PS6 y la próxima Xbox peligran por la crisis de la memoria RAM

  • La fuerte demanda de IA ha disparado el precio de la RAM y los chips NAND, poniendo en jaque a PS6 y la próxima Xbox.
  • Los planes iniciales de lanzamiento entre 2027 y 2028 podrían retrasarse por falta de suministro y costes disparados.
  • La memoria RAM y el almacenamiento SSD serán uno de los componentes más caros de las nuevas consolas.
  • Los modelos actuales de PS5 y Xbox Series podrían encarecerse o recortar capacidad para contener costes.

Consolas de nueva generación y memoria RAM

La próxima generación de consolas, con PlayStation 6 y la nueva Xbox en el centro del debate, podría encontrarse con un obstáculo inesperado: la memoria. El fuerte encarecimiento de la RAM y del almacenamiento SSD está alterando los planes de fabricantes y afectando directamente al calendario previsto para estos lanzamientos.

En un contexto donde la expansión de la inteligencia artificial acapara gran parte de la producción de chips de memoria, los costes se han disparado y el suministro se ha vuelto inestable. Este cóctel amenaza con retrasar la llegada de PS6 y la próxima Xbox a Europa y al resto del mundo, o, en el mejor de los casos, con obligar a subir notablemente sus precios de salida.

La crisis de la RAM golpea de lleno a la próxima generación

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En los últimos meses, el mercado de la memoria ha dado un vuelco: los módulos de RAM han llegado a triplicar su precio respecto al inicio de año y los chips NAND, esenciales para los SSD, siguen el mismo camino. Este incremento no se queda solo en los PC, sino que amenaza a cualquier dispositivo que dependa de memoria, incluidas las consolas.

Informes de medios especializados y filtradores como Tom Henderson apuntan a que la demanda masiva de memoria para centros de datos e IA está drenando la oferta disponible para otros sectores. Esto genera tensiones de stock y un escenario en el que cualquier proyecto que requiera grandes volúmenes de DRAM, como PS6 o la próxima Xbox, se encuentra con precios desorbitados y plazos de entrega inciertos.

Las estimaciones que manejan los fabricantes hablan de una crisis de suministro de DRAM y NAND que podría extenderse a lo largo de 2026, justo en plena fase de diseño y preparación de la nueva generación de consolas. De ahí que en los despachos de Sony y Microsoft se contemplen ya escenarios menos optimistas en cuanto a fechas de lanzamiento.

El problema no es solo conseguir la memoria, sino pagarla: los costes de producción han subido tanto que condicionan por completo el precio final que podría tener una consola en el mercado europeo. Y en un sector especialmente sensible al precio de salida, cualquier desajuste puede hacer que muchos jugadores se lo piensen dos veces antes de dar el salto.

PS6 y próxima Xbox afectadas por el precio de la memoria

PS6 y la próxima Xbox: lanzamiento previsto para 2027-2028 en el aire

Hasta hace poco, la mayoría de analistas daban por hecho que la nueva generación de consolas llegaría entre 2027 y 2028. Ese margen cuadraba con el ciclo habitual de vida de PS5 y Xbox Series, y con los tiempos internos de diseño, fabricación y distribución. Sin embargo, la escalada en el coste de la memoria ha puesto en duda ese calendario.

Diversas fuentes de la industria apuntan a que la siguiente generación podría no estar lista a tiempo si la situación de la DRAM no mejora. El suministro es tan volátil que planificar una producción masiva de millones de consolas se convierte en una apuesta arriesgada, sobre todo si no hay garantías de tener asegurada la memoria necesaria a precios razonables.

Internamente, tanto Sony como Microsoft se encontrarían en una encrucijada: o retrasan el lanzamiento hasta que el mercado se estabilice, o asumen el golpe de los costes elevados y lo trasladan, en buena parte, al precio final de las consolas. Ninguna de las dos opciones es sencilla, especialmente en Europa, donde el precio de la electrónica de consumo ya ha subido notablemente en los últimos años.

