnológicos más influyentes del mundo.
En definitiva, la persecución contra Pável Dúrov no es solo un asunto judicial, sino una batalla por el control de la comunicación digital en Rusia. El FSB utiliza el caso del chatbot de citas para justificar una ofensiva contra Telegram, mientras Dúrov se mantiene desafiante. Con más de mil millones de usuarios y un historial de resistencia frente a los gobiernos, Telegram sigue siendo un símbolo de libertad para muchos, pero también un dolor de cabeza para los regímenes que buscan controlar la información.