Las razones por las que un E3 ya no tenía sentido

El E3 (Electronic Entertainment Expo) es la feria de videojuegos más importante del mundo que, hasta 2019 (salvo dos ediciones), se venía celebrando ininterrumpidamente desde la segunda mitad de los años 90. Primero en Atlanta y después en Los Ángeles. Era en esas citas que durante todos los días en los que abría sus puertas, los gamers iban conociendo noticias importantes sobre esos videojuegos que iban a disfrutar en los siguientes años, con presentaciones y demos que han pasado ya a la historia.

El ocaso de una feria mítica

El último E3 del que tenemos en la memoria es el de 2019 porque en 2020, por razones que todos seguramente recordáis relacionadas con la pandemia, los organizadores decidieron cancelarla, no sin antes hacer un amago de adaptarla a los nuevos tiempos con un formato online que, por desgracia, no tuvo ni de lejos el mismo impacto que el que habíamos vivido en los últimos 20 años. Pero no penséis que solo el coronavirus y esa transformación digital es la principal razón de esta cancelación, existen otras muchas razones detrás. Mirad.

Relevancia en declive

En los últimos años algunas compañías clave han cambiado su estrategia de comunicación cuando quieren contactar directamente con sus fans. Nintendo fue la primera, con esos Direct que ahora todo el mundo vincula con el momento en el que los japoneses nos anuncian novedades, aunque con el paso de los años otros se han unido a esa misma estrategia. ¿Quién? ¡Efectivamente! Sony.

Desde hace ya unos pocos años, Sony no espera a un E3 para mostrar novedades y recurre a sus State of Play donde nos pone al día de los acontecimientos importantes que tienen lugar dentro del ecosistema PlayStation. ¿Para qué mostrar en un E3 el diseño de la nueva PS5 (como hizo con PS3, por ejemplo) si puede hacerlo en un evento digital propio? Es más, ya en alguna de las últimas ediciones de la feria de Los Ángeles anunciaron que no estarían presencialmente y eso era, cómo decirlo, firmar prácticamente el acta de defunción del evento porque sin los first party… la cosa se complica.

Espectáculo vs negocio

En 2021 quedó claro que un E3 digital no tiene nada que ver con uno presencial. Las conferencias enlatadas que se lanzan por YouTube un día a una hora están muy bien para el público general, para los gamers de todo el mundo, pero no para los profesionales del sector. La feria, no lo olvidemos, no se creó originalmente para que los jugadores asistiéramos a ella presencialmente o desde casa con retransmisiones online, sino que se trata de una reunión puramente empresarial a la que acuden centenares de trabajadores de compañías desarrolladoras y distribuidoras de todo el mundo, un momento en el que se cierran muchísimos acuerdos que posteriormente condicionarán muchos de los productos que compramos en las tiendas.

Sin esa área del negocio, deja de tener sentido la existencia del E3, muy a pesar de los gamers que añoramos esa parte de escaparate con la que han dotado a la feria en los últimos 20 años. Los pasillos del centro de convenciones de Los Ángeles son, en sus mejores momento, un bullicioso trasiego de personas que van y vienen de reunión en reunión hablando de cifras, precios, comisiones y nuevas ideas que se certifican con tratos que sirven, por ejemplo, para apoyar el nuevo proyecto de un pequeño estudio independiente.

¿Volverá el E3?

La ESA, que organiza el evento, habla de una tregua en 2022 para volver más fuertes en 2023. Si eso es cierto, no dudéis que se debe a una intención por plantear un nuevo formato donde tenga cabida esa parte del espectáculo de las conferencias clásicas de Microsoft, Electronic Arts, Ubisoft, etc., con la otra pata del negocio, que sigue siendo obligatoria para que los pilares de la industria sigan asentándose. Aunque si Nintendo y Sony no se replantean volver… la cosa parece complicada.

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