
La próxima generación de PlayStation podría hacerse de rogar bastante más de lo previsto. Diversos informes, encabezados por un análisis de Bloomberg sobre la crisis global de la memoria RAM, apuntan a que Sony está replanteando a fondo su hoja de ruta de hardware y se plantea seriamente posponer el lanzamiento de PS6 hasta 2028 o incluso 2029, alejándose de los plazos habituales de la marca.
Este posible retraso no responde a un simple capricho de estrategia, sino a un problema mucho más profundo: la escasez y el encarecimiento extremo de la memoria DRAM que está sacudiendo a toda la industria tecnológica. El auge de la inteligencia artificial ha disparado la demanda de chips y ha dejado a fabricantes de consolas, móviles y PC peleando por un mismo recurso limitado, con subidas de precios que complican cualquier plan a largo plazo.
Una PS6 que rompe los plazos tradicionales de Sony
Históricamente, la compañía japonesa ha mantenido un ritmo bastante constante: cada nueva PlayStation suele llegar unos siete u ocho años después de la anterior. Con PS5 estrenada en 2020, muchos analistas situaban a PS6 en el horizonte de 2027, coincidiendo con filtraciones de socios tecnológicos como AMD que manejaban esa fecha de referencia para la nueva generación.
Sin embargo, las fuentes consultadas por Bloomberg aseguran que esa «ventana 2027» está ahora en revisión. Sony estaría estudiando desplazar el debut de PS6 a 2028 o 2029, lo que supondría un ciclo de hasta nueve años entre PS5 y su sucesora, algo inédito para la marca desde los tiempos de PS1 y PS2. Internamente, el movimiento se describe como un «gran revés» para la estrategia de transición entre generaciones, muy calculada para mantener el interés de los usuarios sin dejar obsoleta demasiado pronto la consola vigente.
El cambio de calendario no solo afecta al hardware. Un retraso de uno o dos años impacta de lleno en acuerdos con estudios de desarrollo, campañas de marketing, planificación de catálogos y fidelización de jugadores. Los grandes proyectos AAA, que llevan años de programación y enormes presupuestos, ajustan su hoja de ruta a las ventanas de nueva consola; mover la fecha obliga a reordenar lanzamientos y apostar por PS5 durante más tiempo del inicialmente previsto.
En España y el resto de Europa, donde PS5 mantiene una cuota de mercado muy sólida, este desplazamiento de la próxima generación podría traducirse en una vida más larga y activa de la consola actual, con más modelos, bundles y juegos intergeneracionales, pero también con la sensación para algunos jugadores de que el salto tecnológico se aplaza demasiado.
La crisis de la memoria RAM: la IA se queda con casi todo
El origen de este terremoto no está en los videojuegos, sino en la carrera por la inteligencia artificial. Gigantes como Alphabet, Amazon, Microsoft u OpenAI llevan meses acaparando enormes volúmenes de chips DRAM para centros de datos de IA, lo que ha tensionado hasta el límite la oferta disponible para el resto de fabricantes de hardware de consumo.
Según los datos manejados en estos informes, algunos tipos de memoria han llegado a encarecerse hasta un 75 % en apenas unas semanas, especialmente entre diciembre y enero pasados. No solo hay menos stock, sino que una parte de la producción se ha reorientado directamente a atender esas granjas de servidores de IA, dejando en segundo plano a dispositivos como consolas, ordenadores domésticos, televisores o smartphones.
El caso de empresas como Crucial (Micron) ilustra bien la situación: han reducido o abandonado líneas centradas en el usuario final para volcarse en soluciones de alto rendimiento para centros de datos. El resultado es un doble impacto: menos oferta de módulos para consumo general y precios más altos para todos, desde quien monta un PC gaming en casa hasta compañías como Sony que necesitan millones de unidades para sus consolas.
La presión es especialmente intensa en los segmentos de gama baja y media de móviles y otros dispositivos, donde la RAM puede llegar a representar hasta un 30 % del coste de los componentes. Para mantener precios de venta más o menos competitivos, muchos fabricantes optan por recortar capacidad de memoria en los modelos nuevos o asumir márgenes de beneficio mucho más ajustados, algo que no resulta precisamente atractivo.
En el caso de una consola de nueva generación, el problema se agrava: las expectativas técnicas son muy altas y se da por hecho que PS6 incorporará bastante más memoria que PS5. Informes previos hablaban de una configuración en torno a 30 GB de RAM GDDR7, muy por encima de los 16 GB de la generación actual. Con los precios actuales de la DRAM, montar un hardware así podría disparar el coste por unidad a niveles que harían muy difícil ofrecer un PVP razonable en mercados clave como el europeo.
Sony blinda PS5 mientras estira su ciclo de vida
Mientras se decide qué hacer con PS6, Sony está moviendo ficha para asegurar la producción de PS5 durante, al menos, todo 2026. En el último informe financiero del grupo, la directora financiera Lin Tao confirmó que la compañía ya ha iniciado negociaciones a medio y largo plazo con los proveedores de memoria para garantizar un volumen mínimo de chips que les permita mantener un ritmo estable de fabricación.
El objetivo es claro: no repetir los problemas de stock de los primeros años de PS5 y llegar con suficiente inventario a las campañas clave, especialmente al periodo navideño, cuando títulos como GTA 6 u otros grandes lanzamientos pueden disparar la demanda en España, Europa y el resto del mundo. Sony insiste en que se siente en una posición relativamente cómoda para cubrir el próximo ciclo de ventas, gracias también al inventario de memoria que ya tiene asegurado.
