Apple ha decidido dar un giro a su hoja de ruta: la compañía ha paralizado la renovación prevista de su casco Vision Pro para concentrar equipos y presupuesto en unas gafas inteligentes con fuerte integración de inteligencia artificial. El movimiento, que busca recortar distancia frente a sus rivales en este segmento, llega tras evaluaciones internas sobre qué productos pueden tener más tracción a corto y medio plazo.
El interés por las gafas conectadas se ha disparado en el sector, con fabricantes que apuestan por experiencias basadas en voz, cámaras y modelos de IA que funcionen sin esfuerzo y estén siempre listas. La idea de que este formato acabe compitiendo con el móvil como dispositivo cotidiano no es descabellada, y en Cupertino quieren llegar a tiempo a esa pelea.
Qué cambia en la hoja de ruta de Apple
La compañía había avanzado en un rediseño del Vision Pro más ligero y asequible (con nombre interno N100), pero ese plan queda en pausa mientras se reasignan equipos a las gafas. En paralelo, Apple ya había descartado antes un prototipo con cable (N107) que funcionaba como pantalla externa para Mac y otros dispositivos, de modo que el foco se concentra ahora en formatos más versátiles.
Esto no significa que el Vision Pro desaparezca del mapa. Fuentes del sector apuntan a una actualización modesta del modelo actual con un chip más rápido que podría llegar a finales de año, un movimiento que encaja con registros regulatorios recientes y que mantendría vivo el casco mientras madura la nueva categoría.
El cambio de prioridades también responde a la acogida del primer Vision Pro: su precio elevado, el peso y la escasez de contenido y apps optimizadas han limitado su impacto entre el gran público. De hecho, Apple está virando la comercialización del casco hacia clientes empresariales, un terreno donde la propuesta puede tener más sentido.
En su día, el plan era dar continuidad al Vision Pro con un modelo simplificado que conservase el mismo lenguaje de diseño. Esa idea se sustituyó por una revisión más ambiciosa –marco más liviano y otros cambios profundos– que ahora, de momento, queda aparcada en favor de las gafas con IA.

Qué gafas está preparando Apple
Apple trabaja en dos líneas. La primera, conocida internamente como N50, se conectará a un iPhone y no incorporará pantalla propia. El objetivo es mostrarla pronto –posiblemente el próximo año– con vistas a un lanzamiento comercial más amplio alrededor de 2027, si los plazos no se mueven.
La segunda propuesta sí llevaría pantalla integrada y aspira a competir con las gafas con display que ya impulsa Meta. Ese modelo, cuyo horizonte inicial se contemplaba más lejano, ha pasado a la vía rápida para recortar plazos y acercar su debut al mercado.
En ambos casos, el pilar será la interacción por voz y la IA. Apple está ultimando una Siri reconstruida que debería llegar en los próximos meses, junto con novedades de Apple Intelligence, con el objetivo de dar coherencia a una familia de dispositivos donde las gafas, altavoces y pantallas conectadas conversen entre sí.
Sobre la mesa hay más detalles de hardware: se barajan nuevos chips, altavoces integrados para audio, cámaras para captura rápida de fotos y vídeo, y controles por voz que actúan en conjunto con el teléfono. Además, la compañía explora funciones de bienestar y seguimiento de salud que podrían aportar valor diferencial si se implementan de forma fiable y privada.
Competencia y contexto del mercado
Meta llega con ventaja tras sus Ray-Ban Stories y la evolución de 2023, conocida como Ray-Ban Meta, que tuvo una acogida inesperadamente positiva. La última actualización de sus gafas sin pantalla mejoró cámaras, autonomía y añadió diseños pensados para deportistas, consolidando un hueco claro en el escaparate del hardware.
El plan de Meta no se queda ahí: trabaja en unas gafas con pantalla y una siguiente generación para 2027 que añadiría una segunda pantalla para visualizar información en ambas lentes, reforzando un roadmap que combina moda, utilidad y capacidades de IA.
Al margen de Meta, otros gigantes empujan fuerte. Amazon y Google preparan nuevas oleadas de dispositivos con IA integrada, mientras OpenAI con Jony Ive explora formatos que podrían redefinir cómo interactuamos con la tecnología en el día a día.
El papel del Vision Pro en esta nueva etapa
El Vision Pro, con un precio que ronda los 3.499 dólares, ha demostrado su potencial técnico pero también sus límites: peso, coste y catálogo de contenidos han sido frenos evidentes. Internamente, el dispositivo se percibe como un logro de ingeniería que requiere simplificación para aspirar al gran público.
La compañía sopesa ahora mantener el casco como plataforma para desarrolladores y empresas mientras las gafas con IA toman forma. En este contexto, la citada actualización menor con un chip más rápido serviría para mantener el ecosistema activo y recoger feedback real de uso sin comprometer la estrategia principal.
La preferencia histórica de Apple por formatos menos encerrados también pesa en la decisión. La visión de la marca favorece dispositivos que no aíslen del entorno y que, mediante cámaras y sensores, complementen la realidad en lugar de ocultarla por completo, algo que encaja mejor con unas gafas ligeras y siempre puestas.
El primer Vision Pro llegó como un compromiso tecnológico en un momento en el que las gafas verdaderamente avanzadas aún no estaban listas. Hoy, con la IA más madura y nuevos componentes, el tablero es distinto y acelera el paso hacia formatos más cotidianos.
Queda claro que Apple reordena prioridades: frena la gran revisión del Vision Pro y pisa el acelerador con unas gafas que ponen la IA, la voz y la comodidad de uso en el centro. Si los plazos se cumplen, veremos antes un modelo sin pantalla ligado al iPhone, con un diseño con display ganando velocidad después; mientras tanto, el casco recibirá un impulso modesto para no perder comba y el mercado seguirá moviéndose al ritmo que marca la competencia.