TikTok acuerda vender su negocio en EEUU a inversores locales

  • ByteDance ha pactado la venta de las operaciones de TikTok en Estados Unidos a una nueva empresa controlada por inversores mayoritariamente estadounidenses.
  • Oracle, Silver Lake y el fondo emiratí MGX concentrarán en torno al 45 % del capital de la nueva sociedad estadounidense de TikTok.
  • El acuerdo debe completarse el 22 de enero y busca cumplir la ley de 2024 que obliga a desinvertir por motivos de seguridad nacional.
  • La estructura separará la gestión de datos y algoritmos de los usuarios estadounidenses bajo supervisión local y con fuerte implicación de Oracle.

Acuerdo de TikTok con inversores locales en Estados Unidos

La matriz china de TikTok, ByteDance, ha dado finalmente el paso que llevaba años sobre la mesa en Washington: ha firmado un acuerdo para vender su negocio en Estados Unidos a una nueva empresa controlada en su mayoría por inversores con sede en ese país. El movimiento busca evitar la prohibición de la aplicación y asegurar su continuidad en uno de sus mercados más importantes.

Según varios memorandos internos filtrados a medios como Axios, NBC o CNN, la operación se ha articulado como una joint venture de riesgo compartido que asumirá las operaciones de TikTok en suelo estadounidense. El pacto llega tras una larga disputa política y legal en torno a la seguridad nacional y al posible acceso del Gobierno chino a los datos de los usuarios.

Estructura de la venta y reparto accionario

El corazón del acuerdo es la creación de una nueva sociedad con sede en Estados Unidos, a la que se transferirán las actividades de TikTok en ese territorio. Esta entidad, identificada en algunos documentos como United States Data Services, estará participada de forma mayoritaria por capital no chino, lo que permite a la compañía alegar un cambio real de control frente a las autoridades estadounidenses.

En concreto, Oracle, Silver Lake y el fondo soberano emiratí MGX concentrarán alrededor de un 45 % del capital de la nueva empresa. Cada uno de estos tres actores contará con una participación relevante —en algunos borradores se menciona en torno al 15 % por firma—, lo que les otorga un peso decisivo tanto en la gobernanza como en las decisiones estratégicas.

Una parte significativa del resto del capital, en torno a un 30-33 %, quedará en manos de filiales de los actuales inversores de ByteDance. De este modo, quienes ya estaban detrás de la matriz china seguirán teniendo exposición al negocio estadounidense, pero diluida y bajo una estructura jurídica distinta y con más cortafuegos regulatorios.

ByteDance, por su parte, conservará aproximadamente entre un 18 % y un 20 % del accionariado de la nueva entidad. Aunque seguirá siendo un accionista de referencia, su capacidad de control formal se reduce de forma notable frente al escenario previo, en el que la filial estadounidense dependía directamente de la compañía matriz con sede en Pekín.

En algunos documentos internos también se menciona la posibilidad de que ByteDance mantenga derechos económicos relevantes sobre el negocio, incluyendo una parte sustancial de los beneficios futuros y ciertos acuerdos de licencia tecnológica, lo que matiza el alcance real de la desvinculación operativa exigida por la ley norteamericana.

Plazos, ley de 2024 y presión política en Washington

El acuerdo fija una fecha clave en el calendario: el 22 de enero, día en el que está previsto que se cierre formalmente la operación, siempre que se completen todas las autorizaciones regulatorias y se cumplan las condiciones pactadas con el Gobierno de Estados Unidos.

Ese día no se ha elegido al azar. Coincide prácticamente con el límite que el Departamento de Justicia tiene para ordenar la suspensión de las operaciones de TikTok en el país en caso de que no exista una entidad suficientemente separada de ByteDance, de acuerdo con la ley aprobada por el Congreso en 2024 que obliga a la desinversión o a la prohibición de la aplicación.

La norma, respaldada por amplias mayorías bipartidistas, argumenta razones de seguridad nacional y prohíbe expresamente que ByteDance tenga acceso a los servidores que almacenan los datos de los usuarios estadounidenses. También apunta a la necesidad de evitar cualquier posibilidad de injerencia en el algoritmo de recomendación que determina qué contenido ve cada persona.

Antes de llegar a este desenlace, la relación de TikTok con Washington ha sido una auténtica montaña rusa. El conflicto se remonta a 2020, cuando el entonces presidente Donald Trump firmó una primera orden ejecutiva que obligaba a vender las operaciones estadounidenses de la plataforma o afrontar su bloqueo. Aquellos intentos iniciales de acuerdo no llegaron a cuajar y quedaron relegados con el paso del tiempo.

Tras la aprobación de la ley de 2024, la compañía impugnó la normativa ante los tribunales, pero el Tribunal Supremo estadounidense acabó avalando el texto, despejando el camino para que el Gobierno pudiera exigir la venta o ejecutar el veto a la aplicación. Ese fallo judicial es uno de los elementos que han empujado definitivamente a ByteDance a aceptar una reestructuración profunda de su presencia en Estados Unidos.

Órdenes ejecutivas, prórrogas y el papel de Trump

La vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca añadió una nueva capa de complejidad política. Aunque había sido uno de los impulsores de la presión sobre TikTok en su primer mandato, ya de regreso en el cargo el presidente optó por posponer varias veces la aplicación efectiva de la ley, extendiendo los plazos mediante distintas órdenes ejecutivas.

