Papá Noel quizás tampoco te traiga una PS5 o Xbox Series X este año

Lo que está ocurriendo con la nueva generación de consolas es algo único que no tiene equivalente en la joven historia de los videojuegos. Nunca antes los usuarios se vieron tan limitados a la hora de conseguir una de las dos máquinas que compiten por el primer puesto de las ventas que se inició con su lanzamiento en noviembre del año 2020. Pero es así, todavía a día de hoy es imposible ir a una tienda y pedir que nos pongan para llevar una PS5 de Sony o una Xbox Series X de Microsoft.

Suministro de chips, el problema

Todo el problema hay que ir a buscarlo a la carestía de chips que se viene produciendo desde hace prácticamente dos años. Una crisis que está llevando a muchas compañías a desestimar la instalación de nuevos SoC para quedarse con modelos de hace tres o más años, que tienen una funcionalidad más que demostrada y que, con menor rendimiento, al menos garantizan un perfecto funcionamiento. Es el ejemplo de las tarjetas gráficas, que a falta de procesadores más avanzados los jugadores se están refugiando en modelos de hace dos o tres años.

Pero claro, esa decisión que podemos tomar nosotros para actualizar nuestro PC, por ejemplo, es inaceptable para Sony y Microsoft, que venden vanguardia y potencia gráfica para sus nuevas consolas, por lo que deben esperar a que las remesas de chips que necesitan les vayan llegando con cuentagotas. Eso, como podéis imaginar, lastra la capacidad de producción, que desde la llegada de la next-gen se ha mantenido siempre muy por debajo de la demanda del mercado.

Los retrasos crecen

Esa situación, que era conocida por todos, se ha vuelto mucho más enrevesada desde que hace unas jornadas, el CEO de Intel, Pat Gelsinger, apareciera en la CNBC para contarnos que las cosas no van como se esperaban y ese fin de la carestía de chips prevista para hasta la primera mitad de 2023 iba a alargarse. Y, ahora, el problema parece estar situado en otro frente, como es el de «la disponibilidad limitada de herramientas de fabricación clave«, lo que impide que de nuevo los fabricantes no puedan satisfacer la demanda.

Xbox All Access.

Según Gelsinger “esa es parte de la razón por la que creemos que la escasez general de semiconductores ahora se desplazará hacia 2024, desde nuestras estimaciones anteriores en 2023, solo porque la escasez ahora ha afectado a los equipos y algunas de esas líneas de fábrica se verán más congestionadas”. Eso, obligatoriamente, llevará a que tanto Sony como Microsoft, sigan fabricando sus nuevas consolas a un ritmo menor del que desearían y, por lo tanto, seguiremos sin poder ir a comprarlas con normalidad a las tiendas.

De ser cierto que hasta 2024 no recuperaríamos la normalidad, supondría que alcanzaríamos el ecuador de la generación (2023-2024) sin haber llegado a las cifras mínimas exigibles de ventas que se podrían esperar de PS5 y Xbox Series X en unas condiciones de mercado óptimas. Lo que nos lleva a preguntarnos si, de mantenerse esta situación, tanto Sony como Microsoft se plantearán alargar los siete años que suelen durar vigentes estas generaciones por otro ciclo de vida más amplio que pudiera llegar hasta 2029 y, tal vez, 2030. ¿Qué os parece?

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