Se da por hecho que las nuevas PS6 y Xbox Next-Gen necesitarán más memoria que las actuales, tanto en RAM como en almacenamiento. Esto implica que el impacto de la subida de precios de DRAM y SSD se multiplica, ya que no solo se encarece cada giga, sino que harán falta más gigas para cumplir con las expectativas técnicas de la próxima generación.

La nueva Xbox: un producto premium que puede superar los 1.000 euros

En el caso de Microsoft, los rumores llevan tiempo señalando que la próxima Xbox se orientaría hacia un perfil claramente premium. Se habla incluso de una consola híbrida entre sobremesa y PC, inspirada en conceptos como ROG Ally, que permitiría acceder no solo al catálogo de Xbox, sino también a bibliotecas de Steam, Epic, GOG y otras plataformas.

Ese enfoque más cercano al ordenador de gama alta ya hacía pensar en un precio potencialmente superior a los 1.000 euros, una cifra que en Europa no pasaría desapercibida. Con la actual crisis de la memoria, esa cantidad podría quedarse corta o, en el mejor de los casos, convertirse en el listón mínimo para el modelo más potente.

La clave está en que una máquina de este tipo necesitaría una gran cantidad de memoria GDDR de alta velocidad y un SSD muy rápido, componentes que precisamente están disparando el presupuesto. Si la idea de Microsoft es ofrecer una experiencia cercana al PC gaming sin compromisos, el coste de estos elementos será determinante.

Además, el hecho de apostar por un producto tan ambicioso complica recortar especificaciones para abaratar el precio. Reducir memoria o almacenamiento para ajustar el coste podría romper la propuesta de valor que Microsoft quiere ofrecer y hacer que la consola pierda atractivo frente a un PC de características similares.

PlayStation 6: más presión por ventas masivas y escasez de memoria

En el lado de Sony, el reto no es menor. PlayStation 5 ya demostró que, incluso en condiciones complicadas, se pueden vender millones de consolas en muy poco tiempo. Durante sus primeras cuatro semanas en el mercado, PS5 alcanzó unos 3,4 millones de unidades vendidas, a pesar de la escasez de hardware derivada de la pandemia.

Con PS6, las expectativas internas y del mercado podrían ser incluso mayores, pero la falta de memoria y los altos costes complican la idea de un lanzamiento masivo desde el primer día. Producir suficientes unidades para cubrir la demanda global con DRAM y NAND tan caras y difíciles de conseguir es un auténtico rompecabezas.

De hecho, algunos movimientos recientes apuntan a que Sony ya está tomando decisiones para contener los costes de memoria en sus productos actuales. Un ejemplo es la reducción de la capacidad de almacenamiento en determinadas versiones de PS5 Slim, que han pasado de 1 TB a 825 GB en algunos mercados para evitar subir todavía más el precio de la consola.

Si esta tendencia se mantiene, no sería extraño que PS6 llegue con configuraciones de memoria muy medidas, buscando un equilibrio entre prestaciones y precio. No obstante, limitar demasiado la RAM o el SSD podría condicionar el salto generacional que muchos jugadores esperan, especialmente en Europa, donde el coste de vida ya hace que cualquier subida adicional se note en el bolsillo.

La memoria, el nuevo «talón de Aquiles» del coste de las consolas

Para entender la magnitud del problema, basta con mirar atrás a las consolas actuales. Una Xbox Series X, por ejemplo, incorpora 16 GB de memoria GDDR6 y un SSD de 1 TB. A gran escala, esos componentes ya representaban una parte importante del coste de fabricación, pero la situación reciente ha cambiado las reglas del juego.

A principios de 2025, se estimaba que cada GB de GDDR6 costaba entre 2,5 y 3 dólares cuando se compraba en grandes volúmenes. Esto colocaba los 16 GB de la consola en una horquilla aproximada de 40 a 48 dólares. Con la subida de precios registrada a lo largo del año, el incremento ronda el 60 %, lo que eleva esa cifra a unos 72-88 dólares solo en RAM.

