La comunidad de Linux continúa puliendo el kernel para que sea una alternativa real a Windows en el terreno gaming y, de paso, para que el sistema pueda ejecutarse en una gama más amplia de hardware. La versión 7.3, que se encuentra en plena fase de desarrollo, trae consigo un puñado de cambios que, aunque no siempre se ven a simple vista, tienen un impacto directo en el rendimiento y en la flexibilidad del sistema. Dos de las novedades más destacadas son la optimización del planificador de tareas para mejorar la fluidez en los juegos y los primeros pasos para que el código en Rust pueda compilarse con GCC, algo que abriría la puerta a arquitecturas que hasta ahora quedaban fuera.
Estas mejoras no son fruto de la casualidad. Por un lado, el colaborador Peter Zijlstra ha reestructurado la forma en que se distribuye la ponderación de programación en los cgroups, modificando el algoritmo EEVDF para que utilice una única cola de ejecución en determinadas situaciones. Esto reduce la fluctuación en la reprogramación, un factor que históricamente ha lastrado el ritmo de fotogramas en equipos de gama baja o con varios años a sus espaldas. Por otro lado, el equipo liderado por Miguel Ojeda ha enviado la primera ronda de correcciones para que el backend experimental rustc_codegen_gcc pueda generar código a través de GCC, en lugar de depender exclusivamente de LLVM.
Más FPS en hardware modesto gracias al nuevo planificador
Las pruebas realizadas con un Intel Core i7-2600K (una CPU Sandy Bridge que ya tiene sus años) junto a una AMD Radeon RX 580 han arrojado resultados sorprendentes. En el juego Shadows: Awakening, ejecutado a través de GOG y Proton 10-34, el FPS medio pasó de 47,5 a 59,2, lo que supone un incremento de aproximadamente un 25%. Pero lo más llamativo es el salto en los FPS mínimos, que pasaron de 4 a 29, es decir, hasta 7,25 veces más. Los tiempos de fotograma también mejoraron un 50% de media, lo que se traduce en una experiencia mucho más estable y agradable.
Estos números no son una promesa de que todos los equipos vayan a notar una mejora tan drástica, pero sí demuestran que el kernel ha encontrado una forma más eficiente de repartir la carga entre los núcleos. La clave está en la reducción de la fluctuación en la reprogramación, que afectaba especialmente a los procesadores con menos núcleos o con arquitecturas más antiguas. Con el nuevo planificador, la distribución de tareas es más predecible y eso se nota en la cadencia de fotogramas.
El impacto potencial es enorme, sobre todo para dispositivos como la Steam Deck o las consolas portátiles que utilizan hardware de bajo consumo. Aunque Valve ya ha confirmado que estos cambios llegarán a SteamOS, la comunidad espera que las distribuciones orientadas al gaming las integren pronto. De hecho, la propia Natalie Vock, ingeniera de Valve, ha estado trabajando en paralelo en la gestión de vRAM, otro de los frentes abiertos para mejorar la experiencia de juego en Linux.
Rust se acerca a GCC: más arquitecturas soportadas

El lenguaje Rust lleva tiempo ganando terreno dentro del kernel, sobre todo por su seguridad de memoria y su capacidad para evitar errores comunes de C. Sin embargo, su adopción se ha visto limitada por el hecho de que el compilador oficial, rustc, utiliza LLVM como backend, y LLVM no soporta todas las arquitecturas que sí cubre GCC. Para solucionarlo, el equipo de Rust en Linux ha comenzado a integrar los primeros arreglos para que el backend experimental rustc_codegen_gcc funcione correctamente.
Este backend permite que rustc genere código a través de GCC, lo que abriría la puerta a arquitecturas como m68k, Alpha y otros microcontroladores que no son compatibles con LLVM. Según la solicitud de integración enviada para Linux 7.3, el objetivo es usar la generación de código GCC para arquitecturas no soportadas por LLVM. Aunque el trabajo todavía es experimental y no está listo para producción, es un paso importante para ampliar el alcance de Rust en el kernel.
Además de estos arreglos, la actualización incluye la corrección de futuras advertencias de Clang y la actualización de varios módulos Rust del kernel. Todo ello forma parte de un esfuerzo más amplio para que Rust se convierta en una opción viable en sistemas embebidos y hardware antiguo, donde GCC es prácticamente la única opción. Los desarrolladores ya pueden probar el código en la rama ‘vramstuff-rebase’ de Natalie Vock, aunque para el backend GCC habrá que esperar a que madure un poco más.
La combinación de estas dos líneas de trabajo demuestra que Linux 7.3 no solo se centra en añadir funciones visibles, sino también en afinar los cimientos del sistema. Tanto la mejora del planificador como el avance hacia GCC son cambios que, a la larga, beneficiarán a un amplio espectro de usuarios: desde jugadores con equipos modestos hasta desarrolladores que trabajan con hardware especializado.
En definitiva, Linux 7.3 se perfila como una versión clave para consolidar el sistema como una alternativa seria en el escritorio y en el servidor. Las mejoras en el planificador ya han demostrado su valía en pruebas reales, y el soporte de Rust con GCC, aunque incipiente, sienta las bases para un kernel más flexible y seguro. Queda por ver cómo evolucionan estos cambios en las próximas versiones, pero lo que está claro es que la comunidad no se detiene.
Por último, no hay que olvidar que estas optimizaciones también tienen un efecto indirecto en la duración de la batería de los portátiles y en la temperatura de los componentes, ya que una gestión más eficiente de las tareas reduce el trabajo innecesario del procesador. Con todo, Linux 7.3 promete ser una actualización que, sin hacer ruido, mejorará la experiencia de millones de usuarios en todo el mundo.

