Las consolas más extrañas que se han lanzado en la historia

Las consolas domésticas llegaron a nuestras vidas en la segunda mitad de la década de los 70 del siglo pasado, y es muy posible que la cantidad de modelos que hayan llegado al mercado sea inabarcable. Solo en la primera época de los Pong, la ausencia de una patente sobre el invento animó a cientos de empresas a comercializar sus propios diseños, con adaptaciones tan raras que es imposible enumerarlas todas. Y todavía no habían llegado las míticas Atari 2600, o las CBS Colecovision, o las Intellivision, las Vectrex y Philips Videopac.

¿Qué consideramos una rareza?

En líneas generales, hablar de consolas extrañas es bastante abstracto, abierto a consideraciones personales porque si miramos detenidamente algunos diseños de máquinas que tuvieron un enorme éxito, algunas podríamos considerarlas como raras. Es el caso de la primera PS3, la fat, o de la Mega Drive 32X, o la mismísima PS2, que inauguró esa querencia por poner las consolas de pie con un aspecto que recordaba al de un radiador de pared. ¿Eran bonitas? Pues para gustos…

PS3 fat.

Así que hemos decidido afinar más el concepto de consola extraña y lo que hemos hecho es marcar el territorio claramente. No vamos a meter solo diseños raros (objetivamente repudiables) sino también la apuesta en sí. Es decir, de qué compañía procede, su tradición en el mundo de los videojuegos y lo malos que fueron los procesos de concepción y puesta en marcha hasta llegar al desaguisado final. Es decir, lo que de forma bastante racional podríamos considerar como un desastre absoluto se mire por donde se mire.

Así las cosas, vamos a iniciar ese viaje a través de la galería de los horrores de la historia de los videojuego. ¿Preparados?

¿Qué pintan estas empresas aquí?

En esta categoría vamos a explicar los proyectos más rocambolescos que ha visto la luz a lo largo de toda la historia de los videojuegos. Casi todos estos fails están creados por empresas que nadie podía adivinar qué intentaban conseguir en este sector y que, con toda la razón del mundo, terminaron abandonándolos tras un fracaso estrepitoso. Aunque en algunos casos vieron venir el peligro y optaron por retroceder como si nada, esperando que la historia les perdonase. Y son las siguientes:

Apple Pippin

Apple Pippin

En los turbulentos años del Newton de Apple, los de Cupertino llegaron a pensar que podrían lanzar una consola en pleno bum multimedia a mediados de la década de los 90. Concretamente, en 1996, cuando los norteamericanos decidieron desarrollar una consola de la que se pudieron ver algunas unidades en los E3 de la época. El pobre cacharro iba a tener un procesador Power PC, que es, casi con total seguridad, de los peores que Apple ha utilizado jamás. Por suerte, alguien debió darse cuenta del fracaso que les esperaba a la vuelta de la esquina y la cancelaron. Hoy Pippin es prácticamente un mito… por suerte.

Nokia N-Cage

Nokia N-Gage.

En pleno éxito de los teléfonos de Nokia con sistema operativo Symbian, los finlandeses intentaron probar suerte desarrollando un modelo de teléfono móvil al que llamaron consola portátil. Mantenía la pantalla con relación de aspecto vertical, cierta capacidad para reproducir juegos 3D (el Tomb Raider no estaba mal) y un sistema de tarjetas SD para distribuir sus juegos. L0s cerca de 300 euros que costaba (en 2003) la convirtieron en una rara avis aunque con la segunda generación llegaron rebajar su coste sensiblemente para hacerla más popular. Obviamente fracasó, y mucho, y nadie se acuerda ahora mismo de ella. Fue uno de los fracasos previos al comienzo del declive de Nokia frente a los smartphones que comenzaron a venderse en 2007, con el primer iPhone a la cabeza. ¿Un desastre de idea o un adelantado a su tiempo?

Game.com

Game.com

Tiger Electronic, empresa que en los 90 desarrolló una buena cantidad de maquinitas LCD como las Game & Watch clásicas, llegó un momento en el que pensó que podría hacerle sombra a Nintendo y poner en el mercado su propia Game Boy. Como era de esperar, el proyecto duró lo justo hasta que los partners que creyeron en ella vieron las pocas ventas alcanzadas y, lo más importante, la escasa proyección de lo que vendría en los siguientes años. Al final, colocó algo más de 300.000 unidades con juegos como Resident Evil 2, Duke Nukem 3D, etc. Costaba algo menos de 70 dólares de la época.

LaserActive

LaserActive de Pioneer.

En 1993, en pleno bum multimedia, y con 3DO asomando por el horizonte con los formatos ópticos, el gigante del sonido decidió dar el salto al mercado de las consolas con la esperanza de hacerse con un hueco. En este caso, el formato escogido fue el mítico LaserDisc de los viejos arcades como Dragon’s Lair y Space Ace aunque la forma de llevar el proyecto a las tiendas fue algo… absurdo. Pioneer le puso un precio a su maquina de casi mil dólares, algo de locos en 1993. Y eso a pesar de que recibió accesorios que le permitían ejecutar juegos de Mega Drive, Mega CD o la TurboGrafx 16 original. Ni eso consiguió levantar un dispositivo que no tenía ni pies ni cabeza.