Durante 2025 se encadenaron sucesivas prórrogas de 90 días que permitieron a TikTok seguir operando en Estados Unidos a pesar de que, sobre el papel, la aplicación estaba abocada a un cierre inminente. Cada extensión del plazo se justificó como una forma de dar más margen a las negociaciones entre la Administración y ByteDance.

En paralelo, se acumularon rumores sobre posibles compradores de las operaciones estadounidenses, con nombres que iban desde grandes tecnológicas hasta inversores particulares muy conocidos. Sin embargo, no se concretó ninguna oferta clara que cumpliera todos los requisitos legales y políticos que exigía Washington.

El giro decisivo llegó cuando Trump firmó una nueva orden ejecutiva en la que respaldaba expresamente un plan para vender las operaciones estadounidenses de TikTok a un holding de inversores locales, siempre que esa estructura respetara los criterios fijados por la ley de 2024. A partir de ahí se aceleró la negociación con el consorcio liderado por Oracle, Silver Lake y MGX.

En los últimos compases del proceso, el presidente decidió dejar de conceder nuevas prórrogas más allá del 16 de diciembre, lo que elevó la presión tanto sobre ByteDance como sobre los reguladores chinos. Una orden posterior, fechada el 25 de septiembre, limitó la capacidad del Departamento de Justicia para actuar hasta el 23 de enero, ventana temporal en la que se inscribe la fecha de cierre del acuerdo.

Reconfiguración del control de datos y del algoritmo

Más allá del reparto accionario, el núcleo del pacto está en cómo se gestionarán los datos de los usuarios estadounidenses y el funcionamiento interno de TikTok en ese país. Los documentos que han trascendido apuntan a una separación estricta de infraestructuras y procesos respecto a la casa matriz en China.

La nueva empresa conjunta en Estados Unidos contará con un consejo de administración de siete miembros, con mayoría de nacionales estadounidenses. Este órgano se encargará de supervisar cuestiones clave como la política de datos, la moderación de contenido y la configuración del algoritmo, ámbitos considerados especialmente sensibles por las autoridades.

Los datos de las personas que usan TikTok en Estados Unidos se almacenarán de forma local en un sistema de nube gestionado por Oracle. La compañía de bases de datos actuará como socio de seguridad de confianza, con capacidad para auditar y validar el cumplimiento de los llamados Términos de Seguridad Nacional que se han pactado con Washington.

Además, el algoritmo de recomendación de TikTok será reentrenado específicamente con datos de usuarios estadounidenses para garantizar que el feed de contenido no esté sometido a manipulación externa. La nueva entidad asumirá también la responsabilidad sobre la moderación de contenido y las normas de uso dentro del territorio, de manera que las decisiones sobre qué se publica o qué se retira queden bajo paraguas regulatorio local.

Queda por aclarar hasta qué punto ByteDance seguirá prestando servicios tecnológicos o de software a la filial estadounidense, por ejemplo mediante herramientas internas de gestión o comunicación. Estos detalles fueron objeto de intensas negociaciones con la anterior Administración y, según diversas fuentes, siguen siendo uno de los puntos más delicados del expediente.

Seguridad nacional, geopolítica y precedente para otras plataformas

La presión sobre TikTok ha estado marcada desde el principio por la preocupación de responsables políticos y de seguridad en Estados Unidos ante el posible acceso del Gobierno chino a datos sensibles de millones de ciudadanos. ByteDance ha insistido en que nunca ha compartido esa información con Pekín y que no ha recibido solicitudes en ese sentido, pero las sospechas no han desaparecido.

En este contexto, el acuerdo se interpreta como un caso de estudio para la industria tecnológica global. Pone de relieve hasta qué punto la combinación de geopolítica, regulación de datos y control de algoritmos puede obligar a una gran plataforma a reorganizar su presencia por regiones para adaptarse a distintas exigencias nacionales.

Para ByteDance, la decisión supone ceder parte del control formal sobre uno de sus principales mercados, pero también preservar el acceso a una base de más de 170 millones de usuarios en Estados Unidos y a una fuente muy relevante de ingresos por publicidad y comercio electrónico. Desde China, algunos medios estatales han presentado el resultado como una victoria parcial, subrayando que la compañía mantendrá influencia en áreas como la monetización y las operaciones comerciales.

Para Washington, el diseño del acuerdo pretende demostrar que se han establecido suficientes barreras legales y tecnológicas entre el negocio en Estados Unidos y la matriz china, sin llegar a una ruptura total que habría tenido un impacto económico y social notable entre creadores, empresas y anunciantes.

En Europa, donde TikTok también está sometida a creciente escrutinio —sobre todo en materia de protección de datos y moderación de contenidos bajo el paraguas del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y la Ley de Servicios Digitales—, la operación se sigue con atención. No se descarta que los reguladores europeos tomen este precedente estadounidense como referencia para endurecer sus propias exigencias sobre gobernanza de datos y transparencia algorítmica.

Con el acuerdo ya firmado y a la espera de que se formalice su cierre, TikTok encara una nueva etapa en Estados Unidos bajo una estructura corporativa más fragmentada pero políticamente asumible, en la que los inversores locales ganan peso, la supervisión sobre datos y algoritmos se refuerza y ByteDance intenta conservar, desde la distancia, el pulso de un negocio que sigue siendo clave en la economía digital global.

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