El almacenamiento tampoco se libra: un SSD de 1 TB de gama media ha pasado de rondar los 50-90 dólares a moverse entre 70 y 120 dólares. Sumando ambos componentes, nos vamos de unos 114 dólares iniciales de coste de memoria y almacenamiento a una base cercana a los 175 dólares, y eso sin contar nuevas subidas previstas para 2026.

Si extrapolamos este escenario a una futura PS6 o Xbox Next-Gen, con más capacidad de RAM y SSD y posiblemente memorias todavía más rápidas, es fácil entender que la memoria pueda convertirse en el componente más caro de toda la consola. En un modelo que se vendía por 499 dólares (o 599 euros en Europa tras los ajustes), que solo la memoria represente más de un tercio del coste total es un problema serio.

Impacto en las consolas actuales: precios al alza y recortes de capacidad

El efecto de esta crisis de la memoria no se limita al futuro. Las consolas que ya están en el mercado también pueden verse afectadas, bien mediante subidas directas de precio, bien con recortes en las especificaciones para mantener el mismo PVP.

En Europa ya hemos visto cómo algunos modelos de PS5 y Xbox Series han ido ajustando sus precios oficiales y sus promociones. La presión de los costes de RAM y SSD podría llevar a incrementos adicionales en los próximos meses, sobre todo si los fabricantes deciden no sacrificar tanto margen de beneficio.

Otra vía que las compañías ya están explorando es la de ofrecer versiones con menor capacidad de almacenamiento al mismo precio, dejando al usuario la opción de ampliar memoria mediante SSD externos o tarjetas propietarias. Es una forma de trasladar parte del coste al consumidor sin que el precio base de la consola suba de manera evidente en la etiqueta.

Todo esto, unido al contexto económico europeo y al encarecimiento general de la electrónica, hace que renovar consola o comprar una nueva resulte cada vez más caro. Y, con la siguiente generación todavía por concretar, más de uno se lo pensará dos veces antes de dar el salto.

La IA, la informática y otros sectores también tensan el mercado

El origen del problema no está en las consolas, sino en el ecosistema tecnológico en su conjunto. La expansión de la inteligencia artificial, los centros de datos y el cloud ha disparado la demanda de DRAM y NAND hasta niveles que la oferta actual no puede absorber sin tensionarse.

Fabricantes de PC y portátiles, como Lenovo u HP, ya han empezado a retrasar modelos y a revisar sus lanzamientos precisamente por esta falta de memoria disponible a precios asumibles. En el terreno del gaming en PC, se han observado también subidas en tarjetas gráficas y kits de RAM, además de las primeras señales de escasez en algunas tiendas europeas.

Incluso productos como tarjetas SD o unidades SSD externas han experimentado aumentos pronunciados, con avisos de algunos fabricantes de incrementos de más del 100 % en el corto plazo. Todo apunta a un mercado en el que la memoria se ha convertido en un recurso caro y disputado, lo que termina repercutiendo en cualquier dispositivo que la necesite.

En este contexto, las consolas no son una excepción privilegiada. Si otros sectores ya están aplazando lanzamientos o revisando precios, es lógico pensar que Sony y Microsoft se vean obligadas a hacer lo mismo con sus próximas máquinas, sobre todo si quieren evitar repetir problemas de stock como los que se vivieron con PS5 y Xbox Series al inicio de su vida comercial.

Con todo este panorama, el futuro de PS6 y de la próxima Xbox apunta a una combinación delicada de posibles retrasos, precios de salida más altos y configuraciones de memoria muy calculadas. Para los jugadores europeos, esto se traduce en prepararse para una próxima generación que, salvo giro brusco en el mercado de la RAM, será más cara de lo que muchos esperaban y podría llegar algo más tarde de lo que marcaban los planes iniciales.


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