En sus declaraciones, Lin Tao ha explicado que la estrategia pasa por «ajustar de forma flexible» las ventas de hardware según el estado del ciclo de la consola y priorizar la monetización de la base instalada. Traducido: la compañía quiere centrarse en sacar más rendimiento económico a los casi 100 millones de PS5 vendidas, empujando ventas de juegos, contenido digital y servicios online, antes que embarcarse prematuramente en un salto generacional que llegue acompañado de mayores costes y riesgos.
Analistas como David Gibson, de MST International, coinciden en que el impacto del precio de la memoria en el corto plazo está parcialmente amortiguado por el stock que Sony ya tiene. No obstante, avisan de que, si la situación se prolonga más allá del año fiscal que termina en marzo de 2027, la compañía podría verse obligada a trasladar parte de los incrementos de costes al consumidor, bien mediante posibles subidas de precio, bien reduciendo márgenes en algunos productos para compensar.
Esta prolongación del ciclo también tiene otra lectura: PS5 todavía se considera en el «ecuador» de su vida comercial. El encarecimiento de los desarrollos AAA y el contexto económico global refuerzan la idea de que, desde el punto de vista de negocio, alargar uno o dos años más la generación actual puede ser más sensato que precipitar la llegada de PS6 en plena tormenta de componentes.
Nintendo y el efecto dominó en la competencia
La presión de la memoria RAM no solo se nota en las oficinas de Sony. Nintendo también está sobre la mesa de Bloomberg como una de las empresas que se replantean su estrategia a raíz de la crisis de componentes, y todo ello con Switch 2 ya en el mercado y superando los 17 millones de unidades vendidas en su primer tramo de vida.
Según fuentes citadas en los mismos informes, la compañía de Kioto baraja un posible incremento en el precio de Switch 2 a lo largo de 2026 para absorber, al menos en parte, el encarecimiento de la memoria y otros componentes críticos. No se trataría, en principio, de una subida agresiva, sino de ajustes «pasivos», como la eliminación o modificación de ciertos packs y ofertas, que en mercados como el europeo han sido clave para impulsar ventas.
El presidente Shuntaro Furukawa ha preferido ser prudente en público. En sus últimas intervenciones con accionistas y medios especializados, ha admitido que el aumento del precio de la memoria no ha tenido por ahora un impacto significativo en la rentabilidad del hardware, gracias a acuerdos de suministro a largo plazo. Pero también ha avisado de que, si la situación se prolonga más de lo esperado, la presión sobre los márgenes crecerá y Nintendo tendrá que revisar tanto el coste como la política de precios de Switch 2.
Furukawa ha subrayado que cualquier decisión sobre encarecer la consola tendrá en cuenta la base instalada, las tendencias de venta y el entorno del mercado. La prioridad, asegura, es evitar vender hardware con pérdidas y aprovechar las economías de escala a medida que crezca el parque de consolas, incluso si eso obliga a recortar margen unitario o a ajustar las promociones en Europa y otras regiones.
El cuadro general deja claro que la posible PS6 retrasada a 2028-2029 no es un caso aislado, sino un síntoma de una industria que tiene que encajar sus planes con una realidad nueva: la IA acapara los mismos recursos que necesitan las consolas domésticas. Y si los precios de la memoria siguen tensionados, tanto Sony como Nintendo podrían verse forzadas a tomar decisiones impopulares, desde aplazar lanzamientos hasta retocar PVP.
¿Qué puede esperar el jugador en España y Europa?
Para el usuario europeo, y en particular para el jugador español, el escenario que se dibuja es bastante claro: PS5 y sus equivalentes en la competencia todavía tienen recorrido por delante. La continuidad de modelos como PS5 Pro y la ausencia de anuncios firmes sobre PS6 indican que la generación actual seguirá siendo el estándar durante buena parte de la segunda mitad de la década.
Esto puede traducirse en más tiempo para amortizar la compra de la consola, con catálogos que seguirán creciendo y grandes lanzamientos optimizados para el hardware actual. A la vez, existe el riesgo de que la prolongación del ciclo, sumada a la escasez de componentes, mantenga altos los precios de las consolas y, eventualmente, de algunos modelos nuevos, rompiendo la tendencia tradicional de abaratar el hardware conforme envejece.
De hecho, esta generación ya se ha salido del guion histórico: en vez de ir bajando, PS5 y Xbox Series han visto cómo sus precios se mantenían o incluso subían en determinados momentos, con revisiones de catálogo que han colocado versiones en torno o por encima de los 549,99 € en Europa, mientras que PS5 Pro se ha consolidado como un modelo claramente premium por encima de los 700 € en muchas tiendas.
Si la transición a la llamada «décima generación» de consolas se retrasa, como sugieren los planes de Sony con PS6, no es descartable que veamos nuevos ajustes de precio en el hardware actual, tanto por la tensión en la cadena de suministro como por decisiones puramente comerciales. El papel de los servicios por suscripción, las tiendas digitales y el juego en la nube puede ganar todavía más peso en Europa como forma de compensar costes y ofrecer valor al usuario sin depender tanto del margen del hardware.
En paralelo, estudios de desarrollo y editores europeos tendrán que recalibrar sus presupuestos y tecnologías pensando en una PS5 «reinando» más años de lo previsto. La tentación de apostar por producciones algo menos desmesuradas en coste, pero que aprovechen bien el hardware actual, podría ganar enteros si el salto generacional se mueve hacia finales de la década.
En conjunto, todo apunta a que PS6 no asomará por las tiendas ni en España ni en el resto de Europa antes de 2028, y que incluso esa fecha podría moverse a 2029 si la crisis de la memoria no da tregua. Sony se apoya, mientras tanto, en una PS5 que sigue vendiendo muy bien, en un ecosistema de servicios sólido y en una planificación más conservadora, a la espera de que el mercado de componentes se estabilice y permita lanzar su próxima gran consola sin tener que disparar precios ni asumir riesgos excesivos.