¿Por qué hiciste eso?

Ahora toca el turno a las consolas que lanzaron algunas compañías de renombre videojueguil que, sobre el papel, conocían perfectamente lo que se hacían porque, de alguna manera, ya tenían experiencia en el terreno y sabían por dónde pisaban. Pero a la vista de los resultados, es evidente que no y que los responsables de aquéllos desaguisados debieron terminar todos haciendo pajaritas en algún despacho de sus oficinas centrales. Aquí tenéis los más destacados:

Virtual Boy

Virtual Boy.

Es uno de los grandes fiascos de los japoneses. Un intento de crear una consola 3D (no, no es realidad virtual) antes que la sensacional 3DS y que tenía algunos errores de concepto inenarrables. El primero, que solo podíamos usarla sobre una mesa, bien apoyada, porque de intentarlo entre las piernas el conjunto acababa en el suelo hecho pedazos. Además, el color rolo elegido para teñir las pantallas de sus juegos era infernal y un descanso cada 15 ó 20 minutos era tan necesario como recomendable para la salud de nuestras corneas. Por si fuera poco, su distribución fue bastante limitada a pesar de disponer de un precio de algo menos de 200 dólares, ya que salió a la venta en Japón y EE.UU., dejando fuera a Europa. Vista la Virtual Boy con la perspectiva del tiempo, parece increíble que Nintendo se arriesgara a tanto. Pero lo hizo y pagó por ello.

Sega Mega Jet

SEGA Mega Jet.

Este artilugio fue, en realidad, una Mega Drive portátil, con un mando de seis botones incorporado y al que solo le faltaba la pantalla. Podía leer cartuchos, disponía de salida de vídeo, conector de corriente y otro extra para un segundo mando en el caso de querer jugar con un amigo a cualquier cosa. No fue una buena idea y su aspecto tampoco ayudaba porque los usuarios que la veían no entendían muy bien el concepto. Además, pertenece a esa época oscura de SEGA cuando se volvió loca lanzando los Mega CD y Mega Drive 32X como si no costara. Si ves una, abrázala con fuerza para darle todo el cariño que merece ante tanta desgracia que vivió hace casi 30 años. Extraña no, lo siguiente.

Nomad

SEGA Nomad.

Prueba de que SEGA no acertó a la primera fue que lo intentó una segunda vez, así que cogió el concepto de la Mega Jet y le puso una pantalla para, ya sí, convertir Mega Drive en una portátil de verdad. Mantenía el segundo puerto para un gamepad extra, conector de vídeo para proyectar la imagen en televisión, conector de corriente y un compartimento extra donde colocar las pilas que, por cierto, se las bebía (literalmente). Nunca llegó a España y muchos usuarios la echaron de menos porque no estaba mal tirada la idea. Una revisión capaz de consumir menos baterías hubiera sido extraordinaria, pero eso nunca ocurrió porque SEGA en 1995 ya estaba liada en la batalla contra Sony por PSX. Y ya sabemos también cómo terminó Saturn.

Philips CDi

Philips CDi.

Aunque Philips estuvo presente en el origen del mercado de las consolas domésticas a finales de los 70 con sus Magnavox Odyssey (en EE.UU.) y Philips Videopac, pasó prácticamente una década hasta que volvió a la carga en pleno auge del formato CD. Los holandeses llegaron a pensar que con una consola multimedia, capaz de reproducir películas y poner en marcha aplicaciones, iban a convertir nuestra televisión en un ingenio inteligente, y no lo consiguieron. En la parte de los videojuegos, asistimos a desaguisados gloriosos como los Zelda de Hacendado (tres a cual peor) o ese Mario con aspecto de garabato de niño pequeño. Se lanzaron varios modelos, de distintos rangos de precios con un denominador común: parecían reproductores añejos de vídeo de los 80 y estaban todavía al principio de un mercado que solo se ha materializado de verdad en los últimos diez años.

Atari Lynx

Atari Lynx.

Muchos expertos ponen a Atari Lynx como una de las consolas más extrañas jamás lanzadas al mercado y puede que así sea, pero solo por el diseño, que era demasiado aparatosa para lo que estilaba la competencia. Game Boy sobre todo, y Game Gear, eran más compactas, más plasticosas a diferencia de una Lynx con un muy buen acabado. No fue demasiado popular pero a nivel de juegos, tiene una buena colección de pequeñas joyas gracias a su enorme potencia gráfica, que dejaba en pañales a las apuestas portátiles de SEGA y Nintendo. Aun así, le colgaron el sambenito de rareza de los videojuegos y, con mucho respeto, no nos queda otra que discrepar ligeramente.

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